
Nacionalismo económico o re-globalización y sus riesgos para Chile
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En un reciente articulo académico [1] se defiende la tesis principal de que la derrota del neoliberalismo en el marco de la globalización ha conducido al resurgir de un nacionalismo económico [2] donde el desarrollo económico se ve ahora directamente asociado a la Seguridad Nacional y donde la economía es vista como competencia entre países rivales.
El artículo estudia tres potencias para esto: China, EE.UU. y la Unión Europea (UE). Aunque diferentes en la manera y los tiempos en que cada potencia viene desarrollando esta estrategia, las tres muestran semejanzas en cuanto a la defensa de su industria nacional aplicando tarifas y aranceles para la protección de su industria estratégica. EE.UU. subsidia masivamente ésta y ha establecido severos controles para la importación y exportación de bienes y servicios. China ha integrado su desarrollo industrial con la defensa de sus sectores estratégicos buscando la auto-suficiencia y tomar la delantera en el desarrollo tecnológico. La UE habría aplicado de manera más mesurada estos cambios, con inversiones específicas en algunos sectores ―como la defensa por ejemplo― y marcos reguladores para sus intercambios.
Los autores del artículo señalan que en el nivel más básico, el nacionalismo económico entiende la aplicación de políticas industriales con una más o menos fuerte intervención del Estado en el desarrollo de la industria nacional para aumentar la producción, la innovación y el desarrollo de industrias de mayor valor agregado y tecnológico. Hoy asocian a éste los imperativos de la Seguridad Nacional.
Valorando las virtudes del comercio libre, el nuevo nacionalismo económico declara al mismo tiempo como esencial el desarrollo de medidas proteccionistas principalmente en la manufactura. Su desarrollo y crecimiento está asociado a la independencia nacional. Este postulado (que viene de la época del mercantilismo [3]) está presente en las políticas públicas de estas tres potencias. Más aún, la riqueza económica nacional, la seguridad nacional y la independencia nacional están intrínsecamente conectadas.
El nacionalismo económico por eso es opuesto a la globalización y a un libre comercio sin restricciones. Favorece en ese sentido el proteccionismo y colocan un fuerte acento en la autosuficiencia económica.
Los autores nos recuerdan que estas ideas no son nuevas. Son también conocidas en Africa y en A. Latina tanto en el estructuralismo [4] como en su contraparte crítica la Teoría de la Dependencia.
Las medidas que se van tomando de protección de la industria nacional y las políticas que la acompañan para su defensa chocan con la globalización, que aboga justamente por eliminar políticas nacionales que distorsionen básicamente el libre mercado en el comercio internacional y las reglas impuestas por las propias organizaciones internacionales para los intercambios.
Damos solo tres ejemplos de este nacionalismo económico. El primero: la defensa del yuan chino para favorecer sus exportaciones por parte del Banco Central de China. La segunda: los grandes subsidios del gobierno de EE.UU. a su industria de acero para hacerla más competitiva en el mercado mundial. La tercera: las numerosas intervenciones de gobiernos para evitar que algunas de sus empresas estratégicas sean compradas por empresas extranjeras.
La utilización de la seguridad nacional como argumento para el desarrollo de medidas de políticas públicas en el comercio es frecuente hoy para defenderse de la crítica de falta de mercado libre como regla del comercio internacional. Por ejemplo la defensa de la industria de los microcircuitos y semiconductores es más que una disputa comercial y tecnológica entre China y EE.UU. Afecta seriamente la industria militar de hoy, digitalizada al máximo.
A nivel global, el desarrollo de este nuevo nacionalismo económico tiene repercusiones para el resto del mundo. Para Chile también (agregamos nosotros). Porque la política industrial de los países ricos ―lo vemos hoy en el sector de punta de la economía que es la IA― supone una situación de suma cero donde el beneficio para algunos significa la pérdida para otros. Los Estados apoyan su industria nacional para hacerla más competitiva en el mercado mundial. Este es hoy por ejemplo básicamente el desafío para la UE y EE.UU. en su lucha contra China.
Hasta aquí muy resumidamente el artículo que comentamos.
El nuevo desarrollo del nacionalismo económico en los países ricos afectará los pobres
La conclusión inevitable del descrito proceso de nacionalismo económico muestra que, tal como ocurre al interior de las sociedades, la estructura de la economía mundial y el muy diferente tamaño de las economías, su grado de desarrollo tecnológico, los recursos puestos en investigación científica y aplicaciones tecnológicas, el control de los mercados financieros sobre las cadenas de suministros, solo para mencionar algunos, favorecerán todavía más a los países ricos en su desarrollo futuro, dejando atrás al resto del mundo. Las clases dominantes de los países más ricos tendrán la posibilidad de un mayor enriquecimiento en esta nueva fase del capitalismo como una forma de luchar en la defensa del neoliberalismo imperante. Sus propios gobiernos los financiarán ahora más aún de lo que ya lo hacen mediante la legislación.
¿Que posibilidades tiene de resurgir en este nuevo cuadro la globalización?
La globalización ―hoy rechazada por EE.UU.― ayuda de alguna manera a nuestro juicio a “emparejar la cancha” en las relaciones internacionales, ancladas en relaciones económicas, diplomáticas y comerciales un poco más justas, equilibradas y respetuosas del derecho internacional, donde el derecho de los más pequeños al desarrollo sea una posibilidad real. Es al menos lo que dice la definición de los países BRICS, por ejemplo, donde el dirigente máximo del país más rico de este grupo, Xi Jinping, ha expresado repetidas veces su apoyo a un comercio libre y justo para todos, libre de presiones, extorsiones y amenazas de todo tipo. Una situación donde todos ganan.
Como quiera que sea, el nacionalismo económico opuesto a la globalización, por otra parte, necesita de ella. La re-industrialización ahora pretendida necesita compradores para lo producido. Y cuanto más justos y equilibrados sean los intercambios internacionales, asemejándose más a una situación de suma cero donde todos ganan, mejores y mayores posibilidades de venta tendrán los exportadores. Un delicado equilibrio dialéctico de fuerzas contrarias que se necesitan mutuamente.
En el proceso de desarrollo de este nuevo nacionalismo económico, influenciado por su propia dinámica ocurre también un proceso de re-globalización y de defensa de un mundo multipolar. Nuevas alianzas se tejen, incluyendo política, economía, seguridad y comercio entre las potencias medias y otros países más pobres. Entre éstas están Canadá, Japón, Australia, India (en el umbral de gran potencia), Indonesia, Brasil y el trío europeo formado por Reino Unido, Alemania y Francia, como las más destacables.
Varias de estas, como aquellas de la UE por ejemplo y el Reino Unido, defienden simultáneamente un mercado mundial más o menos libre pero adaptado a sus nuevas definiciones estratégicas que impone la defensa de su industria nacional, su soberanía y su seguridad nacional.
Cambian las cadenas de suministro, ese ciclo que va desde la producción de la materia prima hasta el consumidor final, incluyendo todos los recursos que son necesarios para esto. Circuitos ahora enriquecidos por lazos comerciales inexistentes o más débiles hasta ahora, nuevas fuentes de financiamiento de proyectos, logística, etc. Y esto no solo como reacción a las políticas de aranceles y agresión económica por parte de EE.UU., sino que en respuesta a sus propias necesidades de re-industrialización que ahora procuran.
La realidad determinada por el proceso de globalización de las últimas décadas no desaparece de la noche a la mañana por imposición del imperio dominante y del nuevo nacionalismo económico en desarrollo de las potencias medias. La globalización es hoy defendida no solo por los BRICS sino que por muchos otros países, aquellos que la prensa ha llamado el Sur Global. Así por ejemplo se están adaptando a la realidad nuevas cadenas de suministros que se establecen para escapar justamente a las medidas proteccionistas de EE.UU., puesto que su influencia en el mercado mundial es todavía enorme.
Estas cadenas de suministro, particularmente aquellas de materias primas y energéticas, pasan a ser objeto de otra carrera por la conquista y el control de nuevas rutas comerciales, donde adquieren ahora una gran importancia las rutas marítimas, aquellas del sudeste asiático, las del Ártico e incluso aquella del Estrecho de Magallanes, sobre todo por los problemas que enfrenta hoy el Canal de Panamá [5].
Los cambios observados en el accionar de las potencias medias no serían posibles si no fuera porque al mismo tiempo ocurre también la lenta e inexorable pérdida de poder absoluto que tuvo EE.UU. en los últimos 30 años, después del fin de la URSS.
De allí que las potencias medias se atreven ahora a desafiar las presiones, chantajes y amenazas de EE.UU. El imperio dominante ya no les puede decir lo que pueden o no pueden hacer. El ejemplo de Canadá sea tal vez el más notorio de este desafío. La actual situación europea de sumisión económica y política a EE.UU. pareciera indicar lo contrario, pero la tendencia que se observa ahora mismo en 2026 es en el sentido que estamos describiendo, y del cual veremos más en el futuro cercano.
