Portada Redes y juegos Textos destacados

Prensa clandestina. La experiencia del equipo AGP del MIR, El Rebelde, la AIR y Radio Liberación

Tiempo de lectura aprox: 8 minutos, 11 segundos

En el verano de 1984, en una casita en medio de una zona boscosa, en la localidad de El Tabo, se reunieron los periodistas Manuel Cabieses, Patricia Bravo, Leopoldo Pulgar y Hugo Guzmán y el diseñador Fernando Vergara. Era un encuentro clandestino. Era una reunión de quienes formaban la cabeza de la estructura de Agitación y Propaganda (AGP), del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR). Un equipo que lideraba, desde 1979, las tareas comunicacionales y de propaganda en la lucha antidictatorial.

El encuentro duró tres días con dos de sus noches. Eran días de mucho calor, paliado en algo con vientos frescos al amanecer y al atardecer. La leyenda para estar ahí era un paseo de antiguos amigos y amigas en días de verano. La presencia de una mujer joven y su pequeña hija apoyaban “la fachada”. El propósito era, precisamente, establecer la coordinación de los equipos de AGP. Mal que mal, esos periodistas y el diseñador estaban a cargo de las tareas principales: la edición del periódico El Rebelde, el desarrollo de Radio Liberación, la propaganda, y el trabajo de la naciente Agencia Informativa de la Resistencia. Era el núcleo central de comunicaciones, agitación y propaganda del MIR.

Cada uno de ellos tenía equipos que se encargaban de implementar las múltiples tareas que tenían el propósito, en general, de difundir las posiciones del MIR, informar sobre las actividades de la resistencia en los planos sindical, poblacional, territorial y político, llamar a la organización popular, analizar la coyuntura política, abordar temas del mundo de la cultura, denunciar las violaciones a los derechos humanos y actos represivos y de corrupción del régimen militar, tratar temas internacionales y entregar textos de estudio y análisis.

Manuel Cabieses

En ese grupo, como en sus respectivos equipos, había gente que estaba en la clandestinidad (como Manuel y Patricia), y otros que tenían una vida legal -escondiendo su actividad de resistencia-. Había situaciones peculiares, como un grupo de periodistas que laboraban en El Rebelde y la AIR de manera oculta, y al mismo tiempo trabajan en canales de televisión, programas televisivos de alcance nacional, y en revistas y diarios muy conocidos y que eran afines a la dictadura. De ese grupo de periodistas, ninguno fue sorprendido ni detenido, y hasta el día de hoy la mayoría continúa en el anonimato respecto a su contribución al desarrollo de la prensa clandestina en los tiempos de la dictadura.




Patricia Bravo

Esa coordinación que estaba establecida entre Cabieses, Bravo, Pulgar, Guzmán y Vergara, permitía una simetría comunicacional, una línea editorial común, una agitación propagandística coherente que, entre otras cosas, posibilitaba que en los medios miristas se difundieran y hermanaran las actividades de cada uno. Por ejemplo, la AIR y El Rebelde informando de las transmisiones de Radio Liberación. Se podría decir que el MIR fue la única organización que durante al menos siete años consiguió el funcionamiento de un grupo de medios, de una estructura comunicacional perfectamente coordinada y funcional, que integraban El Rebelde, la AIR y Radio Liberación.

En esos años, además, se editaba la revista Correo de la Resistencia, órgano del MIR en el exterior, y la revista Punto Final Internacional, continuadora de PF que circuló en Chile de 1965 a 1973 (luego reaparecería en los años 80). Ambas publicaciones recibían vía microfilms o papeles “embarretinados” (escondrijos) materiales de la AIR y El Rebelde y los reproducían.

