Debate

Necesidad de apoyo popular masivo a la Convención

Con severos problemas de financiamiento para poder funcionar y en vísperas del inicio de la crucial tarea de redactar la nueva Constitución Política, se advierte la necesidad de un respaldo ciudadano masivo a los objetivos populares de la Convención Constitucional en respuesta a la enconada ofensiva en su contra de los poderes oligárquicos y sus acólitos que no aceptan la idea de que la Carta Magna tramposa heredada de la dictadura vaya a ser sustituida.

No es novedad que el actual gobierno empresarial nunca fue partidario de una Constitución democrática – se siente cómodo y protegido por la dictatorial de 1980 – y restringe los fondos públicos a esta expresión constituyente del siglo XXI demandada por las aspiraciones de las multitudes que exigen transformaciones estructurales largamente esperadas.

Contraria a los cambios la derecha recurre a cualquier resquicio o episodio menor que amplifican los medios de comunicación manipulados desde las sombras con el fin de prolongar la continuidad de los
despojos malolientes del pinochetismo, a la vez que arrecia la acometida de los sectores conservadores, los políticos acomodados al sistema y la prensa adocenada que insisten en mantener vigente el mamotreto antidemocrático elaborado entre cuatro paredes, sin registros electorales y bajo terrorismo de Estado.

La Constitución que luego comenzará a escribirse tiene como objetivos centrales la profundización de la democracia – más allá de la semidemocracia impuesta por el neoliberalismo en los últimos 30 años –
y la consagración de los derechos básicos de cada chileno – en la actualidad en manos del mercado – según se determinó en las votaciones de mayo pasado por un amplio margen, en proporción de 80 a 20 de la opción “Apruebo” por sobre el “Rechazo”.

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Sin entrar en el contenido o en los temas de fondo, la minoría poderosa ha puesto el foco durante todo septiembre en el caso del trabajador y constituyente Rodrigo Rojas Vade, quien aclaró que no padece cáncer como lo había señalado con anterioridad sino que otra enfermedad cuya complejidad no ha sido precisada. Ello ha bastado para desencadenar una furibunda campaña en su contra, lo que no ocurriría
si Rojas no proviniera del pueblo o tuviera domicilio en el barrio alto.

El constituyente tiene claro que cometió un error del que se arrepiente, pero aquí no hay ningún delito de por medio: no ha muerto nadie ni a nadie le han sacado los ojos, no ha habido robo, tampoco los pobres han empobrecido más y no han disminuido las pensiones de los jubilados, en tanto el proceso por una nueva Constitución no se ha detenido. Eso sí, ha permitido a algunos pasar a un discreto segundo
plano o simplemente acallar los escándalos de corrupción en comunas ricachonas administradas por alcaldes de ultraderecha hasta hace poco.

Obviamente una mentira es reprobable pero no justifica tanta saña contra el que la emitió ni contra el mundo popular del que forma parte. A falta de argumentos se ha acusado a Rojas de “desórdenes en
la vía pública” por su participación en manifestaciones de protesta meses atrás, lo cual se carga también a cuenta de la Convención. Al final, este chivo expiatorio debió renunciar a todo.

En este santuario de la corrupción, son otros los que han mentido para engañar y dañar masivamente a la población: el que sobresale es Pinochet, que por años simuló una demencia para no ser enjuiciado por
brutal violación de los derechos humanos. El capitán general del genocidio no reconoció nunca los crímenes que ordenó, no se arrepintió ni pidió perdón, fingió inocencia y murió en la impunidad. Pinochet fue un emblema de la oligarquía, de modo que sus delitos no tuvieron sanción. Entre ellos los robos de millones de dólares al Estado chileno, lo que ocultó con la impudicia que lo caracterizaba. Su estilo y su escuela tuvieron excelentes discípulos en el propio ejército, principalmente en oficiales de alta graduación que se acostumbraron a apropiarse de lo ajeno.

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La vieja casta política, desprestigiada por sí sola, se ha especializado en decir con descaro una cosa por otra. En la era de la Concertación se habló de “la alegría que viene” y del “crecimiento con equidad”, y en la época piñerista se anticiparon “días mejores”, todo lo cual no pasó más allá de burdas mentiras que desconcertaron y afectaron a la población.

En el caso actual el trabajo de la Convención Constitucional que una minoría pretende invalidar se está desarrollando con honestidad y responsabilidad, y por estos días en que luego empezará a escribirse
el texto de la nueva Carta Magna merece el apoyo masivo del pueblo que luchó por el proceso constituyente y que hoy apunta a la consagración de sus objetivos democráticos.

Hugo Alcayaga Brisso
Valparaíso

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  1. Si , se necesita darle ánimo a los convencionales para que sigan la senda de escribir una nueva constitución que desplace para siempre la de
    Pinochet-Lagos y sus admiradores ; para esto , la CC debe inventar una manera de darle participación a la población que está deseosa de ser parte del proceso en camino.La Pobla en la Kalle es la autora de esta CC y quiere participar , no lo olviden.

  2. Fernando Suarez Miranda says:

    Estimados Compañeros:

    Este articulo es muy relevante, esperamos que si fuera necesario que las fuerzas políticas progresistas de izquierda hacer un llamado al pueblo de Chile, para realizar una colecta nacional de apoyo a la C.C. con un aporte definido, para que esta pueda funcionar normalmente , ya que el gobierno de Piñera le esta quitando la sal y el agua. Un apoyo del pueblo de Chile para conseguir una Constitución que sea representativa de nuestra idiosincrasia solidaria, ahora es cuando se debe plasmar esta necesaria acción.

  3. Felipe+Portales says:

    Pero si la mayoría de la Convención acepta mansamente el antidemocrático y aberrante quórum de los dos tercios (que beneficia a las dos derechas que desde 1989 han consensuado TODO, incluida la Constitución actual suscrita por Lagos y todos sus ministros en 2005), ¡de qué le servirá el apoyo adicional que pudiese obtener de la mayoría del pueblo!…

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