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Nueva Constitución: Llave maestra del cambio

Si queremos que el plebiscito se convierta en una victoria histórica de la democracia, las opciones Apruebo y Convención Constitucional tienen que recibir una mayoría abrumadora de votos, millones de votos, una marejada de voluntades ciudadanas.

Un triunfo debilucho o raquítico permitiría que la oligarquía y su sirviente, la casta política, mediante el mecanismo de los 2 tercios, hagan abortar este primer paso hacia una auténtica democracia después de 47 años de monarquía oligárquica.

El pueblo ha debido aceptar esta forma humillante de acercarse al objetivo de una Constitución democrática. Prácticamente desde 1973, cuando la traición de las fuerzas armadas dio comienzo al largo período de terrorismo de estado, la lucha por una Asamblea Constituyente se levantó como una salida pacífica al espanto. La Resistencia Popular –que empuñó las armas para conquistar la libertad- se volcó en lo político a la demanda de una Asamblea Constituyente que elaborara una nueva Constitución. Una vía democrática –la única posible- que armonizara los intereses políticos y sociales de una inmensa mayoría de chilenos. La historia, sin embargo, no se escribió como pretendíamos. La sangre de nuestros héroes y mártires, sin embargo, no se derramó en vano. Siguió hirviendo una rebeldía que se ha extendido en el tiempo y que convoca a sellar con una victoria aplastante el Apruebo y la Convención Constitucional en el plebiscito.

Esa victoria es lo fundamental en este instante. Pongamos el acento de hoy en eso. Que nada impida el trabajo de hormigas para el domingo 25 una masa impresionante acuda a votar. Son más de 14 millones los electores habilitados que pueden abrir un nuevo destino para Chile. En la última elección presidencial (2017) votaron poco más de 7 millones, 49,02% del padrón electoral. Esta vez hay que superar los 8 millones de votos para que el plebiscito tenga la legitimidad indiscutible que requiere. No basta que el Apruebo y la Convención Constitucional consigan poco más del 50%. Necesitamos una victoria con la fuerza de una salida de mar para que sea respetada por los bastiones financieros, civiles y militares del conservadurismo.

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No es tarea fácil, ninguna lucha democrática y de justicia social ha sido fácil. Sobre el resultado del plebiscito pesan el abstencionismo -que en las elecciones municipales ha alcanzado al 70%-; el temor al contagio de la pandemia; el repudio a los partidos políticos que aparecen como padrinos y administradores del plebiscito; la campaña por el Rechazo y Convención Mixta de la extrema derecha; y el temor que sienten sectores del pequeño y mediano empresariado por la violencia sin brújula -de sospechoso origen en muchos casos- que han sido víctimas iglesias católicas, servicios de transporte público y pequeños negocios privados.

El mal llamado “estallido social” -un “estallido” que se prolonga por más de un año-, revela que Chile vive una larvada insurrección social. Casi lo cotidiano ha sido desde octubre del 2019 la protesta callejera, desde ataques con piedras y fuegos artificiales a comisarías policiales, barricadas de fuego o saqueos de supermercados, farmacias y hasta de modestos quioscos de venta de cigarrillos y caramelos.

La persistencia del “estallido” aviva sin cesar la caldera de la protesta. Pero a la vez espanta a sectores sociales como los movilizados el 25 de octubre del 2019 que hicieron posible la marcha del millón 200 mil personas en Santiago, incluyendo manifestaciones en las comunas del barrio alto y frente a la Escuela Militar. Se calcula que ese día marcharon pacíficamente más de 6 millones de personas protestando contra la desigualdad y los abusos y exigiendo una Asamblea Constituyente.

Hay que intentar revivir ese espíritu en el plebiscito del domingo. Por desgracia la casta política, que en marzo negoció este remedo de Asamblea Constituyente, una formidable trampa que es necesario neutralizar desde dentro,  ha empleado el tiempo en querellas menores. Apoyada por la maquinaria publicitaria que la oligarquía pone a su disposición, ha relegado el quehacer político al claustro viciado del Parlamento, renunciando al papel de voz de la calle que en teoría corresponde a los partidos políticos. Trifulcas que evidencian la descomposición de una mayoría “opositora” incapaz hasta de elegir la mesa de la Cámara de Diputados; relumbrones de bengalas de prematuras candidaturas presidenciales –14 por el momento-; acusaciones constitucionales que no resuelven nada; disputas de hegemonía al interior de los partidos, etc., han hecho lo posible para distraer al pueblo de su objetivo fundamental: ganar el plebiscito del domingo.

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Pero nada de eso debe perturbarnos. Hagamos caso omiso de todo lo secundario. Hoy lo importante es ganar el Apruebo y la Convención Constitucional. No nos involucremos en reyertas de grupos políticos en vías de extinción. Todas nuestras energías deben volcarse a un solo objetivo: obtener una victoria aplastante en el plebiscito.

El lunes, además de celebrar el triunfo, empecemos a cargar las baterías para que el 11 de abril elijamos a los hombres y mujeres que mejor representen la fuerza del cambio en la Constituyente.

Por MANUEL CABIESES DONOSO

22 de octubre, 2020

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  1. Germán Westphal says:

    Si hay algo que parece no entenderse es que la gran trampa de la cual no hay salida posible es que al votar por el APRUEBO y la Convención Constitucional se legitima todo lo que sigue:

    (1) El sistema de elección de los delegados constitucionales que privilegia la representación de los partidos políticos por sobre los representantes independientes de la ciudadanía. Esta es una consecuencia del método D’Hondt que se usa para la elección de diputados y que se usará para elegir a los delegados constitucionales.

