
Cuando la derecha deja de fingir
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La derecha chilena nunca fue democrática. Fingió serlo durante la transición, cuando la máscara servía para entrar a cócteles internacionales y firmar tratados de libre comercio. Pero su ADN no cambió: conspiró contra Allende, celebró el golpe, gobernó con Pinochet y apretó los dientes solo lo suficiente para sobrevivir en democracia. Ahora, cuando el modelo neoliberal cruje y la derecha tradicional se desmorona, vuelve a su zona de confort: abrazar a la ultraderecha.
El naufragio de Evelyn Matthei es más que una anécdota electoral. Es el síntoma de un bloque político que ya no sabe fingir moderación. Matthei intentó seducir a la derecha dura con frases justificando asesinatos “inevitables” en dictadura; luego pidió disculpas, demasiado tarde y a la persona equivocada. Mientras tanto, José Antonio Kast, con un discurso calcado del manual de Trump, Milei y Bolsonaro, capitaliza el descontento y se viste de “candidato inevitable”.
La fuga de votos y lealtades es pública: diputados que sugieren apoyar a Kast, senadores sancionados por anunciar su voto, exdirigentes que se confiesan en podcasts como si fueran conversaciones de sobremesa. La prensa conservadora ya afila el cuchillo, publicando editoriales que piden a Matthei “dar un paso al costado”. El argumento es siempre el mismo: “unidad ante el peligro del comunismo”.
Pero la verdadera unidad que buscan no es contra un peligro imaginario, sino a favor de un proyecto muy concreto: restaurar un autoritarismo maquillado de democracia, un país gobernado por la lógica del enemigo interno y del mercado absoluto. Kast no es una anomalía; es la consecuencia lógica de una derecha que nunca rompió con su pasado y que ahora ve la oportunidad de gobernar sin complejos.
Matthei, atrapada entre un centro que ya no confía en ella y una derecha radical que la considera tibia, juega la política del gesto: una carta pública, una disculpa, un intento de recomponer puentes. Pero en tiempos de polarización, los gestos no salvan candidaturas hundidas.
Lo que está en juego no es solo quién encabezará la derecha en noviembre. Es qué tipo de derecha enfrentará Chile en el próximo ciclo: una derecha que todavía respeta ciertos límites institucionales o una que los derriba con orgullo. Y si las encuestas marcan tendencia, la segunda ya ganó.
La derecha chilena está dejando de fingir. Y cuando se quita la máscara, lo que aparece es el mismo rostro de siempre: el que aplaudió el golpe, justificó la represión y convirtió el miedo en política de Estado.
Félix Montano






jaime norambuena says:
El padre aleman de Felipe Kast, Michael Kast
fue soldado de Hitller inscrito en el partido NAZI
Felipe Kast sigue admirando a Pinochet y lo
niega con cinismo oportunista. Esta acostumbrado.