
El matón del barrio: cuando la democracia no da abasto
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Las versiones difieren en lo fundamental. Mientras el diputado afirma que fue una persona de izquierda el que lo golpeó y le espetó una curiosa consiga revolucionaria, la pareja del presunto agresor dice algo diametralmente opuesto. Que habría sido empujada y agredida verbalmente por el parlamentario, lo que le valió el combo del marido de la ofendida. El club deportivo agrega un pelo a la leche: jamás lo invitaron y que el honorable andaría medio cocido.
Otros testigos dicen que habría hecho comentarios burlescos sobre Pinochet antes del entrevero.
Hace algunos días el diputado Javier Olivares acusó a Lorena Pizarro de hostigamiento y faltas de respeto cuando la también diputada, que es hija de un detenido desaparecido, le reconvino el uso de la capa de Pinochet, evidentemente usada para provocar, ofender y reivindicar la macabra obra del dictador.
Las conductas del diputado Javier Olivares, y él mismo como miembro de una corporación pilar de esta supuesta democracia, suman los síntomas más evidentes y fétidos de la enfermedad que sufre esta democracia tembleque, débil y fallida, luego de más de treinta años de intentos que solo han terminado en una vuelta en redondo hasta volver al fascismo más peligroso.
De haberse consolidado de verdad un retorno a la democracia luego de la dictadura, sujetos como Javier Olivares jamás habrían tenido la más mínima opción de haberse transformado en lo que ahora son y jamás habrían sido capaces de burlarse de las víctimas de la crueldad del tirano usando para el efecto una tétrica capa que alude al dictador.
Esa gente, en una democracia sana y de verdad, debería estar purgando justa sentencia en la cárcel. Averigüe qué le pasaría en Alemania a un imbécil que se atreviese a reivindicar de algún modo a Hitler.
La libertad de opinión no puede tener un alcance en el que se reivindica a un asesino y ladrón y se burle de sus víctimas. Esas mismas burlas usaba el dictador en sus tiempos de gloria. Usted podrá recordar aquello de la economía a la que aludió cuando fueron encontrados cuerpos de asesinados sepultados de a dos por tumba.
Queda en claro la oscura cobardía del diputado.
Por eso no es extraño que lo sucedido con el honorable Javier Olivares se perciba como una elemental forma de justicia en su estado más básico: un combo bien dado.
Sobre todo, si el legislador, uno entre varios más, haya hecho gala de una crueldad sin nombre en contra de familiares de víctimas de la dictadura, niegue lo hecho por el tirano y reivindique su accionar, se burle de sus víctimas y luego de todas esas acciones de suyo violentas y agresivas, quiera esperar que no haya quien responda a esa violencia y a esas provocaciones.
Ni las razones ni la inteligencia pueden superar lo que hace un golpe bien dado a un infame.
Javier Olivares no se ha quedado en chicas para mostrarse como el matón del barrio que arranca llorando cuando le sale gente al camino. Y ahora se le cae el tinglado de mentiras, propias de un cobarde.
Pero, esas conductas miserables de sujetos miserables hablan de cuestiones más de fondo, y que superan las andanzas de un matón de poca monta.
Tiene que ver con la baja calidad ya no de la política, cuestión que está por demás demostrada, sino que de la democracia como ordenamiento que pretende la construcción de un país basado en derechos, deberes y valores, que releva la vida humana y sus condiciones, en la que se respeta al otro y se sanciona al delincuente.
Y se relaciona íntima y dramáticamente también con el desastroso fracaso de lo que se dijo era la transición a la democracia y que, luego de treinta años, solo recuperó lo esencial de la dictadura.
Por más que resulte duro, y que a algunos les parezca injusto que se diga, el legado de Gabriel Boric y su coalición, que ahora mira para otro lado por vergüenza y cobardía, los seña por responsables de la irrupción de sujetos como Olivares.
Quizás aun haya por ahí quienes serían capaces de superar este momento gris y amargo que ya ha sido demasiado largo, o esto se cae de un momento a otro.
Ricardo Candia Cares





