Informaciones Política Global

Siria: la justicia imposible. La Comisión de la ONU entre transición, violencias y territorios en disputa

Tiempo de lectura aprox: 4 minutos, 18 segundos

La Siria de 2026 vive en una suspensión permanente: no está ya en la guerra total, pero tampoco en un posconflicto capaz de reconstruir instituciones, confianza y derechos. Es un territorio fragmentado donde la violencia no es un residuo del pasado, sino una estructura que sigue moldeando la vida cotidiana. En este contexto, la visita de la Comisión Internacional Independiente de Investigación sobre la República Árabe Siria, concluida el 8 de julio de 2026, ofrece una mirada precisa sobre lo que queda del Estado, sobre lo que sobrevive en las comunidades y sobre lo que continúa siendo negado.

Entre el 1 y el 7 de julio, las comisionadas Monia Ammar y Fionnuala Ní Aoláin recorrieron Damasco, Homs, Quneitra y otras regiones marcadas por años de conflicto. Se reunieron con víctimas, funcionarios gubernamentales, actores de la sociedad civil y representantes de la comunidad internacional. Escucharon testimonios, verificaron condiciones de detención, observaron destrucciones y recopilaron información sobre procesos judiciales y dinámicas territoriales. Su trabajo se mueve en un equilibrio frágil: documentar violaciones mientras saben que la documentación, por sí sola, no detiene la violencia.

Un país que intenta la transición sin haber cerrado la guerra

La Comisión reconoció algunos avances en materia de justicia transicional: la elaboración de una ley específica, el inicio de juicios por violaciones cometidas durante el periodo del gobierno de Assad y la creación de salas judiciales dedicadas. En otro contexto, estos pasos podrían interpretarse como el inicio de un proceso de reconciliación. Pero en Siria, donde la guerra nunca terminó del todo, estos avances conviven con obstáculos profundos.

La Comisión insistió en la necesidad de garantizar legalidad, imparcialidad y respeto de las garantías del debido proceso. Recordó que la revisión del código penal es urgente, que los procedimientos deben ajustarse a los estándares internacionales y que la justicia no puede ser selectiva. Subrayó que la transición no puede centrarse en un solo actor del conflicto: “todas las partes deben ser igualmente objeto de verdad, justicia y responsabilidad”. En Siria, este mensaje tiene un peso político enorme.




La memoria de las violencias de 2025 —en Suwayda y en la costa— sigue abierta. La Comisión recordó que ha pasado un año sin que se hayan esclarecido responsabilidades. La transición, si quiere ser creíble, debe enfrentar estas heridas.

Detención: la zona gris donde la guerra continúa

La cuestión de los detenidos es uno de los puntos más sensibles. El Gobierno declaró su compromiso de garantizar derechos, acceso a familias y abogados. Pero la Comisión recibió testimonios que describen otra realidad: miles de personas detenidas sin revisión judicial, familias incapaces de obtener información sobre el destino de sus seres queridos, casos de detención prolongada sin base legal clara.

La Comisión recordó que la privación de libertad debe ser legal, proporcional y sujeta a revisión periódica, como exige la propia legislación siria. Expresó preocupación por la lentitud de los procesos, la falta de transparencia y la dificultad de acceder a centros de detención en algunas regiones, especialmente Raqqa y Hassekah.

En el norte y noreste, la situación es aún más compleja. Las instalaciones bajo control de las SDF albergan hombres, mujeres y niños en condiciones que la Comisión califica de “gravemente preocupantes”. El campo de Roj, donde más del 60% de los detenidos son menores, es un símbolo de esta crisis. La Comisión pidió a los Estados que aceleren la repatriación de sus ciudadanos, recordando que la detención indefinida de niños constituye una violación grave del derecho internacional.

Propiedad, reconstrucción y nuevas formas de exclusión

La guerra siria no solo destruyó vidas: borró hogares, documentos y barrios enteros. La Comisión se reunió con comunidades que no pueden recuperar sus propiedades porque carecen de documentación, porque los procedimientos son complejos o porque grandes proyectos inmobiliarios avanzan sin considerar los derechos de los habitantes originales.

