
Contrapuntos de lo problemático (Sobre el trasfondo del problema deliberativo)
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¿Vamos camino al desarrollo o hacia el subdesarrollo?
Estamos insertos en un mundo dominado por la tecnología. Cómo nunca antes la ciencia derivó tan rápidamente y tan globalmente hacia la economía. El tiempo que transcurre entre un descubrimiento, una innovación y una aplicación productiva se ha venido reduciendo geométricamente.
Esto se asocia a que el conocimiento ya dejó de ser un lujo privado y exótico para llegar a ser una actividad estratégica, corporativa, profesional y un tema de Estado, es decir se ha convertido en una herramienta vital del poder.
¿En qué se traduce ese poder del conocimiento?
En qué los países que adquieren ventajas en innovación, serán países que toman ventajas económicas, organizativas, sociales, bélicas y culturales.
Los precios de los productos nuevos son más altos que los de los productos convencionales, consolidando una ventaja de utilidad y de mercado.
La cultura organizativa que exige la innovación instalada como sistémica, es más compleja, exigente y progresiva.
La industria bélica es de las primeras que acogen las ventajas creadas a partir de la innovación, creando superioridad estratégica y mayor capacidad coercitiva o defensiva (observar las guerras del presente siglo).
El conocimiento como poder social, eleva el nivel cultural de su población, haciéndola más creativa, proactiva y participativa, transformándola en el principal activo estratégico de ventajas comparativas.
No se debe ignorar el contexto de poder en que se desarrolla y quienes son los beneficiarios de dicho poder científico tecnológico. El medio es el mensaje, decía McLuhan
La dinámica de reemplazo tecnológico y científico, que se midió en centurias, luego en décadas, hoy se está midiendo en quinquenios, y en algunas áreas la obsolescencia se mide ya semestralmente.
Este aceleramiento de la innovación va creando espacios vacíos de acción, es decir va marginando áreas de actividad y relegándolas al baúl de los recuerdos. Mientras que lo nuevo gana presencia y prestigio en cuanto a forma y fondo de su desempeño (ver drones comparados con aviones en la guerra de Irán y de Ucrania; los vehículos eléctricos comparados con los de petróleo).
La Inteligencia Artificial (IA), que se instala con aires de querer cambiar todos los paradigmas de la cultura humanista, exige agitar las voluntades por subirse al vehículo conceptual y operativo de esta nueva ciencia. Nadie podrá quedarse en las pisaderas, pues el expreso ya despega con bríos de incontinencia formidable.
Por eso es pertinente preguntarse si con nuestras políticas económicas resignadas al quehacer primario; si con nuestra cultura rezagada y ultramontana, nos encaminamos realmente hacia el desarrollo o estamos siendo unos diletantes irresponsables y ciegos que nos acoquinamos en el subdesarrollo como vocación entitativa, es decir filosófica y doctrinaria mente.
¿Mercado pero sin sociedad?
La tecnología y la ciencia transforman el mundo de las relaciones, de los símbolos y, por tanto, del lenguaje.
Desde los “aedos” griegos que cantaban Homero, dentro de la sociedad aristocrática, luego de Pisistrato que ordena la escritura en papiro, lo que encamina a la experiencia democrática de Atenas; más adelante la imprenta de Gutenberg que deriva en el renacimiento cultural de Europa y las guerras religiosas (nuevo protagonismo del sujeto en el discernimiento de la fe) y surgimiento de los Estados Naciones y sus diferentes identidades hasta llegar a la era moderna con su nuevo universalismo y el nuevo diseño posmoderno que pretende borrar la era Gutenberg y convertir el lenguaje del universal en el lenguaje del “gueto”. Pero que se contradice con el paradigma de una globalización de la información y los mercados, que propugna la universalización del lenguaje. Entonces se resuelve esta contradicción en que el agente neutro del significado es ahora el DATO.
Cada individuo se considera no como agente o actor que incide en la sociedad, sino que se encasilla como “dato” que participa de tal o cual espacio de pertenencia volitiva del sistema.
El “ser” tiende a desaparecer del escenario lingüístico, la persona pasa a representarse en guarismos procesables por los agentes políticos (elector) y económicos (consumidor).
Nos estaríamos aproximando no solo al concepto de “ser para la muerte” de Heidegger, sino a algo más radical, cual es el concepto de “la muerte entitativa del ser” del filósofo García Bacca, es decir el aniquilamiento del hombre, cuyo límite humano es el símbolo (Cassirer) o el lenguaje (Wittgenstein).
¿Terminaremos siendo UN DATO?
Los nuevos liberales dicen que lo que EXISTE es el individuo (que la nueva economía de mercado lo reduce a “dato”), que la sociedad no existe (Thatcher y compañía), por tanto se niega a la persona, que deja de existir si no se comunica (lenguaje comunicativo, según Habermas).
Entonces nos queda la sociedad de “datos”, y eso es la muerte de la persona, que por definición es un ser social (personalismo de E. Mounier).
¿En qué nivel del saber nos manejamos?
Tomando una epistemología compatible con las teorías de un sabio como Montaigne, y de filósofos como Descartes o Spinoza, veremos qué de las categorías del saber como Opinión, como Razón o como Intuición superior e integral, veremos qué nuestras sociedades de las comunicaciones “pluriunívocas” (cada individuo opina desde se magro saber y entender, desde sus sesgos, sus prejuicios, sus condicionantes psicológicas).
Los especialistas opinan desde una razón instrumental o ideológica, que las más de las veces encierran pasiones sectarias o grupalistas, clasistas, etc.
Raramente el saber racional (que es el saber más adecuado para las cosas físicas o materiales), supera la lógica instrumental, de modo que la tarea pendiente es la de arribar a una Tercera categoría del conocimiento: una lógica de la razón universal, integradora de todas las variables que llegan a definir una trascendencia humana del conocimiento intuitivo
Al movernos preferentemente en el mundo de la OPINION y de la RAZON INSTRUMENTAL, quedamos sujetos a las expresiones apasionadas, sectarias o de insano totalismo.
Una nueva ETICA.
La ética posmoderna y del globalismo liberal, viene atada a la perdida de los valores universales, siendo propuesta una ética fragmentaria e individualista.
El filósofo Spinoza exige una ética de la comprensión universal, para las cosas humanas y cósmicas. El hombre se libera y se potencia cuando integra el bien como beneficio y armonía para la totalidad de los seres, humanos y no humanos, eso incluye toda la naturaleza.
Todo lo que dañe, ofenda o destruya a alguno de los seres naturales, debilita, rebaja y degrada la acción potenciadora del hombre dentro del cosmos y del mundo.
Está Ética que se hermana a la de Aristóteles, de Kant y de Bergson, nos cuestiona fuertemente, ya que hoy tenemos lo que Heidegger llamó “ El olvido del Ser”, y de Kant el “imperativo categórico”. También ese primer mandamientos de la ciencia médica, que bien se puede aplicar a todo saber : “Primum Non nocere”.
Hugo Latorre Fuenzalida





