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La alineación con las guerras de Trump

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El seguidismo de Kast y el valioso rechazo de Pedro Sánchez a la guerra de Trump

 

¿Está Kast apostando definitivamente por producir una alineación a pie juntillas de su futuro gobierno con el trumpismo?

Parece ser el caso, si se considera que pocos días antes del cambio de mando en Chile decidió viajar al cónclave ultraderechista de Mar-a-Lago, la residencia privada de Trump, en una señal bastante inusitada para los usos y costumbres en la vida política chilena, estableciendo una connivencia con el agresor que acaba de desatar una nueva guerra con consecuencias globales, y ciertamente perjudiciales para Chile. Y con quien acaba de retirar las visas a funcionarios del gobierno chileno porque sus políticas no le gustan, en un hecho insólito por su arbitrariedad y atropello a las decisiones independientes del Estado de Chile.

La alineación ya se venía produciendo en materia de propósitos, especialmente en la orientación a gobernar deliberadamente para los intereses de las oligarquías, como ya se puede presumir con los ministros nombrados que provienen de los principales conglomerados empresariales.

Pero ahora también parece augurarse una convergencia de métodos, con una escalada disruptiva y provocadora en la que se inscribe lo que acaba de hacer Kast exigiendo retractarse al presidente Boric por haber afirmado que efectivamente le mencionó el tema del proyecto de cable digital con China. Kast termina retirándose de la Moneda de manera abrupta y bastante poco educada. Y suspendiendo todas las reuniones de traspaso de gobierno, lo que francamente no tiene sentido alguno.




¿Augura esto una lógica de confrontación por cualquier cosa para saturar de conflictos la esfera pública e inclinar las instituciones hacia el autoritarismo en los próximos cuatro años?

Todo esto es más que lamentable para Chile, su estabilidad y sus tradiciones democráticas y de independencia nacional.

Entre tanto, el sentido común contrario a las guerras de agresión y favorable al respeto de la legalidad internacional hoy parece extemporáneo frente a la avalancha imperial trumpista, seguida con entusiasmo por extremas derechas cada vez más agresivas en el mundo, incluyendo Chile. Son los tiempos que toca vivir, en los que sobre todo no se debe perder la brújula sobre los valores humanos primordiales a defender.

En ese sentido, como pocos en la escena internacional, está actuando Pedro Sánchez, el presidente del Gobierno español.

Trump acaba de amenazar con un “embargo” a España y un corte de toda relación comercial luego que el Gobierno de coalición progresista de Sánchez rechazara que Estados Unidos utilice las bases militares de uso conjunto de Rota y Morón. “Podríamos utilizar sus bases si quisiéramos. Podemos volar hasta allí y utilizarlas. Nadie nos va a decir que no las utilicemos. No tenemos por qué hacerlo. Pero se mostraron hostiles, así que les dije que no queríamos hacerlo”, ha manifestado Trump. “Así que vamos a cortar todo el comercio con España. No queremos tener nada que ver con España”.

Esto ocurre en el marco de la escalada bélica desde que el pasado sábado Israel y Estados Unidos lanzaran ataques masivos contra Irán y matasen al ayatolá Ali Jamenei, seguido por los bombardeos de Israel en el Líbano y la renovada ocupación de territorios en el sur de ese país como parte de la violenta guerra de expansión colonial y de apartheid sin fin que lleva a cabo en nombre de su seguridad nacional y étnica. “Estamos ganando”, ha asegurado hoy el secretario de Defensa estadounidense, Pete Hegseth, para quien Estados Unidos y su aliado Israel están a punto de hacerse con el control absoluto del espacio aéreo iraní. “En unos pocos días, en menos de una semana, las dos fuerzas aéreas más potentes del mundo tendrán control completo de los cielos iraníes, no tendrán rival en ese un espacio aéreo. Eso quiere decir que volaremos todo el día, toda la noche sobre Irán y encontraremos y destruiremos los misiles y la base industrial de Defensa del ejército iraní. Encontraremos y destruiremos a los líderes y los líderes militares, volaremos sobre Teherán, sobre Irán, todo el tiempo que queramos, hasta que nos apetezca”.

La amenaza lanzada este martes a España por Donald Trump no es la primera. Ya en enero de 2025 amenazó con “aranceles del 100%” al encuadrar a España equivocadamente entre los BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica). Luego amagó con imponer aranceles porque Madrid no había incrementado el gasto en defensa al 5% del PIB y deslizó la idea de que España debería ser expulsada de la OTAN: “España es el único (que no paga), tiene que ser castigada por eso”, dijo tras reunirse con Javier Milei.

