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El regreso de Baquedano: el monumento que volvió al centro de la historia (y del conflicto)

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Casi cinco años después de haber sido retirado en medio de uno de los momentos más tensos de la historia reciente del país, la estatua ecuestre del general Manuel Baquedano regresó durante la madrugada de este martes a la plaza que lleva su nombre, en el corazón de Santiago.

La operación se realizó en silencio, pasada la medianoche. El monumento salió desde el Museo Histórico Militar —donde permanecía desde marzo de 2021— y fue trasladado hasta Plaza Baquedano, en el límite entre Santiago y Providencia. A las 00:30 horas llegó al lugar y, mediante una grúa pluma, fue instalado nuevamente sobre el plinto que lo sostuvo durante más de nueve décadas.

El alcalde de Providencia, Jaime Bellolio, supervisó el proceso de instalación. La municipalidad destacó el retorno del monumento en sus redes sociales señalando que “tras un importante despliegue logístico, la histórica pieza vuelve a su lugar, recuperando un punto de encuentro fundamental para nuestra comuna”.

El gesto busca cerrar un ciclo. Pero también reabre una pregunta que lleva años flotando en el debate público: qué significa hoy ese monumento.




De símbolo militar a epicentro de la protesta

La estatua de Baquedano fue instalada en la plaza el 18 de septiembre de 1928 como homenaje al comandante en jefe del Ejército durante la Guerra del Pacífico. Durante décadas fue simplemente un punto de referencia urbano y escenario de celebraciones públicas: triunfos deportivos, actos políticos, concentraciones ciudadanas.

Todo cambió en octubre de 2019.

Con el estallido social, la rotonda —rebautizada popularmente como Plaza Dignidad— se transformó en el principal punto de reunión de las protestas en Chile. Y la figura ecuestre del general pasó a ocupar un lugar inesperado: el centro simbólico del conflicto.

Durante meses, el monumento fue intervenido con banderas, grafitis, pintura y pancartas. Fue escalado, cubierto, resignificado. Para algunos manifestantes se convirtió en la representación visible de un Estado conservador, militarista y excluyente; para otros, en cambio, simbolizaba una parte central de la historia republicana que estaba siendo atacada.

El debate sobre la estatua terminó transformándose en una discusión más amplia sobre memoria, identidad y poder.

El retiro en medio de la crisis

Tras sucesivas intervenciones y daños estructurales, el Ejército decidió retirar el monumento el 12 de marzo de 2021. La escultura —de aproximadamente tres toneladas— fue trasladada al Museo Histórico Militar para iniciar un proceso de restauración.

La imagen de la grúa levantando la estatua desde la plaza quedó grabada como uno de los momentos más simbólicos del periodo posterior al estallido.

Durante casi cinco años, el plinto permaneció vacío.

En ese tiempo la plaza también cambió. El gobierno impulsó el proyecto Nueva Alameda Providencia, una intervención urbana de más de $134 mil millones destinada a transformar el eje principal de Santiago. El plan incluyó la remodelación del nudo Baquedano, la ampliación de áreas verdes, nuevas ciclovías y la incorporación de un monumento dedicado a Gabriela Mistral y a las Mujeres de Chile.

Sin embargo, el espacio donde estuvo Baquedano siguió desocupado.

El retorno decidido por Monumentos

El 25 de febrero de este año el Consejo de Monumentos Nacionales aprobó por unanimidad el regreso de la estatua a su ubicación original.

La decisión cerró un largo debate institucional sobre el destino de la pieza. Mientras algunos planteaban trasladarla definitivamente a otro lugar, otros defendían su reinstalación como parte del patrimonio histórico del país.

El retorno se concretó finalmente esta madrugada.

Según se informó, durante la mañana se realizará una actividad sencilla para marcar el regreso del monumento, mientras que la ceremonia oficial de reinauguración se realizará dentro de tres o cuatro meses, una vez que concluyan los trabajos de restauración del plinto.

Un símbolo que sigue abierto

La reinstalación de la estatua busca restituir una pieza histórica del espacio público. Pero su significado hoy está lejos de ser el mismo que tenía antes de 2019.

Durante el estallido social, la figura de Baquedano dejó de ser un monumento silencioso para convertirse en un objeto político: un símbolo disputado, reinterpretado y confrontado por distintas visiones del país.

Por eso su regreso no es solo una operación patrimonial o urbana.

También es un gesto cargado de significado en un lugar que, desde hace años, funciona como el termómetro político de Chile.

Si el retorno del general será leído como un acto de reconciliación histórica, una restauración del orden simbólico o una provocación innecesaria, es algo que recién comenzará a verse en los próximos meses.

La plaza —como tantas veces en la historia reciente— volverá a dar la respuesta.



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