
La encrucijada: soberanía o sometimiento
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La sanción impuesta por el gobierno de Trump a Chile, representado en tres autoridades del gobierno del presidente Boric, a quienes se les retira la visa para ingresar a EE.UU., constituye un hecho insólito en las relaciones diplomáticas sostenidas por Chile con la potencia del Norte.
Como se sabe, todo este problema se origina por el famoso cable submarino que se planifica para unir Valparaíso con Hong Kong.
La estrategia del gobierno Trump, que viene adelantando desde hace un tiempo, claramente es definida por hacer presente al mundo que la potencia norteamericana ha resuelto establecer su dominio en el territorio de Sudamérica de manera incontrarrestable. Ha quedado meridianamente claro poniendo a su servicio al régimen chavista; las amenazas contra Brasil y Colombia, con la retórica de sus líderes militares (gira de la generala señora Robinson) y sus alocuciones en relación al destino preferencial de los recursos naturales de la Región, dejando entrever un apetito de posesión exclusivo por parte de EE.UU. en relación a los mismos.
Ahora le cae el sablazo a Chile, con el episodio relatado al inicio de este artículo.
Las reacciones en nuestro país han sido de lo mas variadas. Desde la protesta diplomática del Gobierno, que alega injerencia extranjera en resoluciones soberanas de Chile, hasta quienes acusan al presidente Boric de ser imprudente y agresivo con el gobierno de Washington. Los más centrados de los analistas plantean la improcedencia del castigo a Chile, pues el país tiene plena independencia estratégica para definir sus prioridades de acuerdos, y sostienen que Chile debe mantener firme su postura, pero hacer ver al departamento de Estado norteamericano que el optar por un cable de esta importancia, no significa comprometer la seguridad de Chile ni de la Región, sino, simplemente, agilizar las comunicaciones con una región como la de Asia, con la que Chile compromete más del 60% de su comercio. Que el tema de la lucha hegemónica de las grandes potencias, no deben afectar a las naciones en desarrollo, que luchan por salir del atraso mediante el esfuerzo productivo honesto. Que pretender bloquear la puerta asiática por temor infundado o no del gran imperio norteamericano, representa un bloqueo a Chile, de igual repercusión que el que se ha aplicado a países como Cuba, Venezuela, Nicaragua u otros. En el caso nuestro no es un bloqueo ideológico, pero es igualmente perjudicial para Chile.
Jacques Derrida ha desarrollado el tema de las “aporías”, que significa ”la obstrucción de los caminos de salida”, lo ha analizado en diversos textos (“Fuerza de Ley”; “El derecho a la filosofía” y otras exposiciones).
Las APORIAS pueden representar un problema y una oportunidad. El problema debe avanzar a una solución, lo que obliga a aguzar la mente creativamente; pero la oportunidad de abrir un camino diferente debe forjarse con voluntad y paciencia.
La APORIA en el caso de esta encrucijada es clara: si Chile cede a la negativa norteamericana, se verá perjudicado en sus intereses comerciales con Asia. Y si Chile persevera en sacar adelante esa enorme inversión en infraestructura, como es el cable transoceánico, recibirá las sanciones del gobierno de Trump.
Bonito dilema. El gobierno saliente ha fijado ya una postura: la de declarar inaceptable la postura de la cancillería norteamericana, pero en unos pocos días asumirá el nuevo gobierno de extrema derecha en Chile, que es ideológicamente afín con las políticas de Trump. Claro que lo que no puede desconocer el nuevo gobierno chileno, es que, pragmáticamente hablando, no puede darse el lujo de pegarle la desconocida al gobierno de China, primero por lo que ya señalamos sobre la magnitud de las relaciones comerciales que se tienen con Asia. Segundo, por lo enorme de la inversión que se proyecta y con financiamiento asegurado; podríamos agregar un tercer elemento: el adelanto o avance para Chile en lo que respecta a infraestructura internacional y nacional de conectividad, que es clave del desarrollo futuro.
En “Fuerza de ley”, Derrida sostiene que “el derecho se sostiene en la fuerza y la violencia de la venganza”. La venganza es una fatalidad del uso del poder y sustraer la venganza al poder es una improbabilidad histórica (“Espectros de Marx”). Por tanto, “donar justicia”, es decir conceder un espacio para la justicia ajustada a la razón, que es la máxima aproximación que el derecho puede hacer ante lo absoluto del concepto inapelable de la “justicia”, se ve muy complicado, se presenta como un camino obstruido (APORIA).
El presidente Piñera trató de eludir el bulto, proponiendo construir el cable entre Chile y Australia, es decir encaminar las comunicaciones hacia el Asia- Pacífico, dejándola en un campo neutral, pero no consiguió interesados en financiar dicha obra. La trayectoria aporética siguió obstruida.
El gobierno de Kast podría eludir la decisión postergándola o creando observaciones dilatorias, pero Alá no toca dos veces a la puerta del fiel. Lo más probable es que la inversión se dirija a otro país de la Región (Perú, Colombia).
Lo cierto es que esta reacción norteamericana, en medio de su defensa hegemónica contra China, ha sido un remezón telúrico para Chile. El nuevo gobierno será sometido a una primera prueba de gran calibre, pues este dilema de la “responsabilidad aporética”, es realmente complicado para un régimen de extrema derecha, que reconoce sus lealtades ideológicas, todos sabemos en cual plaza.
Aunque el gobierno de China no ejerza el castigo al estilo Trump, contra Chile, si se rechaza la inversión del referido cable, es posible que no sólo esta inversión se pierda, sino que se resten o frenen un conjunto de otras inversiones que son de gran beneficio para el desarrollo del país, simplemente porque China considerará a Chile como un país no confiable en sus decisiones soberanas, y Chile perderá la oportunidad de convertirse en el líder de la conectividad digital para toda la Región de América del Sur, perteneciente al área del Pacífico.
Hugo Latorre Fuenzalida





