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El Tren de Aragua: construir al enemigo

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El asesinato supuesto del Jefe del Tren de Aragua, enemigo que tanto ha costado perfilar, debería dar para una nota de protesta por parte del gobierno chileno. La muerte de un testigo de esa envergadura interfiere en la investigación de las fiscalías respecto de esa terrible banda omnipresente, que ejecuta los más deleznables y variados crímenes, cuyos tentáculos son de tal complejidad y perfecto diseño que jamás se ha logrado una hebra para deshacer el tejido de su increíble estructura.

Pero de la cual no hay prueba real, tangible, contrastable, periodísticamente comprobable de su existencia.

Y, de paso, deja complicados a los panelistas de los matinales.

En el caso del Tren de Aragua todo es en potenciales o supuestos: sería, pertenecería, habría sido, se escuchó, dijo, se supone que, declaro, al parecer, se sospecha, etc.  Sin citar ni una fuente creíble, comprobable, contrastable.




Antes, aprovechemos de decir que el crimen organizado no es cosa de ahora.

La colusión para robarle a la gente, el vulgar asalto a las instituciones armadas por parte de sus altos mandos, la compra/venta/arriendo masivo de políticos corruptos, la sinvergüenzura de senadores y diputados que trampean con ingentes fondos del Estado, el robo masivo a las arcas de casi todas las municipalidades, los cada vez más numerosos efectivos policiales descubiertos en delitos graves, las leyes que dictan grandes empresarios a parlamentarios corruptos, y una cantidad enorme de delitos difíciles de clasificar ya existían antes de la llegada de las personas migradas.

Agreguemos una guinda: el tirano Pinochet terminó como un ladrón, además de asesino y traidor. Y sumemos otra: hay ministros del poder judicial presos por ladrones. Y excomandantes en jefe del Ejército. Y así.

Entonces el llamado crimen organizado no es cosa de ahora porque cada uno de esos delitos se hacen en forma concertada entre muchos.

Solo sucede que en medio de la importación de mano de obra barata que beneficia a los grandes empresarios, vino una considerable proporción de delincuentes. Aunque debemos recordar que estimaciones conservadoras sitúan que la migración es responsable de cerca del 10% del PIB.

¿Quiénes cortan las frutas, levantan edificios, mantienen salmoneras, hacen el aseo en las plazas y calles, lavan platos y pelan el ajo donde sea? Se les ha visto cavando zanjas en el norte.

La actual epidemia delictual tiene razones estructurales, es decir, es propia de un orden basado en el extremismo neoliberal que afecta a casi todo el planeta y que cursa una crisis planetaria.

Súmele: jibarización del Estado, mala formación policial, corrupción también estructural que ha carcomido la moral de las instituciones dedicadas a la persecución criminal, el abandono de los sectores más pobres, la negación sistemática de los más corruptos de Chile a legislar el secreto bancario, cárceles que son nidos de la peor pobreza imaginable y que lejísimos de redimir, condena al delito.

Y a la muerte.

Vea el sistema escolar que ni siquiera sabe cuántos estudiantes han desertado. Muchos de los que roban autos, asaltan lo que sea y matan, son muchachos de catorce años, incluso menores.

Y ese es un caldo de cultivo preciso para que hagan eclosión delitos que son habituales en otros países. El chancho está tirado.

Es aquí en donde el Tren de Aragua entra en escena.

La incapacidad del sistema para enfrentar y controlar estas nuevas formas de delito necesita crear un enemigo que sea casi indestructible, inasible, invisible y todopoderoso. De modo que se comenzó a adjudicar al Tren de Aragua mucho más de lo que eventualmente, podía hacer

La investigadora Ronna Rísquez[1] especialista en el Tren de Aragua, a propósito de acusar al gobierno de Venezuela de estar detrás del asesinado del teniente Ojeda mediante esa organización criminal, dice que es una acusación delicada respecto de la cual hay que investigar mucho más. Dicho de otro modo, no cree.

Una investigación de la Unidad Investigativa Venezuela[2] del sitio especialista Insight crime dice: “El fiscal Héctor Barros dijo a medios locales que tres testigos habían afirmado que el gobierno venezolano había ordenado el crimen, aunque estas afirmaciones no han sido confirmadas.”

Más aún, no se sabe de dónde el fiscal afirma rotundo y confiado: “El Tren de Aragua seguirá actuando”, como afirma en una entrevista en el diario El País[3].

¿Cómo lo sabe?

