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Kast y el amparo de los golpistas

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Conocer toda la verdad y esperar justicia ha sido un recorrido extremadamente largo en el tiempo.

Eso no es justicia eso se define como impunidad. Jamás en la historia de Chile se había visto tanta criminalidad desatada.

Un país que en los primeros meses después del golpe constató cómo los militares fueron degollando, fusilando, quemando vivos a seres humanos, torturando sin juicio a hombres, mujeres y niños, ya quedó en la memoria más oscura del país. Los asuntos en esos tiempos tienen sus nombres y apellidos. Millones de personas agredidos bajo el dominio de un sector armado y rabioso con evidentes signos sicóticos bañados entre estrellas y laureles, mostró la criminalidad con la que han vivido en la memoria de tanta y tantas familias desde siempre.

Para llegar a convertirse en un regimiento de criminales y bárbaros tuvieron primero que asesinar a su comandante en jefe, René Schneider, para luego premiar a los responsables concediéndoles el indulto. Los sicarios civiles y militares reconocieron que las armas fueron entregadas en la embajada de los Estados Unidos.




En aquel vil asesinato además de la presencia extranjera también estuvieron presente generales chilenos, pares del comandante en jefe. De honor nada, un antro de traidores con miserable pasado, militares agazapados esperando la ordenes de una potencia extranjera para saltar en defensa de oscuros intereses.

Más abajo la tropa obligados a escucharlos y bajo la obediencia debida ser cómplices sin saber los motivos. La ignorancia y la información parcelada y sesgada tiene el beneficio de la manipulación.

Carlos Prats y su esposa fueron víctimas de la desbordada demencia que miraba al país desde los últimos pisos del edificio de lo que había sido la UNCTAD TERCERA. Los mastines trabajaban con el lema de: caza al hombre. Pinochet ordenó la instalación de los explosivos que hicieron volar a uno de los militares más destacados del siglo XX, Manuel Contreras seleccionó a los sicarios.

Quedó escrito en la historia de la humanidad lo perverso y criminal del dictador, también toda la evidencia del ladrón. No fue ufano su paso por los cuarteles, todo lo contrario. No fue fácil vivir tantos años bajo el imperio de una cáfila de militares que bajo pretexto del honor patrio y de una falsa e intachable moral castrense que asaltaron como hienas lo dineros fiscales.

En el Informe Rettig está redactado todo lo sucedido con la vida de miles de chilenos. Esa es la verdad histórica, el grito irrefutable de la condena.

José Kast hoy desde la presidencia del país, ha demostrado siempre una falta de rigurosidad en su proyecto político por llamarlo de alguna manera. Lo hace desde la clase dominante y trabajando para la ganancia. Su paso por el congreso no fue destacado, formaba parte de la patota que se juntaba para jugar un partido de futbol donde de tarde en tarde agarraba camiseta. Y tal como lo dijera su actual consejero fue un parásito más entre esos algunos elegidos que pululan por los pasillos encerados del congreso.

El actual presidente de Chile no condena el golpe militar, lo defiende. Grita que la primera dictadura comunista fue durante el periodo 1970-1976, Salvador Allende fue interrumpido en el tercer año de su periodo presidencial.

El fundador del partido republicano no condena las atrocidades ejecutadas por los uniformados, el las considera acciones necesarias para la pacificación del país. Apostó por defender la paz de los cementerios.

Sin duda sus constantes visitas a la cárcel donde habitan los militares acusados de crímenes de Lesa Humanidad. Afirmar que son buenas personas y que fueron condenados fuera de las normas del debido proceso, es delito de ignorancia

José Kast no puede abandonar a sus referentes en lo que para él es lo más sustantivo, la lucha contra el comunismo y la defensa a ultranza del modelo capitalista en su expresión neoliberal.

Se debe hacer presente que por primera vez en un nuevo periodo parlamentario hayan aparecido uniformados retirados y bajo las banderas de la extrema derecha. Los militares convertidos en elegidos parlamentarios no adhirieron a los postulados republicanos el último día, eran militantes desde cuando usaban uniformes y ordenaban apaleos a los que protestaban. Los militares no son ni imparciales, ni apolíticos, ni obedientes. Son serviles y mano de obra dispuesta del país de la bandera con barras y estrellas.

La extrema derecha usará todos los medios para que Punta Peuco baje las cortinas y la criminalidad descanse con un chal en las rodillas, al igual del que se paró de su silla de ruedas y caminara entre los aplausos de sus pares luego de haber estado preso en Londres.

Las medidas tomadas en los primeros meses nos aseguran que este gobierno hará todos los esfuerzos para debilitar los proyectos que se redactaron para avanzar en dar respuestas a los casos pendientes en Derechos Humanos. Y será así sencillamente porque los actores políticos en el gobierno pertenecen a la bandada de aduladores y negacionistas de la criminalidad militar.

Los tiempos están abiertos para los enfrentamientos donde se espera que la verdad se imponga y que la justicia tenga el final que se espera. Desde la casa grande de Morandé con el poder que da la presidencia, sus posiciones adquirirán las vestimentas del negacionismo y desde las poltronas parlamentarias buscarán los artilugios para salvar la criminalidad con la cual fue azotada el país durante la dictadura sin el más mínimo respeto por la vida.

 

Pablo Varas

 

 

 

 

 

 



Pablo Varas

Escritor
  1. Felipe Portales says:

    Sin duda que hay que luchar por que el gobierno de Kast no indulte a criminales de lesa humanidad que ni siquiera han sido capaces de expresar arrepentimiento ni de colaborar mínimamente con el esclarecimiento de las más de mil personas que ellos torturaron, mataron e hicieron desaparecer. Pero ello no nos debe hacer olvidar que los gobiernos de «centro-izquierda» que hemos tenido desde 1990 -y particularmente los de la Concertación- no sólo lucharon denodadamente en favor de la impunidad de Pinochet, sino que además buscaron -infructuosamente, gracias a las agrupaciones, organizaciones y abogados de derechos humanos- aprobar leyes que disminuyeran sustantivamente las condenas por violaciones de derechos humanos o que ¡virtualmente prorrogaran, después de un cierto plazo, la auto-aministía de 1978! Ellas fueron el Acuerdo-Marco (1990), el proyecto de Ley Aylwin (1993), el proyecto de Ley Frei (1995), el Acuerdo Figueroa-Otero (1995); el Acuerdo de la Comisión de Derechos Humanos del Senado (1999); el proyecto de ley de inmunidad de Lagos (2003); y el Acuerdo de senadores concertacionistas y aliancistas de 2005; el cual fue reflotado en 2007. Esto, además de otras iniciativas promovidas por autoridades como las propuestas del Presidente del Senado (Gabriel Valdés) y de la Cámara (José Antonio Viera-Gallo) a fines de 1991.

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