Opinión política

Hinteligencia policial

Vivimos en una dictadura de facto. De otra manera no se  entiende que se utilice la figura del agente encubierto creado para combatir organizaciones criminales, para penetrar organizaciones sociales, ollas comunes y juntas de vecinos, solo para incitar al delito y luego denunciar esos mismos delitos.

 

Eso jamás ha sido inteligencia policial. Método de las dictaduras, sí. Cobardía, sí. Miseria humana, sí.

 

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¿Por qué no penetran la organizaciones de narcos que aterran a las poblaciones con tiroteos infernales que matan niños inocentes?

 

Estamos en presencia de lo que se llama un agente provocador, el que tiene por misión crear las condiciones de desorden o de comisión de delitos para justificar la posterior represión.

 

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Según las leyes en que aparece la figura del agente encubierto, este tiene por objetivo organizaciones criminales o terroristas dentro de las cuales procederá a obtener información que permita su desarticulación o detención.

 

Nada de eso ha hecho la supuesta inteligencia policial.

 

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¿Cuál será la gracia de criminalizar las organizaciones populares mediante provocadores que se decidan a cometer desmanes que luego son denunciados a los tribunales?

 

¿Dónde está la inteligencia en esos procedimientos?

 

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Los mayores promotores de la violencia son los policías infiltrados, los que lejos de hacer una labor para la cual se requiere una mínima condición intelectual, se dedican a promover actos violentos, azuzar a los más desatados, realizar la mayor cantidad de actos vandálicos posibles, solo con el vergonzoso objetivo de desprestigiar las organizaciones que se da el pueblo y detener y procesar al máximo de personas para imponer el pánico entre la población.

 

Al contrario, proceder al montaje de condiciones solo para criminalizar la organización popular  y perseguir a los pobladores, debe ser una  de las prácticas policiales más vergonzosas, cobardes y miserables de la que se tenga conocimiento.

 

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Carabineros sufre del síndrome esquizofrénico de vivir en una supuesta democracia, pero en la burbuja impenetrable de una subcultura dictatorial.

 

Los dirigentes del modelo ya deberían saber que los pueblos siempre buscan el camino de su liberación, así sea que les cueste mucho dolor, así sea que demoren años.

 

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Tarde o temprano la gente encontrará sentido a la organización y a la lucha política.

 

Y los más apurados entenderán que se trata de la pelea de millones detrás de una idea seductora y no una irrealizable idea de la revolución a la vuelta de la esquina.

 

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La revolución será solo si la gente la quiere.

 

Por ahora, solo la falta de organización de los sectores populares le ha dispensado al sistema la posibilidad de una sobrevida que ha ido más allá de su real capacidad de sobreponerse.

 

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Mientras tanto, la inteligencia policial hace imposibles esfuerzos mediante el soplonaje miserable, el montaje burdo, la acusación falsa, abusando de esas pobres personas que se rebajan a simples delatores y que fueron elegidos precisamente por sus escasas capacidades intelectuales.

 

Por Ricardo Candia Cares

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