Jeremy McDermott[4], director del mismo sitio especialista Insight crime advierte que: “La marca Tren de Aragua es mucho más fuerte que la organización detrás de ella”

Esto no es nuevo.

El adelantado Pedro de Valdivia con el apoyo de Alonso de Ercilla en su obra La Araucana, describía a los mapuche como seres casi invencibles, de una talla que no era, responsables de hazañas inexistentes y dotados de fuerzas sobrenaturales. Era necesario decirle al rey que sus tercios luchaban contra gente de otro mundo, al lado de quienes Nemrod parecía un enano vacilante y medroso.

¿Recuerda usted quien dijo lo siguiente?

“Estamos en guerra contra un enemigo poderoso, implacable, que no respeta a nada, ni a nadie, que está dispuesto a usar la violencia y la delincuencia sin ningún límite…”[5]

Exacto. El presidente Sebastián Piñera cuando no se la pudo con eso que estallaba en todo el país no encontró nada mejor que inventarse un enemigo.

Y para no latear: los más memoriosos recordarán que Salvador Allende tenía a 20 mil guerrilleros cubanos armados hasta los dientes para degollar a los militares y a sus familiares. Ya sabemos para qué era esa falacia.

Hoy las cosas han cambiado, pero no las mecánicas mentirosas de los dueños de todo el poder. Ni la necesidad de exacerbar el miedo como herramienta de control, manipulación y dominación.

Así, al Tren de Aragua se le adjudica una estructura que ya se la quisiera el más leninista de los partidos revolucionarios.

Pero la verdad es que el neoliberalismo ha jibarizado al Estado hasta dejarlo inválido ante el cambio que ha experimentado la delincuencia.

Ha propiciado que las instituciones dedicadas a la persecución del delito, las que deben investigarlo y las que aplican la ley hayan caído en la carcoma de la corrupción generalizada. Por bastardos intereses económicos se han abierto las fronteras para traer mano de obra barata entre la que viene, como resulta obvio, mucha delincuencia.

Y después de todo esto, se quejan.

Para decir las cosa como son, el Tren de Aragua y sus míticas operaciones fantasmales sirven como herramienta política para intentar ascensos a fiscales y policías que lo usan como un comodín que sirve para todo. Y da tema en los matinales picantes de una Tv picante.

Con el Niño Guerrero prisionero se habría demostrado que, en efecto, al teniente Ojeda lo mandó a matar Nicolás Maduro, preso en USA. Y se hubiese sabido de sus estructuras en Chile. Harto desubicado Trump.

Pero digamos las cosas como son: no existe una organización estructurada, vertical, con mando único, compartimentada y estrenada a niveles increíbles como la que se quiere mostrar.

Hay delincuencia organizada de una manera que es diferente a la que conocemos en Chile, eso sí. También se cometen delitos poco frecuentes que, como era esperable, trajeron ciudadanos que entraron ilegalmente y que, lo más probable, hacían lo mismo en sus países de origen.

¿Recuerda usted el Cartel de los Soles que según decía el presidente de USA involucraba al presidente de Venezuela, a autoridades y a militares de ese país?

¿Qué pasó con eso luego de la captura de Maduro? Esos supuestos miembros de ese cartel ahora trabajan de los más bien con los agentes de USA que están ahora en Venezuela.  Y nunca más se supo.

El año 2008, en una de sus conferencias famosas, Umberto Eco dice que el ser humano necesita tener un rival para definir su propia identidad y justificar sus debilidades. Necesita crearse un enemigo.

La historia le da la razón a cada rato.

Pero quienes no tiene necesidad de inventarse un enemigo es el pueblo llano. Los tiene por decenas en el sistema: las leyes, los patrones, las policías, las agencias de justicia, los créditos, las leyes de seguridad social, los precios y, sobre todo, muchos de aquellos que dicen representarlo.

 

Ricardo Candia Cares

 

[1] https://ipp.unab.cl/publicacion/sintonia-publica-tren-de-aragua-ronna-risquez/

[2] https://insightcrime.org/es/author/unidad-investigativa-venezuela/

[3] https://elpais.com/chile/2026-06-14/hector-barros-fiscal-chileno-ante-la-muerte-del-nino-guerrero-el-tren-de-aragua-va-a-seguir-funcionando-igual.html

[4] https://insightcrime.org/es/investigaciones/futuro-tren-de-aragua/

[5] https://prensa.presidencia.cl/comunicado.aspx?id=103689



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Ricardo Candia

Escritor y periodista

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