
Amnistía Internacional alerta que la salida de Estados Unidos del Acuerdo de París abre una “carrera hacia el abismo” climático
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La decisión de Estados Unidos de retirarse del Acuerdo de París sobre el cambio climático fue duramente cuestionada por Amnistía Internacional, que advirtió que la medida sienta un precedente peligroso y amenaza con desmantelar el sistema global de cooperación climática construido durante más de una década.
En una declaración pública, Marta Schaaf, directora del Programa de Amnistía Internacional sobre Clima, Justicia Económica y Social y Rendición de Cuentas de las Empresas, sostuvo que la retirada estadounidense “persigue iniciar una carrera hacia el abismo” y pone en riesgo avances fundamentales logrados desde la adopción del acuerdo. A su juicio, el impacto es aún mayor considerando el peso político, económico y energético de Estados Unidos en la lucha contra el calentamiento global.
Un golpe al sistema multilateral climático
Según Amnistía Internacional, la salida de Washington no es un hecho aislado, sino parte de una estrategia más amplia de repliegue de los principales compromisos climáticos multilaterales. Junto con abandonar el Acuerdo de París, Estados Unidos ha anunciado su retiro de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC), del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) y del Fondo Verde para el Clima (GCF), pilares centrales de la gobernanza ambiental global.
Para la organización de derechos humanos, esta secuencia de decisiones “amenaza con revertir más de diez años de progresos” en la contención del cambio climático, justo cuando el planeta se aproxima —o incluso supera— el umbral crítico de 1,5 °C de aumento de la temperatura global, establecido por la comunidad científica como límite para evitar consecuencias irreversibles.
Obligaciones que no desaparecen
Amnistía subraya que, aun fuera del Acuerdo de París, Estados Unidos mantiene obligaciones jurídicas internacionales en materia climática. En particular, recuerda la Opinión Consultiva de 2025 de la Corte Internacional de Justicia, que confirmó que los Estados tienen el deber de proteger a la humanidad de los peores efectos del cambio climático, en virtud del derecho internacional de los derechos humanos.
Desde esta perspectiva, la retirada formal de los tratados no exime a Washington de su responsabilidad frente a los impactos climáticos que afectan de manera desproporcionada a comunidades vulnerables, tanto dentro como fuera de sus fronteras.
Presiones, combustibles fósiles y retrocesos
La directora del programa climático de Amnistía advirtió además que la decisión estadounidense va acompañada de actos de coacción e intimidación hacia otros países y actores internacionales para que redoblen su apuesta por los combustibles fósiles, debilitando los esfuerzos globales por una transición energética justa. Este enfoque, afirmó, no solo agrava la crisis climática, sino que socava la cooperación internacional necesaria para enfrentarla.
Activistas en primera línea
Amnistía destacó el rol clave de defensores y activistas climáticos dentro de Estados Unidos, a quienes considera ahora en la primera línea de una lucha con consecuencias globales. La organización llamó a reforzar la solidaridad internacional con estos movimientos y a acelerar la acción climática desde otros gobiernos y sociedades civiles.
“Quienes puedan alzar la voz sin riesgos deben hacerlo”, señaló Schaaf, al tiempo que instó a otros Estados a resistir las iniciativas coercitivas de Washington. “Ceder terreno ahora implica perderlo durante años”, advirtió, subrayando que ni el planeta ni las comunidades que ya sufren sequías, incendios, inundaciones y otros eventos extremos tienen margen para nuevas demoras.
Un punto de inflexión
La retirada estadounidense del Acuerdo de París, que entrará en vigor el 27 de enero en virtud de una orden ejecutiva firmada por el presidente Donald Trump en enero de 2025, marca para Amnistía Internacional un punto de inflexión peligroso. En lugar de liderazgo climático, la principal potencia mundial estaría optando por el aislamiento y el retroceso, en un momento en que la cooperación global resulta más urgente que nunca.
Para la organización, el desafío que se abre no es solo ambiental, sino también ético y político: defender el multilateralismo, la justicia climática y los derechos humanos frente a decisiones que, de prosperar, podrían profundizar una crisis cuyas consecuencias recaerán sobre las generaciones presentes y futuras





