
Ministra Rincón sin luces: El arte de retractarse por las encuestas
Tiempo de lectura aprox: 2 minutos, 15 segundos
La ministra Rincón anunció el fin del subsidio eléctrico con la soltura de quien sabe lo que dice. Días después, su propio ministerio desmintió sus palabras. Esto no es un error de comunicación. Es un diagnóstico de incompetencia.
Hay gobiernos que gobiernan. Y hay gobiernos que reaccionan. El de José Antonio Kast, a poco más de un mes de asumir, ya dejó claro a qué categoría pertenece.
El episodio del subsidio eléctrico debería estudiarse en las escuelas de administración pública como manual de lo que no se debe hacer. La ministra de Energía, Ximena Rincón, se sentó frente a una cámara y anunció, sin titubeos, que el subsidio eléctrico para los hogares más vulnerables «termina ahora». No hubo ambigüedad. No hubo matices. «No está el tema del subsidio» en la ecuación, dijo. Dos millones de familias, enteradas por los medios, empezaron a hacer los cálculos del golpe que se venía.
Días después, el mismo ministerio que ella encabeza emitió un comunicado para aclarar que «el subsidio eléctrico no ha sido eliminado y continúa vigente«. Incluso confirmaron que la quinta convocatoria está programada entre el 26 de mayo y el 5 de junio, con aplicación desde septiembre.
Traducción: la ministra no sabía lo que su propio ministerio tenía agendado. No le importaba la llegada del invierno. Ninguna sensibilidad social es el sello neoliberal de este Gobierno Kast-Republicanos.
Deténgase un momento en esa frase. No es menor. No es un desliz semántico ni un problema de «contexto mal interpretado por los medios». Es una ministra de gobierno que habla en público sobre una política que afecta a millones de personas sin conocer el estado real de esa política. O peor aún: que lo conocía y decidió, en un arranque de entusiasmo ideológico, anunciar su eliminación antes de tener el respaldo institucional para hacerlo.
¿Cuál de las dos opciones es más grave? Usted elija. Ambas son inaceptables.
Lo que ocurrió a continuación tampoco sorprende a estas alturas: llegaron las críticas, bajaron las encuestas —la desaprobación de Kast sigue escalando según Pulso Ciudadano— y el Gobierno dio marcha atrás con la velocidad de quien descubre que pisó un cable pelado. La voltereta fue completa, instantánea y sin el menor asomo de autocrítica.
Este es el patrón de un gobierno que no tiene un proyecto elaborado, sino un conjunto de reflejos ideológicos que chocan con la realidad y se retiran cuando el costo político se hace visible en los números. Gobernar por encuestas no es liderazgo: es administrar el miedo a perder popularidad. Y cuando ese miedo reemplaza a la planificación, el resultado es exactamente esto: anuncios que duran menos que un titular, rectificaciones disfrazadas de «aclaraciones» y ciudadanos que no saben a qué atenerse.
El Gobierno de Kast llegó al poder prometiendo orden, claridad y gestión eficiente. Lo que ha demostrado, en cambio, es una notable capacidad para generar caos desde arriba. Primero el anuncio apresurado del alza tarifaria de abril, luego postergada para julio por el conflicto en Medio Oriente. Ahora esto. El patrón es consistente: se actúa sin medir ni pensar en el bienestar del pueblo, se mide el daño político, y se da marcha atrás.
La pregunta que debería hacerse el propio oficialismo es si la ministra Rincón tiene el manejo técnico y político mínimo para conducir una cartera tan sensible como Energía, donde cada declaración mueve mercados, afecta contratos y determina la boleta de millones de hogares. Hablar sin saber es un lujo que un ministro simplemente no puede darse.
Pero la responsabilidad no es solo de Rincón. Es de un Presidente que ha construido su gobierno más sobre la base de la temperatura ideológica que sobre la solidez técnica. El mesianismo de derecha tiene el mismo defecto que cualquier otro mesianismo: confunde las convicciones con los planes.
Chile no necesita un gobierno que improvise con convicción. Necesita uno que sepa lo que hace antes de abrir la boca.
Leopoldo Lavín Mujica





