
¿Quién paga la cuenta del plan neoliberal de Kast?
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El gobierno de Kast promete crecimiento a costa de bajar los impuestos a las grandes empresas. Pero no hace falta ser economista para saber que lo que el Fisco deja de recaudar lo termina pagando el pueblo. En pocas palabras: es un traspaso directo de recursos desde la sociedad hacia la clase más rica. Pinochet, convertido en instrumento económico de los neoliberales, era brutal y directo: “Hay que dejar que los ricos se enriquezcan”. Kast no hace más que seguir esa misma senda.
El pasado jueves, el presidente José Antonio Kast utilizó su primera cadena nacional para presentar lo que llamó un “Plan de Reconstrucción Nacional”: 43 medidas supuestamente destinadas a reactivar la economía, crear empleo y reconstruir las zonas arrasadas por los megaincendios. Un montaje publicitario. Una promesa vacía. Porque detrás del discurso se esconde la pregunta incómoda que el poder nunca quiere responder: si el Estado recauda menos, ¿quién financia los hospitales, las escuelas y los subsidios que hoy sostienen a millones de chilenas y chilenos?
Tres cifras para entender el negocio:
- El impuesto a las grandes corporaciones bajaría del 27% al 23%.
- A largo plazo, según expertos, solo se recupera entre el 40% y el 50% de lo que se deja de recaudar. El resto desaparece del presupuesto público.
- Hoy hay un 12% de desempleo en Chile y la mitad de los trabajadores gana $600.000 líquidos o menos (Fundación Sol).
El corazón del plan: un salvataje para los más ricos
El eje central del paquete no es la reconstrucción de Ñuble ni la vivienda popular: es una rebaja gradual del impuesto corporativo del 27% al 23%. Las grandes empresas pagarán 1,5 puntos menos en 2027, otro 1,5 en 2028 y un punto más en 2029. A eso se suma la llamada “reintegración del sistema tributario”, que permite a los dueños de empresas descontar completamente de sus impuestos personales lo que ya pagó la empresa. En definitiva: las ganancias de los empresarios quedarán casi exentas de carga impositiva.
El gobierno dice que así se incentiva la inversión. Pero exministros de Economía advierten lo que los datos demuestran: a largo plazo, solo se recupera entre el 40% y el 50% de lo que se deja de recaudar. El resto se lo traga el mercado y nunca vuelve al pueblo.
“Concentrar los incentivos en rebajas tributarias sin compensaciones claras puede agudizar el déficit”, alertó Alejandro Ferreiro, exministro de Economía del gobierno de Bachelet I.
¿Y los programas sociales? El silencio cómplice del plan Kast
Chile destina hoy más de 2,2 billones de pesos al año solo en gratuidad universitaria. Tenemos una red de salud pública que atiende a la mayoría de la población. Financiamos subsidios habitacionales, pensiones solidarias y decenas de programas para los sectores más vulnerables. Todo eso se paga con impuestos. En lugar de rebajar impuestos a los empresarios y millonarios, habría que aumentarlos.
Si el Estado recauda menos —como advierten varios economistas—, el presupuesto para la salud, la educación y la vivienda popular se desangra. El exsubsecretario de Hacienda Micco fue claro: “Los cambios tributarios del proyecto están presionando más el déficit”, y agregó que “no veo cómo se compensa la caída de la recaudación”. Matías Acevedo, exdirector de Presupuesto, pidió no agregar más riesgos al balance fiscal. Nadie del gobierno respondió con cifras concretas. Y el Consejo Fiscal Autónomo, creado para cuidar las cuentas públicas, ni siquiera fue consultado.
Medidas “para todos” que solo benefician a unos pocos
El plan elimina las contribuciones de bienes raíces para adultos mayores sobre sus primeras viviendas. Suena solidario, pero el exministro Ferreiro lo calificó de “regresivo”: en la práctica, beneficia más a los dueños de viviendas de alto valor que a la clase media. Los adultos mayores sin propiedad —los más pobres— no reciben nada.
La exención del IVA en viviendas nuevas por 12 meses busca desahogar un stock de 100 mil unidades. ¿Quién compra viviendas nuevas hoy en Chile? No la familia que vive en un campamento, ni la de trabajadores, ni tampoco la pareja de egresados universitarios. Son los sectores medios-altos y las inmobiliarias. Una inversión para acomodados. Otra vez, los de siempre.
“Lo que se busca es rebajar el impuesto sin compensación… termina habiendo menos recursos para la gente que más necesita”, denuncian desde el PS.
El mito del chorreo: una estafa neoliberal con historia
La lógica del plan de Kast tiene nombre en economía: trickle-down economics, o teoría del chorreo. La idea es que si los ricos pagan menos impuestos, invertirán más, generarán empleo y la riqueza “chorreará” hacia abajo. Es una teoría con décadas de fracasos a cuestas. Una idea vieja, podrida, que nunca ha dado resultados… salvo empobrecer al pueblo y concentrar aún más la riqueza.
El propio analista Alejandro Urzúa, de la UNAB, reconoció que el plan “no es una bala de plata” y que, en una primera etapa, los beneficios se concentran en quienes ya tienen capital. Las grandes empresas, en muchos casos, usarán la mayor liquidez para recomprar acciones, pagar dividendos o acumular utilidades —no para construir fábricas ni contratar trabajadores. Esa es la lógica capitalista, propia de un sistema en crisis que profundiza la lucha de clases.
Incluso la ASIMET (gremio industrial) admitió que “las rebajas tributarias por sí solas no garantizan un aumento sostenido de la inversión”.
La pregunta que el poder no quiere responder
El plan Kast apuesta a que Chile crezca al 4% hacia 2030 y que el desempleo baje al 6,5%. Metas que varios economistas califican irrealistas. Pero incluso si se cumplen —lo que requeriría una disciplina política imposible en un Congreso fragmentado—, el camino hasta entonces implica años de menor recaudación fiscal.
¿Qué pasa mientras tanto con las listas de espera en la salud pública? ¿Con los subsidios habitacionales? ¿Con las pensiones? El plan no lo dice. Y ese silencio no es casual: es una decisión política. Primero el mercado, después —quizás— el Estado. Y al final, siempre, los de abajo le traspasan el dinero a los ricos.
“Es una meta ambiciosa. Debemos asegurar no agregarle más riesgos a nuestro balance fiscal”, dijo Matías Acevedo, exdirector de Presupuesto de Piñera II, en el típico lenguaje neutro del tecnócrata neoliberal.
El sueño neoliberal y los movimientos sociales adormecidos
El plan de Kast no es un accidente ideológico: es la expresión más coherente de una visión donde el Estado debe achicarse para que el mercado crezca. Es neoliberalismo 100% puro. En definitiva, esto es en la práctica un gobierno de la oligarquía empresarial y de las grandes corporaciones nacionales y extranjeras, que han puesto a Kast al frente para cuidar sus ganancias, desmantelar lo poco que queda del Estado social y asegurar que siempre sean los de abajo quienes paguen la crisis con su trabajo, su salud y su futuro.
Hay que decirlo sin vueltas: durante el gobierno de Boric, los movimientos sociales —el estudiantil, el de mujeres y sobre todo las organizaciones sindicales— estuvieron mayoritariamente tranquilos, adormecidos. La ley de negociación ramal, una demanda histórica de los trabajadores, no fue aprobada. Eso no puede repetirse. Hoy, frente al plan neoliberal de Kast, esos movimientos deben hacer un balance autocrítico, retomar la iniciativa y ponerse en acción. Es condición sine qua non para cualquier cambio verdadero y para pararle el carro a esta política neoliberal que solo beneficia a la oligarquía.
En situaciones de urgencia como esta, la tarea es clara: movilizarse para ejercer presión sobre la élite política parlamentaria. Que el Congreso entienda que el pueblo no está dormido. Solo así se puede parar el plan neoliberal de Kast.





