
El precio de la ignorancia
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Cuando fue elegido el actual gobierno, la gente que lo lamentó pensó principalmente en las consecuencias en política interior. No se equivocaron, no obstante el riesgo era de mayor calado aun. El temor asomaba en los compromisos que asumiría el país en política exterior, que dada la actual coyuntura geopolítica global, sería la peor consecuencia del voto desinformado que instalaba a la ultraderecha en el gobierno, con una gran cuota de poder fáctico. No entraremos en detalles de cómo la desinformación puede transformar la democracia en una brutal fantasía y en la flagrancia de la traición, pero la generalidad será suficiente.
Chile adhirió formalmente al Escudo de las Américas el 22 de septiembre de 2026, en el marco de la Asamblea General de la ONU en Nueva York, anuncio hecho por el Presidente Kast y el canciller Francisco Pérez Mackenna.
Es una iniciativa impulsada por Trump que agrupa a 15 países.
La declaración conjunta expresa la intención de «fortalecer» al hemisferio a través de tres pilares: económico, de seguridad y de coordinación multilateral.
El texto va más allá de lo que el Gobierno chileno ha admitido públicamente (intercambio de información y entrenamiento para Carabineros y la PDI contra el crimen organizado)
El acuerdo incluye compromisos sobre control de inversiones, cadenas de suministro de minerales críticos, infraestructura digital, posiciones comunes en foros multilaterales y una eventual «acción colectiva» bajo el TIAR (Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca).
Esta decisión pseudomonárquica, conecta directamente con instrumentos que no tienen forma de tratado pero tocan materias sensibles. La Cancillería ha sostenido explícitamente que el mecanismo no tiene el carácter de un tratado tradicional, apoyándose en que el texto usa verbos de intención («declaramos conjuntamente nuestra intención») en vez de lenguaje obligacional. Precisamente por eso el gobierno asegura que no requiere aprobación del Congreso.
La adhesion al Escudo de las Américas es, en la práctica, un instrumento formalmente firmado y protocolizado, presentado como no vinculante para evitar el trámite del artículo 54 Nº1, pero cuyo contenido roza materias de defensa colectiva vía TIAR, de coordinación de política exterior, y otras, que tradicionalmente se entienden reservadas al tratado formal con intervención del Congreso.
El acto de Kast constituye una maniobra evasiva y de mala fe en la administración pública, que la legislación chilena anticipa y regula en la ley Ley Nº18.158, que exige la publicación de todos los tratados —tanto los formales como los «ejecutivos»— precisamente para dar transparencia y evitar que compromisos internacionales relevantes queden fuera del escrutinio público solo por la forma que adoptan.
Un acuerdo que efectivamente comprometa cuestiones soberanas —límites, cesión de competencias, compromisos de defensa, tratados comerciales— aunque se disfrace de «memorando» o «protocolo» no vinculante, sigue siendo sustancialmente un tratado si genera una obligación real; y tratar de evitar el paso por el Congreso mediante esa etiqueta es una violación clara a la Constitución.
PERO, todo lo anterior, y toda violación al orden constitucional, es y será intrascendente, relativizada en el parapeto de los quorum necesarios, y con un Poder Legislativo, servil y corrupto, en donde los valores realmente republicanos (en el sentido tradicional del término y no en su significado turbio y manoseado de politicastros trepadores y serviles) están arrinconados a la espera de una ciudadanía, hoy desorientada y pasiva, acomodada en la pobreza del aspiracionismo y la cobardía.
Y aquí lo más relevante de todo: no es exactamente una cuestión de quorum frente a las violaciones constitucionales, sino de las decisiones ciudadanas que colocan las herramientas fundamentales de la administración del Estado en quienes son mandatados, a través de un voto revuelto con desinformación y falta de reconocimiento de sus propios intereses.
Pero bueno, Chile es de los pocos países que no celebran su independencia, sino una simple declaración de lealtad al Rey.
Marcos Uribe

Felipe Portales says:
Y ha sido tal el grado de derechización de los seis gobiernos de la «centro-izquierda» que para intentar que el pueblo chileno ignorase lo anterior procedió a desarrollar una política de exterminio solapado y muy «eficaz» de los medios masivos de comunicación de centro-izquierda que ¡dejó a Chile hasta hoy en una situación mucho peor que durante la dictadura en términos del control monopólico de los medios por parte de la derecha! Para los jóvenes es importante recordarles que a fines de los 80 había dos diarios de centro-izquierda: «La Época» y «Fortín Mapocho»; y numerosas revistas periódicas: «Análisis», «Apsi», «Hoy», «Cauce», «Página Abierta» y «La Bicicleta», entre otras. Además, se privatizó el Canal de la «U», que podría haber sido pluralista; y se «neutralizó» TVN a través de una ley que dejó a la derecha «cogobernándolo». Y para qué hablar de la ignominia efectuada por los gobiernos de «centro-izquierda» respecto de «Clarín». Es decir, hoy toda la prensa y la TV está controlada por la derecha y expresa el discurso único neoliberal. Y gracias a los gobiernos de «centro-izquierda»…
Felipe Portales says:
Y para qué hablamos de la «fiera», engañosa y eficaz defensa de la impunidad de Pinochet efectuada por los gobiernos de Frei Ruiz-Tagle y de Lagos; y en la que el pueblo chileno fue una total víctima. ¡Defensa reconocida en su quizá más vergonzosa manifestación (el invento de la carencia de salud mental de Pinochet) por uno de sus artífices -José Miguel Insulza- a Philippe Sands y transcrita en el notable libro de este último: «Calle Londres 38. Dos casos de impunidad: Pinochet en Inglaterra y un nazi en la Patagonia» (Edit. Anagrama, Barcelona, 2025; pp. 397-9).
Marcos Uribe Andrade says:
Todos hechos incuestionables de la causa…
También existió un feroz golpe de estado el año 1973, que es la piedra fundacional de toda la estrategia de instalacion del neoliberalismoquw ha devastado la organización popular. Pero insisto: es el amplio arco del mundo trabajador el y su conformación de clase la convocada a revertir el proceso. El pueblo no puede elegir el fascismo o cualquier de sus variantes porque 10 mil ángeles malos le susurren en la oreja.
Gracias por todos los recordatorios que abundan las razones para dejar de actuar en la hipnosis de Hamelin.
Felipe Portales says:
No ha sido el pueblo chileno quien le regaló solapadamente a la derecha la futura mayoría parlamentaria a través de la Reforma Constitucional de 1989; ni quien asfixió económicamente toda la prensa de centro-izquierda; ni quien legitimó y consolidó las AFP; las Isapres; el Plan Laboral; la privatización de más del 70% del cobre, del litio (y regalándole la mitad de aquel hasta 2060), del agua, de los puertos, de las autopistas, del mar, etc.; las universidades privadas con fines de lucro; un sistema tributario regresivo y que incluso permite la evasión de impuestos (a través de la «elusión») de los más ricos; la irrelevancia de los sindicatos, juntas de Vecinos, cooperativas y colegios profesionales; la inserción solitaria y subordinada de Chile a la globalización neoliberal; etc., etc. Todo ello lo hicieron los seis gobiernos de «centro-izquierda», y las direcciones de dichos partidos, desde el PDC hasta el PC; ¡engañando precisamente al pueblo chileno! Así que culparlo a él de la situación actual es simplemente increíble…
Marcos Uribe Andrade says:
Disculpa estimado, pero este proceso que señala es una evidencia que viene de los dinales de la década del 80. En algún momento hah que hacerse cargo de su propio destino. Comparto la totalidad de los hechos que platea, no así la liberación de responsabilidad del princioal convocado a contruir su historia. Saludos y gracias por sus comentarios, que se todos modos onvitan a la reflexión.
Marcos Uribe Andrade says:
Ya que lo pone en “primero, segundo, etc.
Primero: señala que:
…“no se puede culpar a los chilenos y chilenas de la elección de Kast ya que antes han elegido a ¡seis gobiernos! proclamadamente de centro-izquierda que los han engañado sistemáticamente al haber legitimado, consolidado y profundizado el modelo neoliberal impuesto por la dictadura!”
