
Telón
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Así recuerdo que terminaban las transcripciones de la obras de teatro, allá en los ahora lejanos tiempos cuando estudiaba en el liceo. De alguna manera—siguiendo esta analogía teatral— hemos llegado al fin de una pieza cuyo título aun no está definido: ¿La perpetua transición? ¿La esperanza de un país más igualitario? De cualquier modo, el telón ha caído, lo que ahora siga es otro tinglado, con otros actores y con una trama que uno la puede intuir, pero que a lo mejor puede ser peor que como la imaginamos.
En política a veces se discute sobre cuán importantes pueden ser los símbolos. Quizás hay momentos en que exageramos su importancia, en otras, sin embargo, los subestimamos y con ello también corremos riesgos. Es altamente posible que un hombre como José Antonio Kast, un ferviente católico, sea también dado a valerse de símbolos para hacer ver algunos de sus puntos de vista. Esto a propósito del pequeño debate que se levantó respecto a la banda presidencial que él se ciñó el día de su asunción, que llevaba también el escudo nacional. Un debate pequeño porque en estricto rigor ni la constitución, ni las leyes ni los reglamentos del caso dicen cosa alguna sobre el dichoso escudo. No lo prescribe, pero tampoco lo prohíbe. No era necesario ir a consultar a Contraloría sobre el caso, era más bien de sentido común que el nuevo mandatario podía poner el escudo en su banda. La verdadera cuestión en este caso es por qué, y qué se simbolizaba con ello.
Por lo que se sabe, el antecedente más cercano sobre ese detalle en el accesorio lo presenta Augusto Pinochet quien lució el escudo en su banda presidencial (en rigor, un uso ilegítimo tanto de la banda como de los otros aditamentos que ella tuviera, ya que él nunca fue elegido para el cargo). Con anterioridad, Gabriel González Videla, que gobernó entre 1946 y 1952, lució también la banda con el escudo, al menos así se lo ve en la foto oficial de ese tiempo. González Videla y Pinochet, dos personajes ampliamente conocidos por sus políticas represivas y su anticomunismo. ¿Hay algo que Kast nos quería transmitir con esa simbólica asociación?
Sin embargo, creo que tampoco hay que correr a llenarse de especulaciones que sólo pueden interferir en la articulación de una política opositora efectiva. En esto es necesario distinguir entre lo meramente accidental y, por tanto, secundario, y lo que es esencial y que sí debe requerir especial atención. Que la ahora Primera Dama—en un gesto populista, sin duda—haya ayudado a servir los platos en el comedor de La Moneda es a lo más un hecho anecdótico, el cual no vale la pena comentar. Esas pequeñas incidencias pueden ser material para memes en las redes sociales—como efectivamente lo ha sido, algunos muy divertidos— pero en la ahora oposición hay que ocuparse de otras cosas.
El telón ha bajado y eso significa que hay un nuevo escenario en la cual muchas cosas cuyo significado parecía bien establecido, ahora hay que entrar a defender. El caso de los abusos cometidos por la policía durante el estallido social es un buen ejemplo. En una entrevista el presidente adelantó que pensaba indultar a aquellos policías condenados por haber cometido abusos cuando reprimían las manifestaciones en esos días. En El Mercurio de este pasado domingo Carlos Peña—a quien no se le podría acusar de izquierdista—hace una clara separación entre cumplimiento del deber y delitos cometidos durante el cumplimiento de un deber. Una manera muy clara de cuestionar la aseveración de Kast de que, a diferencia de los participantes en las manifestaciones durante el estallido social e indultados por el presidente Gabriel Boric, los probables indultados de Kast sería gente sancionada por “cumplir su deber”. Evidentemente no es el caso, como Peña hace ver. Aun cuando los policías involucrados en esas conductas tenían por misión el dispersar a los manifestantes, esa tarea debía hacerse en el marco de lo que la ley permite. Ciertamente dejar a unos cuantos manifestantes con serias lesiones oculares, por ejemplo, no podía considerarse un legítimo procedimiento para dispersar a una multitud. Dice Peña en referencia a esos policías que podrían ser indultados: “Todos ellos han sido condenados no por cumplir con su deber o por ejecutar un mandato del Estado. La condena ha sido porque con ocasión de ejecutar un deber, cometieron un delito, es decir, ejecutaron una conducta con el propósito de causar daño, y lo causaron. Y a juicio de los tribunales no había ni excusa ni justificación para hacerlo.”
Como he señalado anteriormente, el gobierno de Kast no necesita (o no debiera necesitar, debo aclarar) del salvaje despliegue represivo de los años de la dictadura. El grado de conciencia social y política, elemento que gatilla una verdadera movilización popular, no es ni la sombra de lo que fue hasta el tiempo de la Unidad Popular. Sin embargo no se debe nunca desestimar el rol de agitación que los sectores más extremos de la derecha (rayanos en lo criminal) pueden llegar a desplegar y como esos nuevos actores en este incierto escenario, pueden recurrir a acciones destinadas a amedrentar a los opositores. En este sentido ya se denunciaron amenazas contra personas de militancia comunista, el extraño episodio del cadáver de una mujer depositado en la puerta de la casa de la alcaldesa socialista de Quinta Normal puede ser un mero hecho policial o puede entrañar otros aspectos, incluso el también extraño incidente que ha afectado al ex constituyente Rojas Vade—un individuo que hace ya mucho tiempo no tenía mayor envolvimiento político—es llamativo (al momento que escribo esta nota la policía investiga diversas hipótesis, incluyendo un auto-atentado, pero sin descartar motivos políticos u homofóbicos en caso de haber sido un ataque real).
En esta nueva pieza que se estrena ante nosotros, hay probablemente muchos elementos que se salen de los escenarios previsibles del pasado. Y la pregunta que ello trae es si se está preparado para él. Lo que debe llevar a la pregunta sobre si en especial en la izquierda habrá capacidad de respuesta. Algunos hasta casi ya dan por muertos a una izquierda y un progresismo—si queremos ampliar el espectro—que parecen fragmentados y con muchas disensiones internas, pero ya que estamos usando analogías teatrales, esperemos que de ese conglomerado político se pueda decir la frase (mal atribuida a Zorrilla o Tirso de Molina, según Adolfo Bioy Casares), “los muertos que vos matáis, gozan de buena salud.”
Sergio Martínez (temporalmente desde Ñuñoa, Chile)





