El régimen ilegal de Venezuela, uno de los más opresivos del hemisferio occidental, brindaba una oportunidad para el Gobierno de Trump, aunque ello requería una determinación constante de nuestra parte y una presión implacable, consecuente y total. No pudimos estar a la altura de ese criterio. El Presidente vaciló y cancaneó, lo que exacerbó los desacuerdos internos del Gobierno en lugar de resolverlos, e impidió, en reiteradas ocasiones, nuestros esfuerzos de aplicar una política. Nunca fuimos demasiado confiados en el éxito al apoyar los esfuerzos de la oposición para reemplazar a Nicolás Maduro, el heredero de Hugo Chávez. Casi fue lo contrario. Los oponentes a Maduro actuaron en enero de 2019 porque estaban convencidos que esa podía ser su última oportunidad de alcanzar la libertad tras años de intentos fallidos. Los Estados Unidos respondieron porque era nuestro interés nacional hacerlo. Y lo sigue siendo, y la lucha continúa.

 

Con posterioridad a los esfuerzos infructuosos para derrocar a Maduro, el Gobierno de Trump no vaciló en tratar públicamente y en detalle lo cerca que había llegado la oposición de desbancar a Maduro, y lo que había salido mal. Numerosos artículos de prensa se hacían eco de los detalles de lo que nosotros habíamos escuchado continuamente por parte de la oposición durante 2019, y que se analizan en el texto. Esto no era precisamente una situación de conversaciones e intercambios diplomáticos, y también escuchamos a muchos miembros del Congreso, ciudadanos privados de los EE.UU., en especial de los miembros de las comunidades cubano-americana y venezolano-americana en La Florida. Algún día, cuando Venezuela sea libre de nuevo, las muchas personas que apoyan la oposición serán libres de contar sus relatos de manera pública. Hasta ese momento, solamente tenemos los recuerdos de las personas que, como yo, tuvieron la suerte de contar esas historias por ellos.

 

Hay una historia de veinte años de oportunidades perdidas en Venezuela, dada la generalizada y tenaz oposición contra el régimen Chávez-Maduro. Poco tiempo después de que me designaran Asesor de Seguridad Nacional, mientras Maduro hablaba en una ceremonia de condecoraciones militares el 4 de agosto, fue atacado con dos drones. El ataque no tuvo éxito, pero mostró el fuerte disenso que existía dentro de las fuerzas armadas. Y las imágenes hilarantes de los efectivos huyendo enérgicamente ante el sonido de las explosiones, pese a la propaganda del régimen, demostró cuán “leales” a Maduro eran los militares.

 

El régimen autocrático de Maduro constituía una amenaza debido a su relación con Cuba y las oportunidades que le brindaba a Rusia, China e Irán. La amenaza de Moscú era innegable, tanto militar como financiera, habida cuenta de los cuantiosos recursos que había empleado para respaldar a Maduro, dominar la industria venezolana del petróleo y el gas, e imponerle costos a los EE.UU. Beijing no se quedaba atrás. Trump vio esto y, luego de una llamada al presidente de Egipto Abdel Fattah al-Sisi el día de Año Nuevo de 2019, me dijo que le preocupaba Rusia y China: “No me quiero quedar sentado mirando”. Venezuela no estaba en mis prioridades cuando empecé, pero una gestión compe-tente de la seguridad nacional exige flexibilidad cuando surgen nuevas amenazas u oportunidades. Venezuela era ese tipo de contingencia. Los Estados Unidos habían hecho frente a las amenazas externas en el hemisferio occidental desde la época de la Doctrina Monroe, y ya era hora de resucitarla luego de los esfuerzos de Obama y Kerry por darle sepultura.

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Venezuela era una amenaza por sí misma, como lo demostró en un incidente en el mar el 22 de diciembre frente a la frontera guyanesa-venezolana. Unidades navales venezolanas trataron de abordar unos buques de exploración de ExxonMobil, que operaban con licencias de Guyana y en sus aguas jurisdiccionales. Chávez y Maduro habían puesto la industria venezolana del petróleo y el gas al borde del abismo, y los amplios recursos de hidrocarburos en Guyana presentaban una amenaza competitiva en el país vecino. El incidente se desvaneció cuando los buques de exploración regresa-ron rápidamente a zona innegable de aguas guyanesas, luego de rechazar la solicitud de Venezuela de aterrizar un helicóptero en uno de ellos.

 

Poco después del ataque con drones, durante una reunión que no guardaba relación, el 15 de agosto, surgió el tema de Venezuela, y Trump me dijo de manera enfática “Que lo hagan”, es decir que me deshiciera del régimen de Maduro. “Esta es la quinta vez que lo pido”, continuó diciendo. Describí la idea de lo que estábamos haciendo en una reunión limitada a Kelly y a mí, pero Trump insistió en que quería opciones militares para Venezuela y, luego, quedársela porque “es realmente parte de los Estados Unidos”. Este interés del Presidente

 

TRADUCCION DEL ESTI CAPITULO VENEZUELA LIBRO DE BOLTON
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