Frente al hecho que Estados Unidos e Israel atacaran a Irán, que a su vez “respondió bombardeando de forma indiscriminada nueve países de la región y una base británica situada en un Estado europeo, en Chipre”, Pedro Sánchez ha declarado que “la posición del Gobierno de España ante esta coyuntura es clara y consistente. Es la misma que hemos mantenido en Ucrania o también en Gaza. En primer lugar, no a la quiebra de un derecho internacional que nos protege a todos, especialmente a los más indefensos, a la población civil. En segundo lugar, no a asumir que el mundo solo puede resolver sus problemas a base de conflictos, de bombas. Y finalmente, no a repetir los errores del pasado. En definitiva, la posición del Gobierno de España se resume en cuatro palabras: no a la guerra”.

Y ha recordado la guerra de Irak: “Hace 23 años, otra administración estadounidense nos arrastró a una guerra en Oriente Medio. Una guerra que, en teoría, se dijo entonces se hacía para eliminar las armas de destrucción masiva de Saddam Hussein, llevar la democracia y garantizar la seguridad global, pero que, en realidad, visto en perspectiva, produjo el efecto contrario. Desencadenó la mayor oleada de inseguridad que ha sufrido nuestro continente desde la caída del Muro de Berlín. La guerra de Irak generó un aumento drástico del terrorismo yihadista, una grave crisis migratoria en el Mediterráneo oriental y un incremento generalizado de los precios de la energía y, por tanto, también de la cesta de la compra, del coste de la vida. Ese fue el regalo del trío de las Azores a los europeos de entonces. Un mundo más inseguro y una vida peor”.

Para Sánchez, “la pregunta no es si estamos o no a favor de los ayatolás. Nadie lo está. Desde luego, no lo está el pueblo español y, por supuesto, tampoco el Gobierno de España. La pregunta, en cambio, es si estamos o no del lado de la legalidad internacional y, por tanto, de la paz. La ciudadanía española siempre repudió la dictadura de Sadam Hussein en Irak, pero no por ello apoyó la guerra de Irak, porque era ilegal, porque era injusta y porque no supuso una resolución real a casi ninguno de los problemas que pretendió resolver. Del mismo modo, nosotros repudiamos al régimen de Irán que reprime, que mata vilmente a sus ciudadanos, particularmente a las mujeres. Pero al mismo tiempo rechazamos este conflicto y pedimos una solución diplomática y política. Algunos nos van a acusar de ser ingenuos por hacerlo, pero lo ingenuo es pensar que la solución es la violencia. Ingenuo es creer que las democracias o el respeto entre naciones brotan de las ruinas. O pensar que practicar un seguidismo ciego y servil es una forma de liderar. Al contrario, yo creo que esta posición no es en absoluto ingenua, es coherente y por tanto, no vamos a ser cómplices de algo que es malo para el mundo y que también es contrario a nuestros valores e intereses, simplemente por el miedo a las represalias de alguno”, en referencia a las amenazas de Trump de bloquear el comercio con España.

Sánchez ha apelado a su vez a valores progresistas. “No va a salir un orden internacional más justo, ni tampoco va a salir de ella salarios más altos, ni mejores servicios públicos, ni un medio ambiente más saludable. De hecho, lo que de momento podemos vislumbrar son más incertidumbre económica, subidas de precio de petróleo y también del gas. Por eso desde España estamos en contra de este desastre, porque entendemos que los gobiernos estamos aquí para mejorar la vida de la gente, para aportar soluciones a los problemas, no para empeorar la vida de la gente. Y es absolutamente inaceptable que aquellos dirigentes que son incapaces de cumplir con ese cometido usen el humo de la guerra para ocultar su fracaso y llenar de paso los bolsillos de unos pocos, los de siempre. Los únicos que ganan cuando el mundo deja de construir hospitales para construir misiles”.

Y también ha reivindicado que su posición no es aislada: “millones de personas en todo el mundo están con la paz y la prosperidad”, agregando que “vamos a trabajar con nuestros aliados europeos en una respuesta coordinada y que pueda ser definitivamente eficaz. Y vamos a seguir trabajando para lograr una paz justa y duradera en Ucrania y en Palestina, dos lugares que merecen no ser olvidados….Tenemos que exigir toda la resolución a Estados Unidos, a Irán, a Israel, para que paren antes de que sea demasiado tarde. Lo he dicho en muchas ocasiones y lo repito ahora, no se puede responder a una ilegalidad con otra, porque así es como empiezan los grandes desastres de la humanidad… Por tanto, debemos aprender de la historia y no podemos jugar a la ruleta rusa con el destino de millones de personas. Las potencias involucradas en este conflicto deben cesar inmediatamente las hostilidades y apostar por el diálogo y la diplomacia. Y los demás debemos actuar con coherencia, defendiendo ahora los mismos valores que defendemos cuando hablamos de Ucrania, de Gaza, de Venezuela o de Groenlandia”

 

Gonzalo Martner



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Gonzalo Martner

Economista, profesor de la Usach, expresidente del PS.

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