
De la campaña del Rechazo a La Moneda: la red chilena que trabajó con Fernando Cerimedo
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Felipe Costabal, Alejandro Irarrázaval e Ignacio Dülger participaron en Casa Común por el Rechazo, la estructura que contrató al argentino Fernando Cerimedo durante el plebiscito de 2020. Una encuesta de su firma Numen recibió entonces un llamado en portada y amplio despliegue en El Mercurio. Ahora el Congreso busca que el jefe del Segundo Piso explique sus eventuales vínculos con el consultor detenido en Bolivia.
La detención de Fernando Cerimedo en Bolivia abrió una caja que ya no contiene solamente antecedentes sobre un operador digital argentino acusado de un grave delito. En Chile está dejando al descubierto algo políticamente más incómodo: varias personas que compartieron con Cerimedo la estructura que trabajó por el Rechazo en 2020 ocupan o han ocupado posiciones estratégicas alrededor del presidente José Antonio Kast y en La Moneda.
La última pieza es Felipe “Yeti” Costabal, actual director de la Secretaría de Comunicaciones, Secom, y uno de los principales responsables del relato comunicacional del Gobierno.
Una investigación publicada este martes por El Mostrador confirmó que Costabal trabajó como creativo en Casa Común por el Rechazo, organización empresarial que contrató los servicios de Cerimedo durante la campaña del plebiscito constitucional de 2020. Allí coincidieron también Alejandro Irarrázaval, hoy jefe de asesores presidenciales, e Ignacio Dülger, quien hasta comienzos de agosto formó parte del círculo del Segundo Piso.
El antecedente obliga a mirar nuevamente lo ocurrido hace seis años.
No porque exista evidencia pública de que Costabal, Irarrázaval o Dülger hayan administrado granjas de bots o participado personalmente en operaciones de desinformación. Hasta ahora no existe prueba que permita sostenerlo.
La cuestión es otra: ¿qué fue exactamente Casa Común, qué hacía Cerimedo dentro de ella y cuánto de aquella red política, empresarial y comunicacional continuó posteriormente alrededor de Kast?
Los hombres que volvieron a encontrarse
Casa Común reunió en 2020 a empresarios y profesionales que buscaban impedir la apertura de un proceso constituyente. Entre sus dirigentes aparecían Gerardo Jofré, expresidente de Codelco, y el entonces exdiputado Gonzalo de la Carrera.
Ahora sabemos con mayor precisión quiénes trabajaban allí.
Gerardo Jofré confirmó a El Mostrador que Felipe Costabal participó en la campaña. En la misma organización estaban Alejandro Irarrázaval e Ignacio Dülger.
Y estaba Fernando Cerimedo.
Una fuente consultada por el medio sostuvo que probablemente Costabal había llevado al argentino al comando. Jofré lo niega. Por tanto, no existe fundamento suficiente para afirmar que el actual director de la Secom contrató o introdujo personalmente a Cerimedo.
Pero el hecho comprobado es suficientemente significativo: Costabal, Irarrázaval, Dülger y Cerimedo coincidieron dentro de una misma estructura política destinada a conseguir el triunfo del Rechazo.
Cinco años más tarde, tres de aquellos nombres reaparecieron alrededor de Kast.
Irarrázaval llegó a convertirse en jefe del Segundo Piso de La Moneda. Costabal dirige las comunicaciones gubernamentales. Dülger estuvo integrado al mismo círculo hasta su reciente salida.
No es prueba de una operación posterior conjunta con Cerimedo. Pero sí configura una continuidad política y profesional que merece ser explicada.
Cerimedo no hizo una encuesta: hizo al menos tres
La investigación de El Mostrador aporta otro antecedente particularmente importante.
Jofré afirma que Cerimedo realizó al menos tres encuestas para Casa Común. Otro integrante de la organización confirmó al medio haber participado personalmente en una reunión con el argentino.
Esto modifica la imagen de un consultor extranjero que apareció fugazmente con un sondeo extravagante.
Cerimedo era un proveedor de una organización política chilena.
Y una de las encuestas producidas por su empresa, Numen, alcanzó algo que probablemente ninguna campaña digital por sí sola habría conseguido: un llamado en la portada de El Mercurio y un amplio despliegue en sus páginas interiores.

La encuesta de El Mercurio
El domingo 6 de septiembre de 2020, El Mercurio publicó:
“Encuesta señala que cifras de Rechazo y Apruebo se estrechan a dos meses del plebiscito”.
Era un estudio de Numen.
La página de aquella edición —que permite reconstruir directamente el tratamiento que el diario dio al estudio— identifica la fuente como “Numen Sondeos (Argentina)”, publica una fotografía de Fernando Cerimedo y lo presenta como “CEO de Numen”.
El estudio aseguraba haberse realizado mediante 18.318 encuestas digitales.
Ante la pregunta “Si el plebiscito fuera este domingo, ¿qué votaría?”, Numen obtenía 42,3% para el Apruebo y 34,6% para el Rechazo. Pero su proyección más llamativa entregaba 53% al Rechazo y 47% al Apruebo.
Era un escenario radicalmente distinto al que mostraban las demás encuestas.