Esta tesis, aun cuando deseable emocionalmente, es condescendiente y poco explicativa. Se puede aceptar que los gobiernos de centro izquierda profundizaron aspectos heredados de la dictadura y podemos dejar de lado provisoriamente las razones. Pero de ahí a justificar por ello la elección de un bloque definitivamente enemigo histórico extremo de los intereses populares… Creo que se sale más allá de la berma. ¿A quién deberíamos responsabilizar si no es a los chilenos y chilenas?, porque en esta categoría entramos todos los que somos y estamos.
Segundo, señala también que “Además, los grandes culpables de la desinformación y del engaño han sido precisamente los políticos y gobiernos de centro-izquierda” que “destruyeron TODA la prensa de centro-izquierda…”
Aquí no hay a quién culpar “la centro – izquierda, destruye la prensa de centro-izquierda”.
Podemos convenir que los intereses populares perdieron sus auténticos órganos políticos e ideológicos de representación, en un proceso que ya lleva una importante candidad de años (decenios).
Este escenario parece que impone la obligación a los sectores populares, de reorganizar sus orgánicas políticas, porque no es la prensa, ni los residuos políticos de la izquierda, ni de la centro-izquierda del siglo XX, los convocados a resolver la reorganización de las fuerzas populares, porque ellas -como dice- han claudicado.
El pueblo no será representado desde redención paternalista para recuperar su conciencia. El pueblo debe levantarse desde el escenario que la realidad le impone, y superar su estado de inacción, flatulencia y disipación noral, su facilismo aspiracional de fantasía y su falta de valor.
Los trabajadores y los sectores populares -en general- tienen que volver a comprender cuál es su arco de intereses comunes (de clase, en términos extensivos) y en este proceso, no ayuda la indulgencia, ni la condescendencia, ni la comprensión asistencial, porque al pueblo no lo ayudará nadie más que el pueblo mismo, y sigue siendo éste una fuerza potencial de acción transformadora, porque continua representando estructuralmente el corazón de aquello que sustenta materialmente el mismo sistema que le pasa por encima una y mil veces.
Me llama la atención la insistencia argumental en cargar los dados a la centro-izquierda, porque su conceptuación la sitúa claramente en un ámbito de ambigüedad socio-política que le es consustancial.
Lo digo de modo más radical: la principal responsabilidad no es de los aliados históricos vacilantes y oportunistas. La principal responsabilidad es de los partidos de mayor representatividad de clase trabajadora. Esto es lo terrible. Hablamos entonces de los partidos de la rimbombancia revolucionaria. Hablamos del PC. del PS y otros adyacentes, que abandonaron los vínculos activos esenciales de clase, para engolocinarse con una práctica política de superestructuras parlamentaristas, regalando el territorio a la UDI por 20 años, y hoy a los republicanos, libertarios y evangélicos por añadidura.
Puede haber muchas razones para un voto responsable y cómplice de un desastre; muchos instigadores y distorcionadores de conciencia, pero la clase es la clase, y como tal debe entenderse a sí misma, reivindicarse a sí misma y proyectarse a sí misma.
Estoy de acuerdo con todos los hechos que señala, mas no con la liberación de responsabilidad del mismo pueblo, por adversa que sea la historia, porque si damos ese paso, la autoindulgencia es peor que el peor verdugo. (Y para cerrar, no voy a decir ¡POR FAVOR!)
Felipe Portales says:
En primer lugar no se puede culpar a los chilenos y chilenas de la elección de Kast ya que antes han elegido a ¡seis gobiernos! proclamadamente de centro-izquierda que los han engañado sistemáticamente al haber legitimado, consolidado y profundizado el modelo neoliberal impuesto por la dictadura! Además, ¡los grandes culpables de la desinformación y del engaño han sido precisamente los políticos y gobiernos de centro-izquierda que a través de solapadas y «eficaces» políticas de asfixia económica destruyeron TODA la prensa de centro-izquierda que dificultosamente surgió durante la dictadura y la que surgió después: «Fortín Mapocho», «La Época», Análisis», «Apsi», «Hoy», «Página Abierta», «Punto Final», «Rocinante», «Siete», «Siete+Siete», «Plan B», etc. Y no contentos con ello privatizaron el Canal de TV de la «U» y neutralizaron TVN a través de una ley que le dio a la derecha gran poder en su Consejo. Y tampoco contentos con ello, impidieron -incluso usando medios corruptos- la devolución de los bienes ilegalmente confiscados a los dueños de «Clarín» (Víctor Pey y sus descendientes) que se comprometieron a volver a publicarlo. ¡¡Por favor!!