Esos equipos periodísticos que trabajaron durante la dictadura de manera clandestina tenían contactos con medios de prensa democráticos y progresistas que circulaban legalmente, como Análisis, Apsi y Mensaje y con periodistas que trabajaban en esos y otros medios más convencionales y conservadores. Eran contactos secretos y que permitían ciertas coordinaciones. También con dirigentes del Colegio de Periodistas; incluso algunas y algunos de los periodistas de El Rebelde y la AIR estaban colegiados, pero no podían participar abiertamente de las jornadas de lucha y activismo del gremio periodístico. Hubo encuentros esporádicos y escondidos con periodistas “abiertos”, que laboraban en la legalidad. Uno de los últimos fue con José “Pepone” Carrasco, que era editor internacional de Análisis, en que se le entregó un material exclusivo y otras documentaciones, lo que ocurrió poco tiempo antes que lo asesinara un comando de la dictadura.

Por ello, cuando se cumplieron 50 años del golpe de Estado y hubo tantos y merecidos reconocimientos a la prensa democrática y alternativa que existió durante el régimen militar, se echó de menos el homenaje y reconocimiento a la prensa clandestina y a las y los periodistas que laboraron en ella tanto tiempo y, por lo demás, exitosamente.

Fernando Vergara Vargas

“El Rebelde”

Específicamente en el caso de El Rebelde, desde 1979 y hasta al menos 1988, el equipo estuvo a cargo de la periodista Patricia Bravo, cuyo nombre de clandestinidad o “chapa” fue Julia, en esa tarea. Hubo un momento en que directamente trabajaron unos cinco periodistas, una diseñadora (de nacionalidad mexicana), y responsables técnicos y de impresión central. La jefatura editorial radicó en Manuel Cabieses, histórico director de la revista Punto Final que había ingresado clandestinamente a Chile en 1979.

Las reuniones de pauta, decisiones editoriales, confección de contenidos, diseño, trabajo técnico, impresión central, fotografía, (con uso de esténcil electrónicos, una máquina de escribir eléctrica donde se cambiaba la tipografía, de plantillas de “letraset” que se compraban en el centro de Santiago, un laboratorio de fotografía, y otras técnicas de inicios de los ochenta) se realizaban en una casa en la comuna de La Cisterna, donde vivían y desarrollaban sus tareas de resistencia dos religiosas, una estadounidense y otra francesa: Roberta Rioux, de “nombre político” Paula, y Andrée Devaux, de “chapa” Andrea. Ahí vivieron un tiempo uno de los periodistas y la diseñadora de El Rebelde. Desde ahí salía la matriz, el diario hecho, para ser reproducido en Santiago y provincias por equipos descentralizados, algunos vinculados a AGP, otros a equipos de trabajo territorial y social, a fuerzas centrales, regionales, e incluso al exterior de Chile.

Hay varios episodios de los primeros años de los ochenta, como cuando Cabieses llegó con fotos y textos para dar a conocer la existencia de la guerrilla mirista en Neltume, los textos firmados que enviaba Andrés Pascal Allende, secretario general del MIR, las notas que enviaban equipos sindicales, estudiantiles, campesinos, de pobladores, y el regocijo cuando se le otorgó el Premio Nobel de Literatura a Gabriel García Márquez, que era amigo y había sido colega de Manuel Cabieses; se escribieron notas en El Rebelde y la AIR. En ocasiones se publicaban notas en El Rebelde que causaban cierto revuelo en los medios dictatoriales, en aparatos represivos y estamentos del régimen, como la Dinacos (Dirección Nacional de Comunicaciones) porque revelaban acceso a fuentes e informaciones impensables; era autoría de las y los periodistas que estaban en la televisión, programas televisivos y la prensa convencional y desde ahí reporteaban, incluso hablando con personeros del régimen, sus familiares y conocidas figuras de la farándula y las comunicaciones. Solía publicarse esa información en la sección “Secretos del régimen”.

Toda esa labor fue continuadora de otros equipos y de militantes como Juan Carlos Gómez, quien realizaba tareas fundamentales en El Rebelde, asesinado por carabineros en junio de 1979.

