
Edgar Morin y el pensamiento complejo frente a la fragmentación mundial
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A propósito del fallecimiento de Edgar Morin a los 104 años de edad, me gustaría dedicar algunas palabras a uno de los pensadores que más me ha aportado para comprender y buscar alguna salida a la actual crisis climática y civilizatoria, a través de su teoría de la complejidad.
Lo señalo de esa forma porque Edgar Morin desarrolló, a lo largo de su extensa vida, una mirada crítica sobre la fragmentación de la vida y de los conocimientos, propia de una modernidad occidental que ha impuesto lógicas de hiperespecialización en distintos ámbitos, imposibilitando una comprensión más integral del mundo.
De ahí que ver el mundo de manera compleja, como lo hizo Edgar Morin, constituyera un enorme esfuerzo por reunir los fragmentos dispersos dejados por las lógicas simplificadoras y cuestionar una visión moderna que ha separado artificialmente los saberes. Ello ha contribuido a generar un mundo carente de sentido y con escasa capacidad de reacción colectiva frente a las múltiples crisis que enfrentamos.
En otras palabras, Edgar Morin entendió que dicotomías modernas como cultura y naturaleza, individuo y sociedad, mente y cuerpo, o razón y emoción, no hacen más que mutilar el conocimiento y la vida misma. Por ello, defendió siempre la necesidad de conectar saberes, disciplinas y experiencias humanas, de manera de habitar el mundo de una forma diferente.
Por eso se opuso a cualquier mirada reduccionista, ya fuera biologicista, economicista, especista, antropocéntrica o disciplinaria, que empobrece nuestra visión del mundo y alimenta la desesperanza frente a los grandes desafíos que tenemos como humanidad para construir un mundo más justo y sustentable.
Pero también fue crítico de las miradas religiosas, nacionalistas y de los cosmopolitismos sin raíces, incapaces de reconocerse como parte de una casa común y de comprender que somos seres interdependientes, parte de la Tierra y, por tanto, responsables de cuidarla más allá de cualquier ideología particular.
Por lo mismo, no podemos seguir viviendo encerrados en nuestras pequeñas cajas y pequeñas verdades, algo que hoy se ve incluso reforzado por los algoritmos. Para enfrentar la crisis ecológica, las guerras, las migraciones masivas, las transformaciones tecnológicas y las crisis de salud mental, debemos comprender que todos estos fenómenos están profundamente relacionados.
No por nada Edgar Morin, siendo un judío sefardí de apellido Nahoum, fue una voz crítica frente a la colonización israelí de Palestina y a los horrores que se están cometiendo en Gaza, mostrando una consistencia ética y un compromiso con la vida que lo engrandecen aún más en el plano humano.
A nivel personal, teniendo un hijo de pocos meses, veo en el pensamiento de Edgar Morin incluso una forma de entender la crianza, donde lo vincular ocupa un lugar central, promoviendo una autonomía consciente de su entorno y cultivando una comprensión profunda basada en la empatía, al reconocernos como parte de la Tierra- patria.
En consecuencia, solo me queda agradecer el llamado que hizo Edgar Morin al diálogo de saberes y a la transdisciplinariedad, especialmente para quienes creemos que, para construir un mundo más justo socialmente y más sustentable ecológicamente, es indispensable conectar conocimientos, experiencias y formas de habitar el planeta.
Gracias, Edgar Morin, por enseñarnos que la complejidad no es un problema que deba resolverse, sino una condición fundamental de la vida misma.
Andrés Kogan Valderrama
Sociólogo
Magíster en Comunicación y Cultura Contemporánea
Diplomado en Masculinidades y Cambio Social