Y El Mercurio lo sabía.
En la misma página publicó un recuadro titulado “Datos clave” donde informaba que Cadem daba aproximadamente 71% al Apruebo y 20% al Rechazo; Criteria, 74% contra 17%; y Data Influye, 73% contra 13%.
Siete semanas después, el resultado efectivo fue 78,28% para el Apruebo y 21,72% para el Rechazo.
La cuestión relevante, sin embargo, no es simplemente que una encuesta se haya equivocado.
¿Quién pagó el estudio?
Cuando Numen comenzó a ser cuestionada, Cerimedo explicó posteriormente que su cliente era un grupo de empresarios chilenos comprometidos con la campaña del Rechazo.
Las investigaciones posteriores permitieron establecer la participación de Casa Común.
Es decir, la encuesta que obtuvo un llamado en la primera página del diario más influyente del país no provenía de un observador independiente del proceso electoral. Había sido encargada por personas involucradas directamente en una de las opciones del plebiscito.
Numen realizaba, además, otros trabajos para ese mismo sector.
Ese contexto transforma completamente la pregunta sobre el tratamiento periodístico del estudio.
El periodista habló directamente con Cerimedo
La página original permite establecer además algo que las reconstrucciones posteriores podían hacer pasar inadvertido.
La información está firmada por el periodista Jorge Marchant y contiene declaraciones obtenidas directamente de Cerimedo desde Buenos Aires.
El texto señala que Cerimedo decía a El Mercurio que existía “un gran porcentaje del Rechazo que ya da por perdida la elección” y atribuía esa situación al pesimismo provocado por las encuestas.
El diagnóstico resulta revelador.
El problema político que Cerimedo identificaba no era únicamente cuántos partidarios tenía el Rechazo, sino cómo conseguir que quienes simpatizaban con esa opción creyeran que todavía podían ganar y acudieran a votar.
La encuesta contribuía precisamente a construir esa expectativa.
La firma de Marchant permite identificar al periodista que elaboró la información, pero no permite atribuirle la decisión de otorgarle ese despliegue ni, mucho menos, llevarla a primera página. Esas decisiones corresponden normalmente a niveles editoriales superiores.
Marchant trabajaba entonces en la sección Política de El Mercurio. Meses después dejó el diario y pasó a desempeñarse como periodista y asesor comunicacional del Centro de Estudios Ideas Republicanas. Ese antecedente público no demuestra coordinación alguna con Cerimedo ni permite inferir que la publicación del sondeo obedeciera a motivaciones políticas personales. Sí agrega contexto sobre la trayectoria posterior del periodista que entrevistó directamente al consultor argentino.
¿Cómo llegó Numen a El Mercurio?
Esta es una de las preguntas que permanece sin respuesta.
¿Quién llevó la encuesta al diario?
¿Llegó directamente desde Cerimedo o Numen?
¿Fue entregada por Casa Común?
¿Intervino Gerardo Jofré, Gonzalo de la Carrera u otro integrante de las organizaciones del Rechazo?
¿Quién puso al periodista en contacto con Cerimedo?
¿Sabía El Mercurio quién había encargado y financiado el estudio?
¿Conocía que Numen prestaba servicios a organizaciones comprometidas electoralmente con el Rechazo?
¿Qué antecedentes verificó sobre la experiencia de la empresa argentina realizando estudios de opinión?
¿Quién decidió otorgarle un llamado en primera página?
Y, sobre todo, ¿qué criterios editoriales justificaron semejante jerarquización de una medición que difería dramáticamente de todas las encuestas conocidas?
No existen antecedentes públicos suficientes para responder esas preguntas. Precisamente por eso deben formularse.
De encuestadora a “agencia de publicidad”
Hay un antecedente adicional especialmente significativo.
Pocos días después de aquella publicación, cuando comenzó la discusión sobre la metodología de los sondeos, el propio El Mercurio volvió sobre Numen en una información dedicada al desafío que enfrentarían las encuestas en el plebiscito.
Esta vez la describió como una “agencia de publicidad argentina”.
La denominación resulta importante.
La empresa que pocos días antes había recibido tratamiento equivalente al de una encuestadora capaz de anticipar un vuelco electoral era reconocida ahora por el propio diario como una agencia de publicidad.
Esto vuelve inevitable otra pregunta:
¿qué antecedentes verificó El Mercurio sobre Numen antes de convertir su estudio en una de las principales noticias políticas de aquel domingo?
La legitimidad de un gran medio
La controversia no terminó allí.
Dos días después de la publicación, la Asociación de Investigadores de Mercado y Opinión Pública advirtió sobre la circulación de estudios provenientes de fuentes no habituales y con insuficiente transparencia metodológica. La organización no individualizó públicamente a Numen.
El País ha recuperado ahora aquel episodio dentro de su reconstrucción de las actividades de Cerimedo en Chile.
El problema de fondo trasciende una encuesta.
Un gran medio no solamente reproduce información. También le transfiere legitimidad.
Ahí aparece una dimensión de las operaciones políticas contemporáneas bastante más compleja que una granja de bots.
Un grupo de empresarios financia una campaña.