La AIR

La Agencia Informativa de la Resistencia (AIR) fue creada en 1980. Se dice que fue una idea de Manuel y Patricia, con el objetivo de contar con un instrumento periodístico que entregara información sucinta de hechos de la lucha de resistencia antidictatorial, que difundiera notas periodísticas. La aparición de la AIR se produjo con una nota dando cuenta del rescate de la bandera de la Independencia desde el Museo Histórico Nacional. En esa ocasión se conoció la existencia y el logo de la AIR.

Un tiempo después, junto a las labores en El Rebelde, se le asignó al periodista Hugo Guzmán la dirección de la AIR, donde se trabajó con un equipo de tres periodistas y tres ayudistas colaboradores. Los materiales de la AIR eran difundidos vía correo a los medios de prensa convencionales, a los corresponsales extranjeros, a organizaciones y personalidades políticas, dirigentes sociales, a la Dinacos, y hacia el exterior también vía correo. Muchos de los comunicados de la AIR fueron reproducidos o citados en medios como La Segunda, Las Últimas Noticias, La Tercera, El Mercurio, Radio Minería, Radio Cooperativa y Radio Portales.

El trabajo era netamente reporteril. Se redactaban las notas y algunos materiales llegaban listos desde los otros equipos de AGP, como notas sobre actividades de Radio Liberación. En al menos dos casas se mantenían “embarretinadas” las hojas con el logo Agencia Informativa de la Resistencia AIR, se cuidaban las huellas que quedaban en las máquinas de escribir (eléctrica y mecánica), y en los comunicados y sobres que se enviaban a medios de prensa, órganos del régimen, la Dinacos, corresponsales extranjeros, entre otros destinatarios. Como episodios anecdóticos, en varias ocasiones se hicieron llegar informaciones exclusivas a algunos medios de prensa, a los cuales se les avisaba llamando a algún editor o reportero; las notas eran dejadas en baños de Fuentes de Soda, en huecos o vértices en estaciones del Metro y murallas cerca de los periódicos.

La AIR, por su trabajo informativo antidictatorial, recibió un reconocimiento de la Federación Latinoamericana de Periodistas (Felap) y formó parte, más tarde, de una coordinadora de Nuevas Agencias informativas latinoamericanas, donde estaban, entre otras, Cerigua de Guatemala, Prensa Latina (Prela) de Cuba, Agencia Nueva Nicaragua (ANN), Cono Sur Press de Uruguay, Acen-Siag de Guatemala y Salpress de El Salvador.

Radio Liberación

La Radio Liberación surgió desde la estructura de AGP a cargo de Manuel Cabieses. Cuando hubo que consolidar equipos y desarrollo, la tarea se le asignó a Fernando Vergara Vargas, cuyo “nombre político” era Jesús, diseñador, quien había ingresado clandestinamente desde su exilio en México.

En esa tarea hubo que reunirse técnica, equipos, profesionales, militantes, generar contenidos y diseños. Según la información disponible, mucho de los equipos llegaron desde el exterior del país. En 1981 se iniciaron las labores y en 1982 estaba operativa, en un trabajo que abarcó varias ciudades, como Santiago, Temuco, Valparaíso, Concepción, Viña del Mar, Valdivia, entre otras. Las transmisiones, que duraban unos minutos, se hicieron interfiriendo la señal de los canales 7 de Televisión Nacional y 13 de la Universidad Católica, las señales de radios  Cooperativa, Minería, Portales, y Carrera, de emisoras en AM y FM, y a través del 107.5 frecuencia modulada. Hubo interferencias notables con mensajes de la resistencia popular, como cuando en la zona de la comuna de La Reina se interrumpió el relato del locutor Pedro Carcuro en momentos que gritaba el gol de Carlos Caszely en el partido de Chile y España y se oyó una voz rebelde femenina; mientras se transmitieron varios partidos del Mundial de Fútbol de 1982, se efectuaron varias proclamas de la radio de la resistencia; se recuerda la interferencia en la transmisión del Festival de Viña del Mar; las transmisiones previas a las jornadas de protesta y llamando a Paro Nacional.

