
Sigue en campaña: Kast lleva la disputa política chilena a la ONU y oposición cuestiona el tono de su discurso
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El presidente José Antonio Kast utilizó su primera intervención ante la Asamblea General de Naciones Unidas no solo para exponer la posición internacional de Chile, sino también para presentar ante la comunidad internacional su propia interpretación de la historia política reciente del país. El mandatario contrapuso el Chile de las décadas anteriores con un período de “malas decisiones”, describió el estallido social de 2019 como el momento en que el país “se quebró” y presentó sus primeros seis meses en La Moneda como el comienzo de una recuperación.
“Estamos ordenando la casa”, aseguró ante los representantes de los Estados miembros. “Chile está de vuelta”.
El discurso provocó críticas de dirigentes opositores, incluidos representantes que acompañaron al propio mandatario a Nueva York, quienes cuestionaron que Kast trasladara hasta la principal tribuna multilateral una narrativa destinada también al debate político interno.
La controversia plantea una cuestión que excede las diferencias partidarias: cuando un Presidente interviene ante Naciones Unidas no habla como candidato ni únicamente como jefe de su sector político. Lo hace como jefe de Estado y representante de Chile.
No existe, naturalmente, ninguna norma que impida a un mandatario referirse a la política interna de su país o cuestionar la gestión de sus antecesores. La discusión es otra: hasta qué punto una tribuna internacional destinada a representar al Estado debe ser utilizada para reproducir controversias partidarias domésticas.
“Chile se quebró”
Kast comenzó su intervención construyendo un relato histórico.
Recordó que durante décadas Chile fue considerado un ejemplo latinoamericano de estabilidad, apertura económica y reducción de la pobreza. Luego, sostuvo, el país comenzó a tomar “malas decisiones”, aumentando impuestos, regulaciones y obstáculos al emprendimiento.
El punto de quiebre de su relato fue 2019.
Kast describió el estallido social como un período en que Chile se quebró y el caos y el desorden se instalaron en las calles. A continuación contrapuso esa etapa con su llegada a La Moneda y afirmó que durante los primeros seis meses de su administración el país habría comenzado a recuperar el orden.
Aunque Kast no necesitó nombrar al expresidente Gabriel Boric para establecer el contraste, la estructura política del relato fue evidente: un Chile que había funcionado, un período posterior de deterioro y un nuevo gobierno que estaría recuperando el rumbo.
Ese diagnóstico coincide con el utilizado por Kast y el Partido Republicano durante la campaña electoral y durante los primeros meses de gobierno.
La oposición que viajó con Kast
Una de las reacciones más significativas provino del presidente del PPD, Raúl Soto, precisamente porque integra la delegación que acompaña al mandatario en Nueva York.
Soto diferenció entre las distintas partes del discurso. Consideró que globalmente había sido correcto, pero cuestionó el comienzo de la intervención por lo que calificó como un exceso de retórica y simbolismo dirigido hacia la política interna.
A su juicio, se trató de referencias que no contribuyen a unir al país y que resultaban innecesarias en ese escenario.
La observación no apareció inesperadamente. Antes de que Kast subiera al podio de Naciones Unidas, Soto había pedido que compareciera como jefe de Estado y no como jefe de su coalición, precisamente porque en Nueva York representaba también a los millones de chilenos que no votaron por él.
Álvaro Ortiz, presidente de la Democracia Cristiana y también integrante de la comitiva presidencial, calificó la intervención como “políticamente correcta”, pero consideró que algunos de sus contenidos probablemente no correspondían al momento ni al escenario escogido.
Ambos dirigentes valoraron, en cambio, aspectos de la segunda parte del discurso relacionados con la cooperación internacional y el funcionamiento de Naciones Unidas.
La crítica, por tanto, no estuvo dirigida al derecho del Presidente a expresar las posiciones de Chile, sino al uso de la tribuna internacional para prolongar el enfrentamiento político doméstico.
El Frente Amplio había advertido sobre una política exterior de Estado
La presidenta del Frente Amplio, Gael Yeomans, había planteado precisamente esa discusión antes de la intervención presidencial.
Yeomans pidió a Kast que mantuviera en Nueva York una posición autónoma, defendiera el multilateralismo y tuviera “suficiente prudencia para no sonar alineado con Estados Unidos”.
La dirigente había profundizado sus cuestionamientos dos días antes, tras el retiro de Michelle Bachelet de la carrera por la Secretaría General de Naciones Unidas.
Entonces acusó a la Cancillería de actuar desde una posición sectorial y sostuvo que el Gobierno no estaba desarrollando una política exterior capaz de representar al conjunto del país. “No hacen política de Estado”, afirmó.