La Comisión insistió en la necesidad de garantizar compensaciones justas, acceso a los procedimientos y protección de los derechos de las mujeres —a menudo excluidas de los procesos de restitución. Recordó que la reconstrucción no puede convertirse en una nueva forma de desposesión.

En Afrin observó mejoras en seguridad y un retorno progresivo de las instituciones estatales. Animó al Gobierno a facilitar el retorno digno de los desplazados, recordando que más de mil familias viven aún en condiciones precarias.

Quneitra: la frontera donde la guerra nunca terminó

La visita a Quneitra abrió un capítulo poco presente en los debates internacionales: las violaciones atribuidas a Israel en territorio sirio. La Comisión recogió testimonios sobre incursiones, detenciones arbitrarias, demoliciones de viviendas e impedimentos para acceder a tierras agrícolas.

Pidió a Israel restablecer el acceso a caminos y campos, permitir a los agricultores trabajar y liberar a los civiles detenidos arbitrariamente. Observó directamente el impacto de las carreteras bloqueadas: familias sin ingresos, comunidades inmovilizadas, tierras inutilizables.

Quneitra es un microcosmos de la Siria contemporánea: un lugar donde la soberanía está en disputa, donde la guerra es fragmentada y donde la vida cotidiana está moldeada por actores externos.

Educación: el futuro como rehén de la seguridad

La Comisión dedicó parte de su visita al tema de la educación. Reconoció avances en la armonización de los currículos y en el reconocimiento de títulos provenientes de zonas controladas por actores distintos. Apreció las medidas que permiten a niños sin documentos legales asistir a la escuela y acceder a servicios sanitarios.

Pero también observó obstáculos graves: estudiantes de Suwayda que no pueden realizar exámenes finales, comunidades que no envían a sus hijos a la escuela por miedo a ataques, universidades que funcionan de manera intermitente. La educación, en Siria, es un campo de batalla silencioso.

Hate speech, medios y libertad de expresión

La Comisión discutió con el Gobierno la necesidad de combatir el discurso de odio, recordando que la libertad de expresión debe ser protegida. Reconoció avances en la libertad de prensa, pero expresó preocupación por el equilibrio entre combatir el odio y controlar la información.

En un país donde la propaganda acompañó cada fase del conflicto, construir un espacio público pluralista es una tarea enorme.

Homs: la justicia que no llega

En Homs, la Comisión observó episodios de vigilantismo contra presuntos ex miembros del anterior gobierno. Recordó que la justicia no puede delegarse en la venganza y que el Estado debe garantizar investigaciones rápidas, eficaces e imparciales. Subrayó que la seguridad no puede construirse sobre el miedo.

También observó limitaciones a la sociedad civil, recordando que sin actores independientes no puede existir una reconstrucción creíble.

Una Siria atrapada entre pasado y futuro

La visita de la Comisión no es un evento aislado: forma parte de un proceso que comenzó en 2011, cuando el Consejo de Derechos Humanos estableció el mandato para documentar violaciones e identificar responsables. Desde entonces, la Comisión ha producido informes, recomendaciones y análisis. Ha denunciado crímenes, ha recogido testimonios y ha exigido responsabilidades.

Pero la Siria de 2026 sigue atrapada en una contradicción: intenta construir una justicia transicional mientras la guerra continúa generando nuevas violaciones. Busca reconstruir mientras nuevas destrucciones se acumulan. Intenta restablecer derechos mientras miles de personas siguen detenidas sin juicio.

La Comisión concluyó su visita recordando que la prevención requiere voluntad política, que la justicia exige transparencia y que la reconstrucción necesita inclusión. Reiteró que la responsabilidad debe avanzar “a todos los niveles”.

La pregunta que atraviesa Siria —y cada informe de la Comisión— sigue abierta: ¿puede existir una transición mientras la guerra continúa?

La respuesta, por ahora, permanece suspendida entre las ruinas de Homs, los caminos bloqueados de Quneitra, las salas judiciales de Damasco y los campos de detención del noreste. Entre lo que la Comisión documenta y lo que el sistema internacional no logra transformar en acción.



Foto del avatar

Elena Rusca

Periodista, corresponsal en Ginebra

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *