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El factor Trump en la caída de Bachelet: ¿qué sabía Kast cuando Chile retiró su candidatura?

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El fracaso de la candidatura de Michelle Bachelet a la Secretaría General de Naciones Unidas comienza a adquirir una dimensión distinta. Ya no se trata solamente de explicar cómo una expresidenta chilena terminó con un voto favorable y once negativos en el straw poll del Consejo de Seguridad. Las declaraciones conocidas después de su retiro abren otra pregunta: ¿qué sabía el gobierno de José Antonio Kast sobre la oposición de Estados Unidos cuando decidió quitarle el respaldo de Chile?

El excanciller y exembajador Juan Gabriel Valdés ha colocado directamente el problema sobre la mesa.

Valdés, que participó en las gestiones internacionales por Bachelet, afirmó que Estados Unidos comunicó de manera frontal que no tenía intención de recibir a la expresidenta y que se oponía radicalmente a su candidatura. También sostuvo que la decisión de Kast de retirar el patrocinio chileno fue determinante para debilitarla.

Pero fue todavía más lejos al interpretar la relación entre ambas decisiones.




“Yo creo que el Gobierno del Presidente Kast lo que le dijo a EE.UU. fue ‘usted vete nomás, porque yo la voy a retirar’”, declaró.

Valdés asumió expresamente la responsabilidad por esa afirmación y luego introdujo una precisión fundamental: reconoció que esa conversación, descrita literalmente de esa manera, pudo no haber existido. Su argumento es que esa era, a su juicio, la comprensión política existente entre ambos gobiernos.

No es, por tanto, la revelación documentada de un pacto entre Donald Trump y José Antonio Kast. Pero es una acusación política de enorme gravedad formulada por quien fue canciller de Chile y embajador en Washington y Naciones Unidas, y que además participó en las gestiones de la candidatura.

La pregunta queda abierta: ¿existió alguna comunicación entre Washington y Santiago respecto de Bachelet antes de que Chile retirara su respaldo?

Estados Unidos fue la excepción

Hay hechos nuevos que vuelven esa pregunta inevitable.

Once excancilleres y exsubsecretarios de Relaciones Exteriores revelaron este lunes que Bachelet consiguió interlocución con altas autoridades de todos los miembros permanentes del Consejo de Seguridad menos uno: Estados Unidos.

China, Rusia, Francia y Reino Unido aceptaron recibirla.

Estados Unidos no.

Los cancilleres de Brasil y México realizaron incluso una gestión formal para conseguir una audiencia de Bachelet con una alta autoridad de la administración Trump. Según la declaración de las exautoridades chilenas, la petición ni siquiera recibió respuesta.

El representante estadounidense ante Naciones Unidas entrevistó a la mayoría de los candidatos, pero tampoco recibió a Bachelet.

Valdés agregó un antecedente todavía más explícito. Según su relato, Washington comunicó que “no tenía la menor intención” de recibirla y que se oponía “radicalmente” a su candidatura.

La resistencia estadounidense, por tanto, no apareció después del fracaso de Bachelet. Estaba presente durante la campaña.

Y era conocida.

¿Qué sabía La Moneda?

Aquí comienza el problema para el gobierno chileno.

El 24 de marzo, apenas trece días después de asumir, Kast retiró el patrocinio de Chile a la candidatura que el gobierno anterior había presentado conjuntamente con Brasil y México.

La explicación oficial de Cancillería mencionó entonces la dispersión de candidaturas latinoamericanas y las “diferencias con algunos de los actores relevantes que definen este proceso”.

La expresión adquiere ahora una importancia que no tenía en marzo.

¿Quiénes eran esos “actores relevantes”?

El gobierno nunca los identificó.

Pero Estados Unidos era uno de los cinco países con poder de veto en el Consejo de Seguridad y ahora sabemos que se negaba incluso a recibir a Bachelet.

Kast sostuvo entonces que su gobierno estaba anticipando un escenario que consideraba evidente: la candidatura no prosperaría. Brasil y México, en cambio, hicieron una evaluación diferente y continuaron respaldándola.

La pregunta no es si el gobierno chileno sabía que la candidatura enfrentaba dificultades. Evidentemente lo sabía.

La pregunta es qué información tenía acerca de la posición estadounidense y cómo la obtuvo.

“¿Decidieron hacerle un favor a Estados Unidos?”

José Miguel Insulza, excanciller y exsecretario general de la OEA, formuló este lunes la pregunta de manera todavía más directa.

Insulza emplazó a Kast a aclarar si Donald Trump había comunicado su oposición a Bachelet y preguntó si el gobierno chileno decidió retirar la candidatura para evitar que Estados Unidos tuviera que ejercer posteriormente un veto.

“¿Decidieron hacerle un favor a Estados Unidos?”, planteó.

Es una pregunta, no una prueba.

Pero adquiere relevancia porque coincide con la información proporcionada por los otros excancilleres: Washington fue la única de las cinco potencias permanentes que cerró completamente la puerta a Bachelet.

Estados Unidos no sólo evitó comprometer su voto.

Evitó escucharla.

Kast entrega ahora otra razón

Desde Nueva York, donde participa en la Asamblea General de Naciones Unidas, Kast habló este lunes por primera vez después del retiro definitivo de Bachelet.

El Presidente reiteró su respeto por la exmandataria y recordó que Chile tampoco respaldará a ningún otro candidato.

Pero agregó un argumento político.

“Sí teníamos una diferencia en cómo enfrentar la gobernanza de las Naciones Unidas y los cambios que a futuro esperamos puedan asumir para generar más paz en el mundo”, afirmó.

La explicación es significativa.

Cuando Chile retiró el patrocinio en marzo, el énfasis estuvo puesto en la viabilidad electoral de Bachelet: demasiados candidatos latinoamericanos y dificultades con actores decisivos.

Ahora Kast incorpora una diferencia respecto del modelo de Naciones Unidas.

Ya no se trata solamente de que Bachelet no pudiera ganar.

También existían diferencias sobre qué ONU quería Bachelet y qué ONU quiere el gobierno de Kast.

La ONU de Bachelet y la ONU de Trump

Ese punto permite observar el conflicto desde otra perspectiva.

Bachelet construyó su candidatura alrededor del multilateralismo, los derechos humanos, el derecho internacional, la cooperación y el fortalecimiento de Naciones Unidas.

La administración Trump ha impulsado una orientación diferente respecto del sistema multilateral y ha cuestionado instituciones, programas y prioridades de Naciones Unidas.

Las diferencias no son menores.

También existía una oposición política concreta a Bachelet dentro de Estados Unidos. Parlamentarios republicanos habían solicitado al secretario de Estado, Marco Rubio, que Washington bloqueara su candidatura.

La resistencia estadounidense tenía, por tanto, componentes políticos e ideológicos conocidos.

Y el gobierno de Kast comparte con Trump críticas importantes al multilateralismo contemporáneo y a varias de las agendas desarrolladas durante las últimas décadas dentro del sistema de Naciones Unidas.

Esto no demuestra que ambos gobiernos coordinaran el retiro de Bachelet.

Demuestra que existía una convergencia política significativa.

El daño del retiro chileno

Los once excancilleres y exsubsecretarios han endurecido también su evaluación sobre la responsabilidad del gobierno.

Calificaron el retiro del patrocinio chileno como un hecho “inexplicable y sin precedentes” y afirmaron que constituyó un “gesto hostil” que provocó un “daño evidente” a la candidatura.

Según su declaración, la decisión generó dudas entre países que previamente habían manifestado interés en respaldar a Bachelet.

Este punto resulta difícil de medir.

No existe manera de reconstruir cómo habrían votado los quince integrantes del Consejo de Seguridad si Chile hubiera mantenido la candidatura junto a Brasil y México.

El resultado final —un voto favorable, once negativos y tres países sin opinión— revela además que el problema terminó siendo mucho más amplio que la sola decisión chilena.

Pero tampoco puede afirmarse que retirar el aparato diplomático del país de origen de la candidata careciera de consecuencias.

Bachelet recorrió prácticamente todo el Consejo de Seguridad tratando de explicar por qué podía dirigir Naciones Unidas mientras debía responder simultáneamente otra pregunta: por qué Chile ya no la respaldaba.

Kast puede decir que tuvo razón

El gobierno dispone de un argumento poderoso.

El resultado final parece confirmar su diagnóstico de marzo.

Bachelet comenzó obteniendo seis votos favorables. Después cayó a dos. En el último sondeo consiguió solamente uno frente a once votos de desaliento.

Kast puede sostener que simplemente vio antes que otros lo que terminaría ocurriendo.

Pero ese argumento contiene un problema lógico: quien retira el respaldo de Chile no es solamente un observador de la candidatura.

También interviene sobre ella.

Chile dejó de promover a Bachelet, retiró sus embajadas de la campaña y comunicó internacionalmente que no respaldaba a una candidata que semanas antes había presentado como propia.

Por eso existen dos preguntas diferentes.

Una es si Kast tenía razón cuando sostuvo que Bachelet difícilmente conseguiría los votos necesarios.

La evidencia final indica que enfrentaba una oposición muy amplia.

La segunda es si la decisión de Kast contribuyó a profundizar esa debilidad.

Los excancilleres sostienen que sí.

Lo que todavía falta saber

Hay una pieza que aún no conocemos.

¿Qué comunicaciones existieron entre el gobierno de Estados Unidos y el gobierno chileno respecto de la candidatura antes del 24 de marzo?

Valdés cree que existió una comprensión política: Washington podía bloquear a Bachelet y Santiago no estaba dispuesto a defenderla.

Insulza exige saber si Estados Unidos transmitió su intención de vetarla y si Chile decidió facilitarle la tarea retirando previamente la candidatura.

Kast ha sostenido que su decisión respondió a la evaluación que hizo su propio gobierno.

Hasta ahora no existe evidencia pública que permita afirmar que Trump pidió retirar a Bachelet ni que Kast aceptó hacerlo.

Pero sí conocemos algo que en marzo no estaba completamente a la vista.

Estados Unidos se oponía a Bachelet. Se negó a recibirla. Brasil y México intentaron conseguirle una audiencia y Washington ni siquiera contestó. Chile, mientras tanto, había retirado su patrocinio invocando, entre otras razones, diferencias con “actores relevantes” del proceso.

Y ahora Kast reconoce que además mantenía diferencias con Bachelet respecto de la gobernanza de Naciones Unidas.

La cuestión, entonces, ya no consiste solamente en determinar por qué Bachelet perdió.

También corresponde establecer qué sabía el gobierno chileno, cuándo lo supo y qué conversaciones mantuvo con Washington antes de retirar el respaldo de Chile.

Porque si la decisión fue enteramente autónoma, como sostiene La Moneda, debería ser posible reconstruirla.

Y si existió una coordinación política con la administración Trump, también debería quedar algún rastro.

Esa es la pieza que todavía falta en la historia.

 

Félix Montano

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