Marcos Uribe Andrade says:
Ya que lo pone en “primero, segundo, etc.
Primero: señala que:
…“no se puede culpar a los chilenos y chilenas de la elección de Kast ya que antes han elegido a ¡seis gobiernos! proclamadamente de centro-izquierda que los han engañado sistemáticamente al haber legitimado, consolidado y profundizado el modelo neoliberal impuesto por la dictadura!”
Esta tesis, aun cuando deseable emocionalmente, es condescendiente y poco explicativa. Se puede aceptar que los gobiernos de centro izquierda profundizaron aspectos heredados de la dictadura y podemos dejar de lado provisoriamente las razones.
¿Pero de ahí a justificar por ello la elección de un bloque definitivamente enemigo histórico extremo de los intereses populares?… Creo que se sale más allá de la berma. ¿A quién deberíamos responsabilizar si no es a los chilenos y chilenas?, porque en esta categoría entramos todos.
Segundo, señala también que “Además, los grandes culpables de la desinformación y del engaño han sido precisamente los políticos y gobiernos de centro-izquierda” que “destruyeron TODA la prensa de centro-izquierda…”
Aquí no hay a quién culpar “la centro – izquierda, destruye la prensa de centro-izquierda”.
Podemos convenir que los intereses populares perdieron sus auténticos órganos políticos e ideológicos de representación, en un proceso que ya lleva una importante candidad de años (decenios).
Este escenario parece que impone la obligación a los sectores populares, de reorganizar sus orgánicas políticas, porque no es la prensa, ni los residuos políticos de la izquierda, ni de la centro-izquierda del siglo XX, los convocados a resolver la reorganización de las fuerzas populares, porque ellas -como dice- han claudicado.
El pueblo no será representado desde redención paternalista para recuperar su conciencia. El pueblo debe levantarse desde el escenario que la realidad le impone, y superar su estado de inacción, flatulencia y disipación noral, su facilismo aspiracional de fantasía y su falta de valor.
Los trabajadores y los sectores populares -en general- tienen que volver a comprender cuál es su arco de intereses comunes (de clase, en términos extensivos) y en este proceso, no ayuda la indulgencia, ni la condescendencia, ni la comprensión asistencial, porque al pueblo no lo ayudará nadie más que el pueblo mismo, y sigue siendo éste una fuerza potencial de acción transformadora, porque continua representando estructuralmente el corazón de aquello que sustenta materialmente el mismo sistema que le pasa por encima una y mil veces.
Me llama la atención la insistencia argumental en cargar los dados a la centro-izquierda, porque su conceptuación la sitúa claramente en un ámbito de ambigüedad socio-política que le es consustancial.
Lo digo de modo más radical: la principal responsabilidad no es de los aliados históricos vacilantes y oportunistas. La principal responsabilidad es de los partidos de mayor representatividad de clase trabajadora. Esto es lo terrible. Hablamos entonces de los partidos de la rimbombancia revolucionaria. Hablamos del PC. del PS y otros adyacentes, que abandonaron los vínculos activos esenciales de clase, para engolocinarse con una práctica política de superestructuras parlamentaristas, regalando el territorio a la UDI por 20 años, y hoy a los republicanos, libertarios y evangélicos por añadidura.
Puede haber muchas razones para un voto responsable y cómplice de un desastre; muchos instigadores y distorcionadores de conciencia, pero la clase es la clase, y como tal debe entenderse a sí misma, reivindicarse a sí misma y proyectarse a sí misma.
Estoy de acuerdo con todos los hechos que señala, mas no con la liberación de responsabilidad del mismo pueblo, por adversa que sea la historia, porque si damos ese paso, la autoindulgencia es peor que el peor verdugo. (Y para cerrar, no voy a decir ¡POR FAVOR!)