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Más de 30 sociedades científicas alertan por señales de retroceso en ciencia y medio ambiente

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Una inédita articulación de sociedades científicas, académicas y organizaciones vinculadas a la investigación en Chile difundió una carta abierta en la que advierten sobre el riesgo de debilitar la ciencia, la educación y la protección ambiental en medio de recientes señales provenientes de la política pública del gobierno de José Kast.. El documento, firmado por más de treinta entidades del mundo académico, plantea que el país enfrenta una mirada “reduccionista” del conocimiento y del rol del Estado, con consecuencias potencialmente graves para el desarrollo futuro.

Bajo el título “Ciencia, conocimiento y medio ambiente: bienes que Chile no puede sacrificar”, la declaración sostiene que las decisiones recientes en materia presupuestaria y regulatoria reflejan una comprensión parcial del aporte de la investigación científica y de los ecosistemas al bienestar social y económico del país.

La carta surge en un contexto marcado por debates sobre ajuste fiscal, reducción del gasto público y revisión de programas estatales. Frente a ese escenario, las organizaciones firmantes defienden el carácter estratégico de la inversión en ciencia y conocimiento, cuestionando las visiones que evalúan estas áreas exclusivamente bajo criterios de rentabilidad inmediata.

“El conocimiento científico no surge espontáneamente ni se sostiene por inercia”, señala el documento, enfatizando que la investigación requiere financiamiento estable, instituciones sólidas y formación especializada de largo plazo. Para las organizaciones, interrumpir esas cadenas de desarrollo no constituye simplemente una medida de eficiencia presupuestaria, sino una decisión con efectos estructurales sobre la capacidad futura del país.




La declaración introduce una crítica de fondo a la lógica economicista aplicada a la investigación y la innovación. Según el texto, reducir el valor de la academia a la cantidad de empleos directos o beneficios económicos inmediatos implica desconocer la función que cumplen las publicaciones, centros de estudio y proyectos científicos en la generación de capacidades estratégicas.

En ese punto, el documento subraya que detrás de avances que hoy parecen naturales —desde tratamientos médicos hasta tecnologías agrícolas o sistemas de manejo hídrico— existen décadas de trabajo acumulado, inversión pública y construcción de capital humano. La advertencia apunta a que desmontar esas estructuras puede generar consecuencias irreversibles en un país especialmente vulnerable a crisis ambientales y económicas.

Uno de los ejes más relevantes de la carta es la defensa del vínculo entre ciencia y protección ambiental. Las organizaciones sostienen que la evidencia científica ha permitido comprender el valor estratégico de ecosistemas históricamente subestimados, como los humedales, cuya importancia para la regulación hídrica, la biodiversidad y la mitigación de desastres naturales hoy resulta ampliamente reconocida.

La declaración cuestiona las visiones que consideran esos territorios como espacios improductivos o disponibles para explotación sin restricciones. “Ignorar esa evidencia no es sentido común: es asumir costos sociales y ambientales que alguien termina pagando”, advierte el texto.

El planteamiento dialoga con debates cada vez más presentes en Chile respecto del extractivismo, la expansión inmobiliaria y los conflictos socioambientales. En distintos territorios del país, comunidades científicas y organizaciones ambientales han advertido sobre los efectos de políticas orientadas prioritariamente al crecimiento económico de corto plazo sin considerar impactos ecológicos de largo alcance.

La carta también pone énfasis en la dimensión internacional del desarrollo científico. Según los firmantes, los países que han apostado por la investigación, la innovación y la educación avanzada son hoy los que exportan tecnología y generan economías más resilientes. En contraste, Chile seguiría atrapado en una dependencia estructural de la explotación de recursos naturales.

La afirmación apunta a una discusión histórica dentro del modelo de desarrollo chileno: la dificultad para diversificar la matriz productiva y construir una economía basada en conocimiento. Para las organizaciones, debilitar el sistema científico significaría profundizar esa dependencia y limitar las posibilidades de transformación futura.

A diferencia de otras declaraciones gremiales, el documento evita un tono partidista explícito. De hecho, uno de sus párrafos centrales sostiene que la defensa de la ciencia y del medio ambiente no constituye una “posición corporativa” ni una bandera política específica, sino una cuestión de responsabilidad pública y de visión estratégica de país.

Sin embargo, el trasfondo político resulta evidente. El texto aparece en medio de crecientes tensiones entre sectores académicos y autoridades respecto de prioridades presupuestarias, financiamiento universitario y evaluación de programas científicos. En ese marco, la carta funciona también como una señal de articulación de un mundo científico que históricamente ha tenido baja capacidad de incidencia pública coordinada.

Las organizaciones firmantes incluyen sociedades de microbiología, astronomía, genética, física, neurociencia, ecología, matemática, arqueología y ciencias del mar, entre muchas otras. La amplitud de áreas representadas da cuenta de una preocupación transversal que excede a disciplinas particulares y busca instalar una discusión más amplia sobre el modelo de desarrollo.

Hacia el final, la declaración hace un llamado a que cualquier revisión normativa o presupuestaria relacionada con ciencia, educación o medio ambiente sea realizada mediante procesos transparentes y con participación de comunidades académicas y organismos técnicos especializados.

Más que una defensa sectorial, el documento intenta instalar una advertencia política y cultural: que considerar el conocimiento, la investigación y los ecosistemas como gastos prescindibles podría hipotecar capacidades esenciales para enfrentar las crisis del futuro.

La frase final de la carta resume ese diagnóstico con tono categórico: “Una sociedad que no invierte en comprender el mundo que habita no está ahorrando: está hipotecando su futuro”.

FIRMANTES

 



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