Los programas de Radio Liberación se armaban en un estudio de grabación, instalado en una casa, en el barrio Vivaceta. Éste disponía de micrófono, grabadora, mezcladora y reproductora de casetes de la mejor tecnología de la época. El estudio de grabación, que era desarmable, tenía recursos suficientes para un aislamiento acústico total. Esto permitía hablar en volumen normal e, incluso, alzar la voz sin que se escuchara dentro de la casa donde se grababa.

Se hacían dos tipos de grabaciones: una de alrededor de tres minutos como máximo, que se utilizaban para la difusión desde la calle, con antenas móviles, transportadas por equipos a cargo de estos recursos radiales. El segundo tipo de grabaciones, programas temáticos de alrededor de media hora, se dedicaban a difundir determinadas políticas, abordaban aspectos ideológicos, vinculados a la formación, como también conmemoraciones. En este caso se copiaban decenas de casetes que se distribuían en organismos locales para reproducirlos a su criterio.

“Atención, atención…Aquí Radio Liberación”…“Nadie acalla la voz del pueblo”; “Aquí Radio Liberación, en el 107.5”; “La voz de la resistencia no la acalla nadie” fueron algunas de las consignas reivindicando la acción de esta emisora clandestina.

La primera voz femenina en salir a través de Radio Liberación fue la de la joven militante del MIR, Arcadia Flores Pérez, quien en 1981 fue detectada y asesinada por la CNI. En su homenaje, la radio creó las Brigadas Arcadia Flores.

En diciembre de 1984 fue asesinado Fernando Vergara, lo que significó un tremendo golpe para quienes integraban Radio Liberación, y fue también un golpe para la estructura de AGP del MIR. Eso, entre otras cosas, obligó a tomar medidas de seguridad y protección de quienes encabezaban las tareas de la radio, del periódico, de la agencia y de propaganda.

Por algún tiempo se vieron interrumpidas las labores de la radio, las cuales se reanudaron por el trabajo de distintas estructuras. Se recuerda que Vergara Vargas, conocido entre sus amigas y amigos en Chile y en México como “Nani”, aportó, además, en el diseño y gráficas de AGP con su conocida calidad creativa y conceptual. Entregó ayuda a la diagramación de El Rebelde, creo imágenes hermosas, llamativas y potentes para la propaganda, caracterizadas por figuras de sombras, manejó una reconocida obra técnica, diseñó muy buenas viñetas, y creó los personajes La Ñatita Rebelde y el Ñato Rebelde que comenzaron a aparecer en El Rebelde con humor y mensajes notables. Lo cierto es que Jesús dejó un inmenso legado gráfico y propagandístico ligado al MIR y a las batallas comunicacionales.

Un equipo sostenido

En 1986 se comenzó a desarticular este equipo constituido entre 1979 y 1980 de lo que se llamó AGP Central del MIR, con cinco personas encabezando las tareas y decenas de otras apoyando en equipos de trabajo, clandestinos, como ayudistas y como colaboradores eventuales en redacción periodística, reporteo, diseño, impresión, propaganda y otras tareas.

Decenas de estructuras del MIR en todo el país canalizaban la producción de AGP y también realizaban tareas propias, locales y regionales. Era la línea conductual de propaganda y la esencia del trabajo periodístico clandestino.

A 40 años de lo que sería formalmente el término de esa labor de prensa clandestina, varias y varios de sus protagonistas decidieron entregar testimonios, información, contexto, lo que se suma materiales del propio El Rebelde y la AIR, boletines de Radio Liberación, textos y entrevistas como las dadas por Patricia Bravo y el libro “Autobiografía de un rebelde” de Manuel Cabieses.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 



Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *