
“Ciudad bohemia”: el encanto de la noche citadina
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“No hay tiempo que perder
en este mundo embellecido
por su fin tan próximo”.
(Enrique Lihn)
Las ciudades esconden vidas, vidas propias llena de ternura frente al encanto seductor de la bohemia. Vivir la vida con alegría en esa atmósfera trágica despertando los demonios encontrándonos con ángeles que escaparon del paraíso. Suspender el agobio cotidiano, olvidando el reloj saliéndonos de la norma, tal cual la filosofía del carnaval, un gusto para permitirnos ser de otro modo con menos inhibiciones, donándole historias que permiten alimentar la forma de una ciudad.
No es insensato el elogio a la bohemia, espíritus liberados a ese pacto con Baco, con licencia para reunirse en un punto de encuentro con ese ánimo de confabular contra el hastío, como dice esa popular canción francesa “Épuisés, mais ravis, fallait-il que l’on s’aime et qu’on aime la vie” (Agotados pero encantados, cuánto teníamos amarnos y amar la vida). “Ciudad Bohemia” es una teatral musical que celebra ese rito nocturno en el cual se permite desatar la pulsión vital por ser ese rostro anónimo que goza a pesar de las penas, torcerle la mano al permanente sometimiento de la vida productiva, recuperando al homo ludens vestigio de nuestro origen más esencial.
La música del mundo popular que ha sabido reinventarse entre cuecas, tangos, boleros y valses, donde los zapateos se escuchan mejor en pisos de maderas de esas casonas viejas, casi olvidadas que invitan casi a una estética de la ruina. Huellas del tiempo pasado de una ciudad que siguen deambulando como sus fantasmas. Podríamos decir que en esa estética hay una contracultura del resistencia, a las modas, a lo vacío, a lo inocuo, que tienden actualmente nuestras formas de habitar la ciudad.
Daniel Muñoz un conocedor de esos relatos, un protagonista de la vida cultural que mantiene parte de ese fuego para encender la vida aportando a la comprensión de lo que fuimos y somos, ser en el tiempo pasado y en el tiempo presente sin la preocupación por el porvenir, más memoria que futuro, expresión del destino. “Ciudad Bohemia” una obra que genera expectativas como si nos paráramos en el centro de un pasillo para mirarnos a un viejo espejo de cuerpo completo.
Somos actores de nuestras tragedias en las cuales siempre hay espacio para la felicidad, un destino que no está en la espera, siendo lo que se es, tiempo que revitaliza al tiempo. Sospecho que esta obra que se presenta este fin de semana en el Teatro Nescafé de las Artes será una de esas creaciones que son parte del canon del teatro musical chileno.
Alex Ibarra Peña.
Dr. En Estudios Americanos.
@apatrimoniovivo_alexibarra