La campaña contrata un consultor.
El consultor produce una encuesta.
La encuesta instala una interpretación electoral.
Un medio tradicional la transforma en noticia.
La noticia regresa después a las redes sociales convertida en información aparentemente independiente.
El circuito puede resumirse así:
campaña política → encuesta → medio tradicional → redes sociales → campaña política.
La propaganda, si ese fuera el propósito original, ha cambiado de naturaleza durante el recorrido. Ya no vuelve a las redes como un mensaje emitido por quienes promueven determinada opción, sino como una noticia publicada por un medio de comunicación.
Eso no significa que El Mercurio haya participado conscientemente en una operación política de Cerimedo. No existe evidencia pública que permita afirmarlo.
La pregunta legítima es diferente: ¿funcionaron adecuadamente sus filtros editoriales?
La investigación llega al Segundo Piso
La historia dejó de ser únicamente retrospectiva.
Los antecedentes sobre Casa Común y Cerimedo comenzaron ya a producir acciones de fiscalización parlamentaria.
El diputado Jaime Araya solicitó inicialmente a Alejandro Irarrázaval que transparentara eventuales relaciones profesionales, contractuales, políticas o comerciales con Cerimedo.
Ahora ha dado un paso adicional: pidió al presidente de la Comisión de Futuro de la Cámara, Daniel Manouchehri, que cite a Irarrázaval para que comparezca ante esa instancia y explique directamente sus eventuales vínculos con el argentino.
La diferencia es relevante.
El jefe del Segundo Piso podría tener que responder ante diputados preguntas que hasta ahora han permanecido abiertas:
¿Conoció personalmente a Cerimedo?
¿Trabajaron juntos dentro de Casa Común?
¿Participó en reuniones con él?
¿Conoció los estudios realizados por Numen?
¿Tuvo alguna intervención en la estrategia digital de aquella campaña?
¿Mantuvo contactos con Cerimedo después del plebiscito?
Y, particularmente, ¿existió alguna participación directa o indirecta de Cerimedo en campañas posteriores de José Antonio Kast?
Hasta ahora no existe evidencia pública suficiente para afirmar esto último.
Pero el asunto ya está entrando al Congreso.
Otros parlamentarios han solicitado además al Servel antecedentes que permitan establecer si empresas relacionadas con Cerimedo aparecen en rendiciones electorales chilenas.
Mientras tanto, Cerimedo sigue preso
Todo esto ocurre mientras la investigación boliviana continúa ampliándose.
Cerimedo permanece en el penal de Palmasola bajo 180 días de prisión preventiva, imputado dentro de la investigación por el ataque contra su expareja Nadia Beller.
La causa avanzó además sobre la logística material del atentado. La Justicia boliviana decretó 120 días de prisión preventiva para otros dos detenidos vinculados con el arma utilizada en el ataque, mientras Beller solicitó ampliar su declaración para entregar nuevos antecedentes.
Paralelamente continúa una investigación patrimonial sobre Cerimedo y las personas de su entorno.
Y en Argentina comenzó una acelerada operación de distanciamiento. La Derecha Diario anunció su desvinculación total del argentino y la transferencia de su participación a Javier Negre. Informaciones recientes indican que la firma de esa transferencia se produjo cuando Cerimedo ya estaba detenido en Bolivia, aunque Negre sostiene que la operación había sido acordada anteriormente.
La fecha exacta, las condiciones económicas de la transferencia y la documentación societaria adquieren por ello relevancia para establecer cuándo comenzó realmente la ruptura.
El problema chileno está en La Moneda
La prisión de Cerimedo en Bolivia fue el acontecimiento que permitió comenzar a reconstruir esta historia.
Pero la cuestión chilena ya no está en Palmasola.
Está en Santiago.
Está en Casa Común.
Está en aquella encuesta de Numen.
Está en la decisión de El Mercurio de otorgarle un despliegue extraordinario.
Y ahora está también en La Moneda.
Hoy sabemos que Cerimedo trabajó para una estructura empresarial dedicada al Rechazo y que realizó al menos tres estudios para ella.
Sabemos que una de esas encuestas recibió un llamado en la portada de El Mercurio y una amplia publicación interior, pese a mostrar un escenario electoral completamente diferente del resto de los estudios disponibles.
Sabemos también que Felipe Costabal, Alejandro Irarrázaval e Ignacio Dülger participaron de aquella misma estructura política y posteriormente llegaron al núcleo comunicacional y estratégico del gobierno de José Antonio Kast.
Nada de esto prueba que hayan participado en las operaciones digitales atribuidas posteriormente a Cerimedo.
Pero la coincidencia ya es suficientemente significativa como para requerir respuestas.
Y esas respuestas empiezan ahora a ser reclamadas institucionalmente.
La pregunta dejó entonces de ser solamente qué hizo Fernando Cerimedo en Chile.
La pregunta que La Moneda tendrá que comenzar a responder es otra:
¿qué relación tuvieron con Cerimedo los hombres que trabajaron con él durante el Rechazo y que años después llegaron al corazón político y comunicacional del gobierno de José Antonio Kast?
Félix Montano