La controversia por el discurso de Kast encuentra así al Gobierno en medio de una discusión previa sobre algo fundamental para la diplomacia chilena: cuánto debe cambiar la política exterior cuando cambia el signo político del gobierno y cuánto debe conservarse como política permanente del Estado.
El PS cuestiona el “criterio partisano”
La presidenta del Partido Socialista, Paulina Vodanovic, había formulado una crítica semejante en vísperas de la intervención presidencial.
Vodanovic acusó al Gobierno de abordar las relaciones internacionales con un “criterio partisano” y cuestionó particularmente la forma en que La Moneda ha manejado durante estos meses la relación con Estados Unidos y las intervenciones públicas del embajador Brandon Judd.
Este martes, en una entrevista referida al fracaso de la candidatura de Bachelet, la senadora volvió sobre el problema de fondo. Sostuvo que Kast y sectores de la derecha han utilizado el concepto de “onunismo” de manera despectiva y vinculó esa posición con las corrientes internacionales de derecha radical que cuestionan el multilateralismo.
Es precisamente ante esa misma organización que Kast realizó este martes su primera intervención presidencial.
Kast también cuestionó duramente a Naciones Unidas
La segunda parte del discurso cambió de escala.
Kast afirmó que Naciones Unidas “no ha estado a la altura de los desafíos de nuestros tiempos” y sostuvo que la organización ha sido incapaz de responder adecuadamente ante guerras y conflictos internacionales.
Propuso reducir burocracia, suspender agendas que consideró secundarias y reformar el Consejo de Seguridad, cuya estructura refleja todavía el equilibrio mundial surgido después de la Segunda Guerra Mundial.
El mandatario abordó además Venezuela, inteligencia artificial, seguridad internacional y cooperación económica, y realizó un llamado explícito a los empresarios extranjeros para invertir en Chile.
En este plano, la intervención se situó plenamente dentro de los asuntos propios de una Asamblea General: multilateralismo, conflictos internacionales, reforma institucional, desarrollo y cooperación entre Estados.
La controversia se concentró fundamentalmente en otra parte del mensaje: aquella en que Kast presentó su interpretación del pasado reciente de Chile y reivindicó la acción de su propio gobierno.
“Chile está de vuelta”
La expresión utilizada por el Presidente merece atención.
Decir que “Chile está de vuelta” supone necesariamente afirmar que en algún momento había dejado de estarlo.
Kast construyó ese contraste mediante una secuencia política: prosperidad y estabilidad, malas decisiones, estallido social, desorden y, finalmente, recuperación bajo su administración.
Es una interpretación legítima dentro del debate político chileno, pero está lejos de constituir una lectura compartida transversalmente sobre la historia reciente del país.
El propio escenario económico actual introduce además matices importantes en esa afirmación. Chile enfrenta un mercado laboral deteriorado y el Ejecutivo acaba de ordenar la elaboración de medidas para enfrentar el desempleo. Las encuestas muestran también un deterioro de las expectativas económicas y de la evaluación gubernamental.
Presentar que “Chile está de vuelta” constituye, por tanto, una afirmación política del Gobierno, no una constatación consensuada sobre la situación nacional.
¿Presidente de un sector o jefe de Estado?
Esta es probablemente la discusión más importante que deja el debut de Kast en Naciones Unidas.
Todos los presidentes poseen una orientación política y resulta imposible —y tampoco sería deseable— que la abandonen al cruzar las puertas de Naciones Unidas. Cada gobierno llega a la Asamblea General con su propia interpretación del mundo y de los intereses nacionales.
Pero existe una diferencia entre expresar la orientación internacional de un gobierno y trasladar al exterior las disputas que dividen a sus ciudadanos.
La tradición diplomática chilena ha intentado mantener cierta continuidad precisamente porque la política exterior compromete al Estado mucho más allá de los cuatro años de una administración.
La controversia sobre Michelle Bachelet, las sucesivas declaraciones del embajador estadounidense Brandon Judd, las diferencias dentro del propio Gobierno respecto de Washington y China y ahora el discurso presidencial ante Naciones Unidas han colocado esa tradición bajo discusión.
La paradoja apareció incluso dentro de la propia intervención de Kast.
El Presidente sostuvo que existen muchas diferencias entre izquierdas y derechas, pero que ambas deberían encontrarse en la voluntad de que Chile vuelva a crecer. Fue un llamado a la unidad pronunciado después de haber descrito ante el mundo una historia reciente del país construida precisamente sobre la fractura política.
El debate no consiste entonces en determinar si Kast podía hablar del estallido, de Boric o de las políticas de los gobiernos anteriores. Podía hacerlo.
La pregunta es otra: cuando el Presidente de la República ocupa la tribuna de Naciones Unidas, ¿habla para derrotar nuevamente a sus adversarios internos o para representar a Chile ante el mundo?
Las primeras reacciones de la oposición indican que esa discusión recién comienza.
Félix Montano
