
La derecha chilena en su laberinto: guerras internas, nostalgias autoritarias y una elección que redefine el mapa político
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Las encuestas, ese termómetro por cierto impreciso de la política, marcan sin embargo una tendencia clara: Jeannette Jara encabeza con holgura la elección presidencial de este domingo 16 de noviembre. Los estudios demoscópicos coinciden en ubicarla en torno al 30% de las preferencias, seguida por José Antonio Kast, mientras que Evelyn Matthei y Johannes Kaiser pelean —con dientes apretados— el tercer lugar en una disputa que podría decidir quién acompaña a la candidata de gobierno en la segunda vuelta. Pero las encuestas, como ya demostraron en las primarias de Unidad por Chile, no siempre aciertan: entonces daban por ganadora a Carolina Tohá, y el resultado terminó siendo una victoria contundente de Jara. Una señal de que hay procesos subterráneos que la demoscopía no logra leer.
Este domingo, más que despejar dudas, abrirá un nuevo campo de interrogantes. La principal de ellas es qué derecha pasará al balotaje: ¿la derecha histórica moderada, un ente más teórico que real? ¿La derecha empresarial-tradicional de Matthei? ¿O la derecha abiertamente pinochetista, que se expresa —con matices— tanto en Kast como en Kaiser?
La campaña ha dejado al desnudo que, más allá del pluralismo de candidaturas, la derecha chilena vive un proceso acelerado de radicalización interna, en el que solo se diferencian los estilos, pero no necesariamente los contenidos.
Kaiser y la ruptura de los consensos democráticos
El caso más evidente es Johannes Kaiser, el diputado del Partido Nacional Libertario que irrumpió en la campaña con una propuesta que rompe —de forma explícita— los consensos básicos que la democracia chilena había pactado durante tres décadas de transición. Kaiser no solo reivindica la dictadura de Pinochet: también ha prometido indultar a Miguel Krassnoff, uno de los torturadores más emblemáticos del régimen, condenado por brutales violaciones a los derechos humanos, y liberar también a ex carabineros procesados por mutilaciones oculares durante el estallido social del 2019.
Su discurso, que mezcla revisionismo histórico, negacionismo y un tono de agitación digital propio de la alt-right global, ha desplazado los límites de la conversación pública, empujando a la derecha más tradicional a un territorio donde antes no se atrevía a entrar explícitamente.
Kaiser no compite solo por votos: compite por instalar un sentido común autoritario, una reinterpretación del orden democrático en clave militarizada y antisocial. Y lo hace con éxito entre un segmento radicalizado del electorado que hoy presiona al resto de la derecha.
El silencio oportunista de Kast
José Antonio Kast ha preferido mantener un silencio calculado sobre las declaraciones de Kaiser. No lo desautoriza, no lo critica, no se distancia. Por el contrario, guarda un silencio cómplice que funciona como un guiño a ese electorado que añora el orden y las certezas autoritarias.
Kast sabe que condenar a Kaiser podría costarle votos en un sector que él mismo alimenta desde 2017. Pero apoyarlo abiertamente lo arrastraría a un terreno jurídico, ético y político del que no podría regresar. Opta por lo que siempre ha hecho: ambigüedad táctica.
Así, la derecha más conservadora juega con dos barajas: la respetabilidad pública de Kast y el extremismo convocante de Kaiser. Ambos se necesitan, ambos se retroalimentan, y ambos tensionan a la derecha tradicional, que queda atrapada en un dilema que no sabe resolver.
Matthei: la derecha liberal que ya no existe
Evelyn Matthei representa ese sector que alguna vez se autodenominó “liberal” en lo económico y “moderno” en lo valórico. Pero su candidatura evidencia que ese mundo se encuentra en retirada. Matthei intenta mostrarse como una alternativa técnica, moderada, sensata. Sin embargo, calla ante los excesos de Kaiser y evita pronunciarse sobre los indultos a violadores de derechos humanos o a ex carabineros imputados por mutilaciones oculares.
En su coalición conviven figuras abiertamente pinochetistas, como la candidata al Senado Camila Flores, quien incluso ha exigido una foto por la unidad entre Matthei, Kast y Kaiser la noche del domingo. Ese gesto no es menor: simboliza la presión interna hacia un ordenamiento disciplinado de la derecha tras el balotaje.
Matthei no ha aceptado esa fotografía, al menos por ahora. Pero tampoco rompe con quienes defienden la dictadura. Su silencio es más profundo que el cálculo electoral: revela el derrumbe de la derecha liberal, que ya no define la agenda ni los contenidos del sector.
¿Existe hoy una derecha democrática?
La pregunta es legítima: ¿queda en Chile una derecha liberal-democrática?
