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Si no existes no eres nadie: utopías de salud en los campamentos de refugiados saharauis

El Sahara Occidental sigue siendo considerado por Naciones Unidas como un territorio no autónomo que debe ser descolonizado mediante el ejercicio del derecho a la autodeterminación. La Misión de Naciones Unidas para el referéndum en el Sahara Occidental (MINURSO) fue creada con este propósito en 1991, y hasta el momento, no ha logrado nada más que el cese del alto al fuego entre los saharauis y los marroquíes. Con ese entorno, llevar una política de salud adecuada parece una verdadera utopía.

La política de salud no es fácil de llevar en ningún país, porque comprende temáticas económicas, recursos materiales y humanos.

“Aquí en el hospital damos asistencia como podemos con nuestras infraestructuras. Los casos más complicados se envían a Tindouf, Bechar, Oran, España o Italia”, nos explica Mohamed Fadel Henia, director del Hospital Central de Rabouni.

Los medicamentos llegan en los campamentos por medio del proyecto, a través de la cooperación. Por la mayoría se trata de medicamentos genéricos que aparecen dentro de un listado. Cuando un medicamento no está inscrito en este listado, es mucho más complejo obtenerlo. “En algún momento unos amigos pueden conseguirlo, pero queda una tarea bastante complicada”, nos comparte Mohamed Fadel Henia.

 

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Es casi imposible encontrar medicamentos en los campamentos hoy

Llevar una política de salud en los campamentos de refugiados saharauis no es fácil, porque esa política es financiada únicamente a través de los proyectos de cooperación internacional. Así que, cada vez que hay un recorte a uno de esos proyectos, eso influye en la política de salud de los refugiados saharauis.

“Aunque los saharauis financiaron su política de salud con sus propios medios, eso seguiría siendo muy complejo”, nos cuenta Mohamed Fadel Henia. “Imagínense: si los pueblos desarrollados no están contentos con su propia política de salud, ¡imagínense a un pueblo refugiado!”

A pesar de todo, muchos cooperantes reconocen el nivel del estado de salud del pueblo saharaui, lo cual es aceptable dentro de las condiciones en las cuales viven en los campamentos. “Aunque gestionar la política de salud a través de proyecto de cooperación es muy complejo, a pesar de eso la situación es aceptable”, subraya Mohamed Fadel Henia.

“De toda forma, es difícil llegar aquí a un nivel ideal. Tendríamos que mejorar muchas infraestructuras, pero esa no es una palabra mágica, no es que la pronunciamos y se mejora todo”, lamenta Mohamed Fadel Henia.

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Las consecuencias de covid-19

Con el tema de covid-19, en general, la mayoría de los proyectos de cooperación han disminuido. Muchos son los recortes realizados por Europa, sobretodo porque Europa misma ha tenido primero que enfrentar a sus propias problemáticas relacionadas con la pandemia.

A causa de los recortes hacia la cooperación internacional, los proyectos, e incluidos los proyectos de salud, han bajado o desaparecido. Las vías marítimas y aéreas estaban cerradas. Los saharauis se han quedado atrapados en el desierto durante un periodo de dos años.

A las faltas de medicamentos y de materiales o infraestructuras, se ha sumado la falta de comisiones médicas que solían llegar en los campamentos pero que, debido al covid, ya no pudieron llegar.

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En lo que concierne el personal médico, en los campamentos se forman enfermeros o técnicos, pero la casi totalidad de los médicos vienen de afuera. La ausencia de comisiones médicas ha significado una casi total ausencia de médicos por una duración de dos años.

“No es tanto el covid en sí que ha afectado al pueblo saharaui, sino que los cierres y los recortes de proyectos de cooperación que han golpeado duro a la sobrevivencia de los saharauis en los campamentos: tanto en la falta de medicamentos que de alimentos”, nos explica Mohamed Fadel Henia.

La subida de los precios de los alimentos y la consecuente disminución casi dramática del 44% de la ayuda humanitaria (porque, obvio, el presupuesto de la ayuda no ha subido con los precios), no ayudan a los saharauis a recuperar de una crisis que lo afonda siempre más en el medio de la arena del desierto.

Hoy en día los saharauis tienen que comprar prácticamente todos los alimentos de que necesitan para sobrevivir en el cotidiano. Sin embargo, la falta de actividades hacen que los ingresos han disminuidos drásticamente: ya no hay trabajo a suficiencia en los campamentos.

En efecto, el covid-19 ha interrumpido todas actividades de intercambio entre ello y Europa (como los proyectos de vacaciones en Paz, los Festivales…) que eran también fuentes de ingresos por los habitantes de los campamentos.

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Todos los comercios que se hacían y que pasaban entre Argel y Mauritania también se han interrumpido, debido a la llegada del covid y luego del cese del alto al fuego.

La sequía que dura desde ya hace 4 años en estos territorios complica claramente la situación ya bastante difícil.

 

Todo se estanca, hasta la paciencia

“Cuando falta salud, alimentación, enseñanza, cuando fallan esos aspectos hacía el cuidado de un pueblo, allí la salud física se afecta también”, lamenta Mohamed Fadel Henia.

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El día 13 de noviembre 2020 Marruecos salió de la zona buffer prohibida para los ejércitos para desalojar a los manifestantes Civiles Saharaui. En ese periodo, decenas de saharauis habían organizado una acampada en la zona conocida como Guerguerat. En esta zona se encuentra la brecha ilegal abierta por la ocupación marroquí y por la cual pasan miles de vehículos a diario con mercancías para vender en todo África, además de ser uno de los principales puntos desde los cuales las mafias trafican con las drogas procedentes de Marruecos y las mueven por todo el continente.

Desde que los marroquís atacaron a los manifestantes saharauis, empezó de nuevo la guerra por la liberación del Sahara Occidental. Muchos países llaman ahora al cese del alto al fuego, los mismos que, durante 29 años de Acuerdos de Paz, saquearon los recursos naturales del Sahara Occidental.

Debido a la guerra, de las 40 000 y 60 000 personas que vivían en los Territorios Liberados, 4 749 personas se han desplazados hacia los campamentos saharauis. Muchos se fueron en Mauritania y otros entre Bechar y Tindouf en Argelia, buscando lluvia y pasto para su ganado.

“El tema del cese del alto al fuego, fue impulsado por los marroquís, nosotros fuimos siempre amantes de la paz”, explica Mohamed Fadel Henia.

“Sin embargo, no vamos quedarnos con las manos cruzada si no se toman decisiones, ya a nivel de las Naciones Unidas, quienes son los primeros responsables del cese del alto al fuego”, declara Mohamed Fadel Henia.

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“Usted, cuando le quitan a su casa, va luchar con uñas, pies, porque no puedes dejar a nadie que le quite a su casa, y aún menos su tierra, es una condición de existencia. Porque si no existes no eres nadie”, sigue Mohamed Fadel Henia.

“¿Que quiere el pueblo saharaui? Un referéndum, cualquier solución pacifica que respete a nuestro pueblo y a los acuerdos hechos antes las Naciones Unidas hace demasiados años. Porque, al contrario, no nos quedaremos con las manos cruzadas”, concluye Mohamed Fadel Henia.

 

Elena Rusca, Ginebra, 23.02.2022

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