
Jeannette Jara acerca de Galvarino Apablaza: sacándose el muerto
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Jeannette Jara se inhibe de una manera torpe tanto como traidora, de opinar acerca de lo que sucede con Galvarino Apablaza, del cerco que se ha tendido sobre él, de la fruición con que la ultraderecha asiste a su posible extradición a Chile y a quien la ignara vocera gubernamental da por condenado.
Peor aún, desconoce en Galvarino algo que en este país saben hasta la piedras: que se trata de un antiguo, histórico, ejemplar y mítico comunista. Militante o no, es de otro cantar.
¿El Partido Comunista dirá algo respecto de las declaraciones de la señora Jara?
Lo que diga la ultraderecha está en el repertorio histórico de un sector de la sociedad en donde nace toda violencia, segregación, explotación. Quienes han puesto los asesinados desde que los tercios españoles aparecieron sobre los cerros, han sido aquellas gentes que se han adueñado de riquezas, tierras y seres humanos, contraviniendo lo que mienten aferrados a un crucifijo, día por medio.
De manera simultánea, esos sectores de poderosos de tarde en tarde encuentran en aquellos que por definición son sus víctimas, aliados que, por dos chauchas, un saludo o por congraciarse en la comunidad de buenos vecinos, retransmiten de buena gana las ideas cavernarias y, sobre todo, contrarias al pueblo, sus luchas y sus héroes.
Esta conducta no es solo de ahora: justo por estos día el mundo cristiano recuerda a un perseguido que es asesinado luego de ser traicionado por uno de los suyos y negado por otro.
No hay quien crea que la señora Jara no sabe quién es Galvarino Apablaza, su proezas de combatiente popular, su historia de desprendimiento y decisión, su aporte a la historia que vale la pena en nuestra vapuleada y traicionada América Latina.
Porque Galvarino ha hecho más de lo que podría hacer en varias generaciones sujetos como la excandidata que se ha permitido despreciar a quien no ha hecho otra cosa que ser consecuente con las ideas del partido en el cual milita la excandidata.
Puede que las ideas que ha enarbolado Galvarino y los que son como él en historia y decisión, estén a la baja. Y en gran medida ha sido por la cobardía de personas como la señora Jara que utiliza su condición de militante comunista como una cosa de quita y pon según el favor del viento.
Pero, como sentenció uno de los grande de este país y del mundo, la historia la hacen los pueblos. No gente como Jara.
Lo que quedará aconchado en la memoria del pueblo son aquellas personas que dispusieron lo mejor de sus vidas para luchar por la emancipación de los desposeídos. Quienes jamás pensaron ni en recompensas ni reconocimientos ni en puestos ni en dietas.
Los traidores se quedarán siempre en la sentina de la historia, aunque por un momento su cobardía brille con el oropel de lo falso.
La señora Jara dice que no va a cargar con ese muerto, refiriéndose torpe y desaliñadamente a nuestro querido camarada. Y quizás, efectivamente, no sepa de quien habla. Y quizás, sabiéndolo, ve retratada su poca cosa en un hombre grande, valiente, heroico que ha sabido dónde y cómo hacer verdad las consignas y la teorías.
La señora Jara debería ser expulsada de su partido si esa tienda aún mantiene cierto decoro y el respeto que siempre ha tenido con las personas que han hecho historia por la vía de ofrecer su vida por las causas mayores.
Alguna vez, cuando se cuente la historia de verdad, esa que fluye de boca en boca en las humildes mesas del pueblo, se contara el desprendimiento, valor, audacia y capacidad de los héroes del pueblo que jamás arriaron su banderas tras el mundo mejor que merecemos y soñamos.
De la señora Jara no se contará nada de qué sentirse orgullosamente herederos.
Ricardo Candia Cares





