
Fracasan las negociaciones entre EE.UU. e Irán en Islamabad: desconfianza, guerra en curso y un acuerdo sin base sólida
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Las negociaciones entre Estados Unidos e Irán en Islamabad, destinadas a dar continuidad al frágil alto el fuego anunciado días atrás, concluyeron sin avances y confirmaron un problema estructural: la ausencia de confianza entre las partes y la falta de condiciones políticas reales para alcanzar un acuerdo.
La reunión, mediada por Pakistán, reunió a una delegación estadounidense encabezada por el vicepresidente JD Vance e integrada además por los enviados especiales Steve Witkoff y Jared Kushner, frente a representantes iraníes liderados por el presidente del Parlamento, Mohammad Bagher Ghalibaf, junto a una delegación diplomática que incluía al canciller Abbas Araghchi. Sin embargo, la composición de alto nivel no logró traducirse en resultados concretos.
Desde el lado iraní, el diagnóstico fue inmediato y contundente. Ghalibaf afirmó que Estados Unidos “no logró ganar la confianza” de su delegación, subrayando que Irán llegó a la mesa con una profunda desconfianza acumulada tras los recientes conflictos en la región. Aunque Teherán aseguró haber negociado “de buena fe” y haber planteado iniciativas de futuro, dejó en claro que cualquier avance dependerá de que Washington demuestre credibilidad.
Las diferencias de fondo siguen siendo amplias. El programa nuclear iraní continúa como uno de los principales puntos de choque. Irán insiste en su derecho a enriquecer uranio, mientras que Estados Unidos exige restricciones severas o su eliminación. Esta disputa histórica no solo permanece intacta, sino que condiciona cualquier intento de entendimiento.
A ello se suma el conflicto por el control del estrecho de Ormuz, una de las rutas más estratégicas para el comercio mundial de petróleo. Irán ha endurecido su posición y sostiene que el paso está completamente bajo su control, incluyendo la posibilidad de exigir autorizaciones y cobrar tarifas a los buques. Para Washington, en cambio, la prioridad es garantizar la libre navegación. Esta divergencia convierte al estrecho en un punto de presión central en la negociación.
El contexto en que se desarrollaron las conversaciones también jugó en contra. Mientras los delegados dialogaban en Islamabad, la guerra continuaba en otros frentes. Israel intensificó sus bombardeos en Líbano, con ataques de gran escala que dejaron cientos de víctimas. El gobierno de Benjamin Netanyahu ha sostenido que ese frente no está incluido en el alto el fuego, lo que ha sido respaldado por Estados Unidos.
Esta exclusión ha debilitado aún más el proceso. Para Irán, los ataques israelíes constituyen una violación del espíritu del acuerdo y justifican su decisión de mantener restricciones sobre el tránsito en el estrecho de Ormuz. La consecuencia es un círculo de acción y reacción que impide cualquier estabilización.
Además, las versiones contradictorias sobre los términos del alto el fuego han erosionado la confianza. Mientras el presidente Donald Trump ha sugerido distintas bases para el acuerdo —incluyendo propuestas incompatibles entre sí—, la Casa Blanca ha desmentido algunos de esos planteamientos, generando confusión sobre los objetivos reales de Washington.
En este escenario, Irán ha reforzado su posición. Figuras como el ex canciller Javad Zarif han advertido que no habrá negociaciones exitosas si Estados Unidos intenta imponer condiciones unilaterales. Esta postura refleja una estrategia clara: negociar desde una posición de fuerza, apoyada en el control de Ormuz y en su influencia regional.
El resultado de Islamabad, por tanto, no es solo una negociación fallida, sino la confirmación de un proceso sin base sólida. Sin confianza mutua, sin claridad en los términos y con un conflicto activo en paralelo, las conversaciones difícilmente podían prosperar.
La conclusión es clara: no fracasaron las negociaciones porque hayan fallado en su ejecución, sino porque nunca existieron las condiciones para que funcionaran. Mientras no se aborden las causas estructurales del conflicto y no se incluya a todos los actores relevantes, cualquier intento de acuerdo seguirá siendo una tregua frágil, destinada a romperse antes de consolidarse.
Fuentes: The Guardian; Reuters; AFP; declaraciones del Parlamento iraní y del Ministerio de Exteriores de Irán, Redacción el Clarín