    (2) El sistema de distritos electorales para la elección de diputados que también se usará para la elección de los delegados constitucioales genera una aberrante desproporcionalidad entre el número de electores y representantes a elegir. Así, por ejemplo, según ha destacado Patricio Navia, el Distrito 8 (Comunas de Maipú, Estación Central, Cerrillos, Pudahuel, Colina, Lampa, Quilicura y Til Til) escogerá 8 escaños, por lo que cada delegado representará a 182 mil habitantes pero el Distrito 4 (Copiapó y todas las comunas de la Región De Atacama) escogerá 5 escaños, por lo que cada delegado representará a 57 mil habitantes. Esta desproporcionalidad se repite en todo el país y distorsiona gravemente la representación ciudadana.

    (3) El quórum de 2/3 requerido para la aprobación de todos los acuerdos de la Convención Constitucional, sea cual sea su formato —una garantía de la política de los “grandes consensos” entre los conglomerados políticos que han dominado y controlado el quehacer político nacional desde hace 30 años.

    (4) La intangibilidad de los tratados internacionales, incluidos —por definición— los tal llamados “Tratados de Libre Comercio”, piedras angulares para la mantención del sistema neoliberal.

    Por supuesto, entre mayor sea la cantidad de votos a favor de la opción APRUEBO y la Convención Constitucional, mayor legitimidad a todo lo anterior. De hecho, tal como ha señalado Felipe Portales en algunos artículos y comentarios en este medio, incluso algunos de los liderazgos más importantes de la derecha reaccionaria han declarado que también votarán por la opción APRUEBO —tal como llama a hacerlo Manuel Cabieses en el artículo en comento— porque se han dado cuenta que es la opción que políticamente más les conviene.

    • Nancy Echague Saavedra says:

      Don.German .
      Con todo respeto …no haga coincidir a Manuel Cabieses con lo que plantea la derecha .
      La derecha y sus partidos han llamado a votar RECHAZO ,algunos de sus integrantes ..Longueira, Lavín, Desbordes y otros minoritarios ,ante la avalancha que les puede aplastar están jugando a ganar delegados a la Convención Constitucional .
      Le ruego lea nuevamente la columna de Cabieses y si a Ud le interesa el destino del país se percatara que en nuestra historia como nación es la primera vez que el país en su conjunto concurre a un hecho de esta envergadura.
      Esto que HAREMOS este domingo son décadas de lucha pertinaz sin descanso de diversos estamentos del pueblo movilizado ,se ha ganado pese a los partidos políticos .
      La movilización social logro imponer este paso vital para nuestro futuro ,no lo desperdiciemos
      saludos cordiales

      • Germán Westphal says:

        No cabe duda que los próceres de la derecha que se mencionan han optado por el APRUEBO “porque se han dado cuenta que es la opción que políticamente más les conviene” dadas las cuatro condiciones expuestas en mi comentario inicial.

        En cuanto a las intenciones que tengan las distintas personas al emitir su voto, es posible hacer todas las distinciones que uno quiera, pero lo que en última instancia realmente cuenta, es el voto.

        El grave problema de todo este embrollo es que es una trampa tan bien montada que obliga a votar APRUEBO incluso a quienes aspiran a un nuevo ordenamiento constitucional aunque estén plenamente conscientes de que no es el camino para ello. Ver —nuevamente— las cuatro condiciones expuestas en mi comentario original. Estos ciudadanos son los que han estado abogando por años por una Asamblea Constituyente democrática y plenamente autónoma, sin rayados de cancha per-establecidos. Si no votan APRUEBO, corren el riesgo de que gane la opción RECHAZO. Con todo, una vez que optan y votan por la opción APRUEBO, están legitimado y aceptando con ello las cuatro condiciones en cuestión.

        En cuanto a dichas condiciones, no son nada nuevo y son o deberían ser bien conocidas pues están implícita o explícitamente especificadas en el “Acuerdo por la Paz Social y la Nueva Constitución” y la Reforma Constitucional y leyes que lo implementan. Sin embargo, una gran mayoría ciudadana adhiere ferviente y entusiásticamente al APRUEBO y, hasta donde se sabe, a la Convención Constitucional 100% electa, en la convicción de que ésta le dará al país un nuevo ordenamiento jurídico que responda a las aspiraciones de política auténticamente democrática, derechos de los pueblos indígenas y justicia social y económica, para mencionar sólo las más generales que engloban otras. Nada más lejos de los mundos posibles, aunque algún cambio por cierto tendrá que haber. Para guardar las apariencias.

        Con todo, la gran pregunta es cómo se ha llegado a dicha convicción y la respuesta no puede ser otra que lo que se ha dado en llamar el Problema de Orwell —la poderosa capacidad de los sistemas totalitarios y —en general— de dominación política y propaganda, que les permite inculcar en la población creencias que son firmemente sostenidas a pesar de que carecen de fundamento pero que tienen por función la mantención del régimen del cual las cúpulas que lo administran profitan. Es lo que se podría llamar “La jaula de las ilusiones”. Una vez dentro de ella, se ven sólo las ilusiones pero no la jaula.

  2. Nancy Echague Saavedra says:

    Que acertada y sabia columna de Manuel Cabieses.
    Pone las cosas en su real dimensión situando en el centro de su opinión la única posibilidad que tenemos de avanzar con realismo
    Desenmascara la política reduccionista ,mezquina abusiva y descomprometida de la casta política con los destinos del país
    El mensaje támbien es claro para aquellos que hacen alardes de un purismo ideológico y negándose a la participación, terminan coincidiendo con el llamado de la ultraderecha …..tratar que la participación sea feble o reducida.
    Gracias Manuel por su llamado

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