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Un gabinete bajo sospecha: improvisación, poder económico y fracturas anticipadas en el gobierno de Kast

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El anuncio del gabinete del presidente electo José Antonio Kast no logró el efecto clásico de orden y cierre de filas que suele acompañar el inicio de un nuevo ciclo político. Por el contrario, abrió una ola de críticas transversales —desde la oposición, desde la derecha tradicional e incluso desde los partidos que lo respaldaron— que dejaron en evidencia una fragilidad temprana: improvisación en la conformación, tensiones con los partidos y una señal inquietante de subordinación explícita al poder económico.

No se trata solo de quiénes integran el gabinete, sino cómo se llegó a él y qué representa políticamente.

Improvisación como punto de partida

Una de las críticas más repetidas es la forma errática en que se construyó el equipo ministerial. Nombres anunciados y luego descartados, ofrecimientos rechazados, filtraciones previas al anuncio oficial y correcciones de último minuto marcaron un proceso que contrastó con la expectativa de prolijidad que el propio Kast había prometido durante la campaña.

El analista político Patricio Navia, cercano a la centroderecha, fue particularmente duro:




“Demasiada improvisación en la formación del gabinete. Ni que hubiera ganado la presidencia en una lotería la semana pasada. Tuvo un mes para armar el gabinete y termina sacando conejos del sombrero al último minuto. Mal augurio”.

La crítica no apunta solo a un problema comunicacional, sino a una señal de debilidad política temprana: un presidente electo que no logra cerrar acuerdos sólidos ni ordenar su propio equipo antes de asumir.

Molestia en los partidos que lo respaldaron

El malestar no se limita a la oposición. Tanto en el Partido Republicano como en el Partido Nacional Libertario (PNL), liderado por Johannes Kaiser, se ha expresado molestia por la escasa o nula representación partidaria en el gabinete.

Dirigentes de ambos sectores señalan que Kast optó por un diseño tecnocrático-empresarial, dejando a los partidos —que aportaron estructura, campaña y votos— en un rol secundario. El mensaje implícito es claro: el gobierno se construye más desde los directorios que desde la política organizada.

Esta decisión puede interpretarse como una apuesta por autonomía presidencial, pero también como una señal de desconfianza hacia los propios aliados, anticipando un escenario complejo de gobernabilidad en el Congreso.

Los ministros más cuestionados

Las críticas se han concentrado especialmente en cinco carteras clave:

1. Minería: Santiago Montt

El caso más emblemático. El futuro ministro fue anunciado primero por una empresa minera privada, antes que por el propio presidente electo. El hecho desató críticas inmediatas por un conflicto de interés evidente y por la naturalización de una práctica que, aunque histórica en Chile, hoy aparece de manera descarnada: el tránsito directo entre la gran empresa y el Estado regulador.

No es nuevo que el Estado chileno esté subordinado a la inversión privada; lo nuevo es la desfachatez institucional con que se comunica.

2. Seguridad Pública: María Trinidad Steinert

El posible nombramiento de la fiscal regional de Tarapacá generó cuestionamientos serios sobre la independencia del Ministerio Público. El diputado socialista Daniel Manouchehri advirtió sobre los riesgos de abrir conversaciones políticas con fiscales en ejercicio, recordando precedentes como el caso del exfiscal Guerra:

“A veces ni siquiera es necesario pedir algo. El solo ofrecimiento puede condicionar decisiones futuras”.

El problema no es solo ético, sino estructural: se debilita la separación entre persecución penal y poder político.

3. Hacienda: Jorge Quiroz

El perfil del ministro apunta a una ortodoxia económica dura, alineada con la desregulación y el ajuste, en un contexto social frágil. La crítica no es ideológica sino práctica: escaso margen político para aplicar recetas impopulares sin respaldo social ni parlamentario sólido.

4. Relaciones Exteriores: Francisco Pérez Mackenna

El canciller designado ha sido cuestionado por su falta de experiencia diplomática y por posiciones previas que podrían tensionar relaciones regionales. En un escenario internacional volátil, la improvisación en esta cartera es vista como un riesgo estratégico.

5. Justicia: Fernando Rabat

Preocupa la señal de continuidad y endurecimiento punitivo sin una reflexión profunda sobre derechos humanos, sistema penitenciario y reforma judicial, especialmente tras los debates recientes por la Ley Naín-Retamal y el uso de la fuerza estatal.

Incumplimientos tempranos de campaña

Otro punto crítico es el primer incumplimiento explícito del programa. Kast prometió biministros o triministros como señal de austeridad y eficiencia estatal. Finalmente, el gabinete contará con 25 ministros, desechando la idea sin mayor explicación.

Para Manouchehri, la señal es clara:

“La primera señal que envía el presidente electo es que aquello que prometió como símbolo de austeridad ya no corre”.

No es un detalle menor: en política, las primeras señales suelen marcar el tono del gobierno.

Poder económico y coherencia política

Una crítica transversal apunta a la procedencia de varios ministros desde el núcleo del poder económico. La pregunta que se instala —legítima y política— es a quién representarán en la toma de decisiones: ¿al interés general o a sus antiguos empleadores?

A esto se suma una incoherencia llamativa: algunos ministros que hoy aceptan cargos criticaron duramente a Kast meses atrás. El pragmatismo es parte de la política, pero cuando es demasiado evidente, erosiona credibilidad.

Un mal comienzo, no un destino inevitable

El gabinete de Kast no fracasa por ser “de derecha”, sino por carecer de un relato político claro, mostrar improvisación y abrir flancos innecesarios antes incluso de asumir. Las críticas no provienen de un solo sector: son transversales, técnicas, políticas y éticas.

El problema de fondo es más profundo: un gobierno que parece no haber definido aún si quiere gobernar con política, con mercado o con ambos, pero sin articularlos. En ese vacío, la desconfianza crece.

Aún no comienza el mandato y ya se habla de quiebres, conflictos de interés y debilidad política. No es una condena anticipada, pero sí una advertencia: cuando el punto de partida es errático, el margen de error se reduce drásticamente.

El tiempo dirá si este gabinete logra ordenarse o si confirma el presagio que hoy recorre transversalmente la política chilena: que el problema no es solo quién gobierna, sino cómo y para quién.



  1. Serafín Rodríguez says:

    Y qué querían? Ministros frenteamplistas?
    O tal vez comunistas socialdemócratas?

    En cuanto a todo lo demás, ya veremos cómo cuaja la tortilla!

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