Pensamos que la globalización no está muerta sino revivida de las formas más diversas. Al menos en la retórica, todos los gobiernos de las potencias medias arriba indicadas han dicho de un modo u otro que el libre comercio mundial y el respeto por las reglas de la Organización Mundial del Comercio son elementos favorables al desarrollo de los pueblos (de los pueblos será cuando estos efectivamente gobiernen. No es el caso como sabemos).
La situación global hasta aquí descrita puede ser alterada en el futuro cercano. El nuevo gobierno que tendrá EE.UU. de aquí a tres años puede cambiar mucho la política de aranceles, nefasta a todas luces para sus propios intereses, además del convencimiento de que sus FF.AA. no pueden seguir presentes en todo el mundo para jugar el papel de gendarmes. Su economía no lo permite. Y con eso puede cambiar la situación económica y la inseguridad y desequilibrio actuales. Entonces podrá imponerse nuevamente la globalización. Esto, porque el capitalismo no tiene otra alternativa de subsistir sin incorporar a todo el mundo en los circuitos del comercio para la extracción acelerada de los recursos naturales hasta del último rincón del planeta, así como buscar donde desplazar la manufactura e industria a los lugares donde la mano de obra es más barata, todo esto además de una lucha por la innovación en materia de Inteligencia Artificial, la vedette en la economía mundial y el sector donde se están aplicando faraónicos recursos de capital en su desarrollo (sector actualmente viviendo en una burbuja especulativa gigante y, por ende, donde los beneficios todavía no son los esperados).
Si bien es cierto que de una parte las políticas de re-industrialización se hacen en el contexto del quiebre de la globalización que ya no convenía a EE.UU., por otra parte obligan a los países lesionados en sus intereses a buscar nuevos socios para su nuevo proceso de desarrollo industrial y manufacturero nacional. Canadá, India, Japón, Alemania, por nombrar algunos, no solo comienzan a rehacer o fortalecer sus relaciones económicas con China, permanentemente diabolizada a los ojos de EE.UU., sino que establecen asociaciones comerciales con América Latina, el Sudeste Asiático y África [6].
Véase por ejemplo el enorme acuerdo comercial entre la UE e India realizado recientemente, el que aumentará más del 100% hasta 2032 según la propia UE. O el ejemplo de Canadá y sus acuerdos con China para la venta de petróleo. Son grandes ejemplos de este proceso de diversificación de los intercambios. Todo esto no es contrario a la globalización, en tanto no representen acuerdos y tratados abusivos o claramente favorables a los países más ricos, como lo ha sido el caso de Chile con el TTP11 con la UE, donde existen cláusulas leoninas en favor de esta última. Porque globalización sin equidad y acuerdos donde todos ganan no es verdadera globalización.
Los centros de pensamiento de EE.UU. dan cuenta del mismo fenómeno de nacionalismo económico sin EE.UU. Es lo que dice la revista Foreign Affairs de diciembre 2025 / enero 2026. En un artículo titulado “Cómo sobrevivir en un mundo multialineado” dice textualmente: “Mientras Estados Unidos revalúa sus compromisos globales y cuestiona el orden internacional existente, los aliados y socios estadounidenses de larga data están buscando alternativas a las estrategias de política exterior que dependen en gran medida de Washington. Canadá, Corea del Sur y la Unión Europea han hablado de construir vínculos con una gama más amplia de países”.
Los procesos arriba descritos tienen como telón de fondo la lucha en todos los planos y en los cuatro cantos de la Tierra entre China y Estados Unidos. Los primeros en defensa de la globalización y el comercio mundial con respeto total a las reglas de la Organización Mundial del Comercio. Los segundos, en la defensa de un proteccionismo que solo podrá producir más daño todavía a su alicaída economía.
El caso de Chile y su litio
Como lo hemos dicho en otras oportunidades, Chile y su neutralidad comercial y política están en riesgo. Las recientes e inaceptables críticas del embajador norteamericano en Santiago, acerca de la instalación de un cable submarino para el envío de datos entre Chile y China, el primero de su tipo en A. Latina, es un buen ejemplo de las amenazas, la extorsión y la agresión, dichas sin pelos en la lengua, en el mejor estilo matonesco de Trump.
El fenómeno del nacionalismo económico agrega además el peligro de limitar nuestras posibilidades de acercarnos a las potencias medias en el camino del desarrollo. No tenemos los recursos necesarios ni las herramientas para ello, lo que ha sido un objetivo permanente de nuestros objetivos de inserción en la economía mundial.