A la luz de los hechos, la respuesta es incierta.
Kaiser empuja la frontera hacia un autoritarismo explícito, Kast acompaña desde el costado sin contradecirlo, y Matthei —la más moderada— prefiere el silencio antes que marcar límites éticos claros. Es una escena donde la derecha hace “primarias” simultáneas, pero en una cancha inclinada hacia la radicalización.
El senador Ricardo Lagos Weber, vocero de Jeannette Jara, lo ha dicho con claridad: lo preocupante no es solo Kaiser, sino que el resto de la derecha no se atreva a decir que sus propuestas son inaceptables. Ni Kast ni Matthei han señalado que indultar a Krassnoff o a policías condenados por violaciones a los derechos humanos es una línea que no se cruzará nunca más. Ese silencio es elocuente.
Lagos Weber recordó además que Sebastián Piñera, con todos sus límites, condenó alguna vez a los “cómplices pasivos” del régimen, quedando solo frente a su sector. Hoy, ni siquiera ese gesto mínimo parece posible.
Una derecha dividida, pero unificada en el antagonismo a Jara
Aunque hoy la derecha aparece dividida en tres candidaturas que compiten con ferocidad, la pregunta es si podrán recomponerse tras el resultado del domingo. Camila Flores insiste en que esa fotografía unitaria es “indispensable” y que el adversario político es uno: Jeannette Jara.
Los analistas coinciden en que este 16 de noviembre será, para la derecha, una primaria encubierta. Tomás Duval, cercano a RN, ha descrito el ambiente como “áspero”, con ataques cruzados y una falta total de coordinación. Verónica Figueroa, académica de la Universidad de Chile, advierte que el punto crítico no es quién pase a segunda vuelta, sino si habrá realmente capacidad de unidad después de un proceso tan desgarrador.
Matthei deslizó que “los votos no se traspasan automáticamente”, lo cual es cierto, pero también abre una fisura en un sector que, hasta ahora, solo coincide en un objetivo: impedir que Jara llegue a La Moneda con mayoría contundente.
Las encuestas y el voto que se mueve bajo la superficie
Aunque los sondeos ubican a Jara en el primer lugar, no está claro quién será su rival en el balotaje. Kast parece mejor posicionado, pero Kaiser crece en nichos digitales muy movilizados, y Matthei mantiene una base histórica que podría sorprender si la participación aumenta en sectores medios.
Como demostró la primaria de Unidad por Chile, el voto popular organizado es difícil de medir, y subestima regularmente la capacidad de movilización de candidaturas con arraigo territorial, como la de Jara.
El domingo, más que un cierre, será un punto de partida: Chile definirá no solo quién compite en segunda vuelta, sino qué derecha disputará el futuro. Una derecha democrática —si aún existe— o una derecha que ha decidido abrazar, sin pudor, la nostalgia autoritaria.
Simón del Valle
Las opiniones vertidas en esta sección son responsabilidad del autor y no representan necesariamente el pensamiento del diario El Clarín






Patricio Serendero says:
Cualquier especulación sobre la actitud de las tres fracciones derechistas para la segunda vuelta es solo eso: especulación. La Derecha es una sola, más todavía cuando como en esta ocasión se trata de evitar que llegue una comunista a La Moneda. Ya lo veremos hoy a las 20 horas.
Serafín Rodríguez says:
Feliz Festival Electoral! Que lo disfrutes! Todo es muy simple y divertido! A Los ciudadanos les ponen debajo de la jeta una lista de nombres que entran en el sorteo para los distintos cargos públicos mejor remunerados del país —y algunos países desarrollados del mundo— y tú simplemente seleccionas uno pensando que va a hacer lo que prometió. Si resulta electo, después hace lo que se le viene en ganas, chanchullos de por medio si es posible! Si vas a votar en blanco, nulo o por alguno de los que están o no están en la lista como Bernardo O’Higgins, la Madre Teresa o la mona Chita, hazlo a conciencia y bien informado porque si no tienes una buena excusa, te van a castigar con una multa por no cumplir con tu deber ciudadano! En todo caso, votes como se te venga en ganas o no votes, recuerda bien los nombres de quienes resulten electos porque vas a tener que mantenerlos y alimentarlos con tus impuestos por el tiempo que dure su mandato. Y si se trata del Presidente o la Presidenta, lo tendrás que hacer por el resto de su vida —y también la tuya— para asegurarle una pensión y beneficios que hoy alcanzan hasta 18 palos mensuales… Adelante y vota bien informado y a conciencia! Ejerce tu derecho y deber ciudadano responsablemente! El futuro de país está en juego! Del tuyo, olvídate porque tendrás que seguir rascándotelo solito!