Decíamos en un artículo anterior que de alguna manera nuestro litio estaba protegido con la creación de la empresa NovoAndino Litio junto con SQM, en tanto la mayor empresa china de litio (Tianqui Lithium) participa entre los accionistas de SQM con un 23%. Dicha empresa sin embargo se opuso firmemente al acuerdo de SQM con Codelco. No quería de cerca al Estado chileno por lo que ello implicaba de defensa de soberanía. Fue la Corte Suprema de Chile la que determinó que la creación de la nueva empresa no requería el voto de los accionistas de SQM. Una señal que nos recuerda cómo pretenden imponer sus intereses las multinacionales. Esas son las presiones que tendremos siempre por nuestros recursos naturales críticos para la economía mundial.
Las amenazas de EE.UU. son un riesgo existencial para Chile, porque si ellos deciden atacarnos por el litio, dada la participación china, también lo pueden hacer por el sueldo de Chile: el cobre. Un mineral tan crítico como el litio para la industria de las Tecnologías de Información.
Tratándose a nuestro juicio de una amenaza existencial, debemos actuar en consecuencia. Porque a grandes problemas, grandes soluciones.
La neutralidad de Chile mantenida con China ―su principal socio comercial― y con EE.UU. es una política que debería sin duda continuar para la defensa de nuestra soberanía. Más aún, ésta podría y debería ser reforzada de manera definitiva. ¿Cómo? Si Chile, Argentina y Bolivia, que tendrán dos gobiernos ideológicamente afines a partir del 11 de marzo, decidieran crear un Cartel del Litio, con lo que dominarían más del 30% de la producción mundial, sería una gran defensa frente a las presiones que llegan constantemente de parte de las grandes empresas.
Desde el punto de vista de las reservas de litio, nuestros tres países suman un 50% de éstas a nivel mundial, donde Chile tiene las mayores reservas mundiales con 31% del total mundial. En cuanto a producción actual, solo entre Chile y Argentina representan el 27% de esta. Y aunque la de Bolivia es pequeña, se espera que aumente rápidamente en un futuro próximo. Chile espera aumentar desde las 44.000 toneladas métricas ahora hasta las 300.000 en 2030.
Un cartel del “triángulo del litio” como se les llama a nuestros tres países, unido a una política de valor agregado construyendo plantas productoras de baterías eléctricas, grasas y lubricantes, vidrios y cerámicas, industria farmacéutica, metalurgia y aleaciones, climatización, entre otros, nos daría un impulso decisivo en nuestro desarrollo conjunto. Sería una señal de soberanía, y de defensa de nuestra seguridad nacional colectiva. Sin atacar a nadie. Sin procurar problemas con nadie. Simplemente basados en el legítimo derecho que nos ampara. El derecho a disponer de nuestros propios recursos naturales. De los renovables y los no renovables como éste, lo que hace aún más perentoria su defensa ahora.
¿De qué manera nuestros pueblos pueden presionar por definir una política pública como esta que nos defendería beneficiándonos enormemente?
Porque solos, y siendo Chile un país pequeño, lejos de la mesa de los grandes, corremos el riesgo de perder esta riqueza. Juntos con Argentina y Bolivia, la música sería otra. Porque, parodiando al Primer Ministro de Canadá, podemos decir que si usted no está sentado en la mesa, está en el menú.
Notas:
[1] “The new economic nationalism: industrial policy and national security in the United States, China, and the European Union” (Jostein Hauge et al., Departamento de Política y Estudios Internacionales, U. de Cambridge, Reino Unido, Revista Geoforum 166, 2025).
[2] Sistema de ideas políticas que favorece la intervención del Estado para garantizar la riqueza y el poder del país antes que la integración en la economía global
[3] Conjunto de ideas políticas y económicas desarrollado entre los siglos XV y XVIII donde el Estado interviene fuertemente en la economía para tener prosperidad y riqueza. Control monetario, fomento de las exportaciones, control de las importaciones para defender la industria nacional.
[4] Teoría que subraya la dependencia de A. Latina por la existencia de un Centro (países ricos industrializados) y una periferia pobre (nuestros países). Encabezada por R. Prebish en la CEPAL ha tenido gran influencia política y económica. Si se adaptara a las nuevas realidades socio-económicas mundiales, todavía muchas de sus ideas tienen vigencia.
[5] El Canal de Panamá construido por EE.UU., funciona con agua dulce que le llega de dos lagos que se están secando dada la crisis hídrica estructural debido al cambio climático. Además hay una lucha cerrada por su control entre EE.UU. y China, un alza en los costos de tránsito por el menor número de buques ahora permitido, etc.
[6] En los últimos meses hasta hoy, delegaciones del más alto nivel de Francia, Reino Unido y ahora Alemania han visitado China rodeadas de grandes grupos de empresarios que buscan diversificar sus negocios con el gigante asiático, prohibidos que estaban por la UE de relacionarse con el enemigo estratégico de EE.UU.





