Chile al Día Corrientes Culturales

Valparaíso despidió a Loro Coirón 

Tiempo de lectura aprox: 4 minutos

Diversas voluntades del quehacer cultural porteño se coordinaron para rendir un homenaje póstumo este sábado 31 de octubre a “Loro Coirón”, un artista de origen francés que ancló en Valparaíso a principio de los años noventa y se enamoró de inmediato de “este puerto que amarra como el aire”, como nos dice el “Gitano” Rodríguez en su bella canción.

El artista grabador Thierry Defert, “Loro Coirón” para los porteños y porteñas, nació el año 1948 en París, vivió parte su adolescencia y juventud en África y falleció el pasado 23 de octubre en la localidad de Lontué, Chile.

El atrio de la iglesia La Matriz, en pleno corazón patrimonial porteño, fue el lugar escogido para esta emotiva actividad, un barrio en el que Loro Coirón vivió y compartió con sus habitantes a quienes definía como el verdadero patrimonio cultural vivo de esta ciudad puerto, razón por la cual, con lápiz y papel, recorrió distintos barrios, cerros, lugares y rincones de Valparaíso para dibujar en su croquera a los porteños y porteñas en sus quehaceres cotidianos, para luego plasmarlos en sus maravillosos grabados en blanco y negro.

Discursos, semblanzas y música popular alternaron armónicamente junto a un altar tipo “animita popular” ubicado en la parte superior de las escalinatas de La Matriz, con fotografías del Loro Coirón rodeado de flores y su famosa frase “como si la vida fuera a durar para siempre”, teniendo como telón de fondo algunos de sus grabados porteños, en un anfiteatro formado por la iglesia, los edificios laterales y las casas multicolores de los cerros aledaños.




En sus primeros pasos recorriendo Valparaíso Loro Coirón se encontró sorpresivamente con la “Librería Crisis”, una especie de pasadizo multidimensional que lo invitó a entrar en un espacio mágico que reproducía en sus estantes irregulares, repletos de libros multicolores, los cerros porteños. Entrar, encontrarse y conversar con Mario LLancaqueo en su mundo cultural y literario, pasaron a formar parte indisoluble de su amor a esta ciudad puerto, desde ese mismo instante.

Por lo anteriormente expuesto, reproduzco a continuación las emotivas palabras expresadas en este homenaje a Loro Coirón por Marilén LLancaqueo, hija de Mario que continúa llevando adelante el legado cultural de su padre:

 

“Dos tercios de mi vida han sido con el Loro. Era a mediado de los noventa cuando mi padre llegó enfebrecido contando cómo te conoció Loro. Un francés de pelo rojo y grandes cejas se asomó por la puerta pequeña de La Crisis y suspiró “por fin una librería”. El amor entre mi padre y tú fue a primera vista, así como el amor que le tenían a esta ciudad con esa mirada atenta sobre los detalles e intersticios en cada esquina, ese que ustedes solamente veían. La suerte de ser la hija de mi padre, que pude ser la niña agrandada que se integraba en sus conversaciones delirantes y preciosas, sus rituales de almuerzos cada primavera, las lecturas básicas, los proyectos. Con el tiempo, yo también pude tener mis propias conversaciones contigo, Loro, nuestros propios almuerzos de primavera.

Cuando llegó tu primera carta hubo que desplegarla entre muchas manos, ocho metros de largo de El Almendral, tu primer hogar antes de venirte aquí al Barrio Puerto. El trazo de tu ruta diaria desde el Hotel Lancaster, donde te alojabas, hasta la Woronoff, donde comprabas tu gorra anual, pasando por La Crisis. Mi padre rápidamente colgó esa carta en la entrada de su librería para que nadie pudiera ignorarla y dejar de preguntar “y esta obra, de quién es”, y así él podía contar orgulloso la historia de su amigo francés.

Mi padre quería que nunca te fueras de Valpo. Eras un aliado en el porteñismo, por eso estaba feliz cuando te quedaste con la casa quemada en los altos de la Plaza Echaurren. Ahí estuvimos alentando, caminando entre escombros y cenizas, “mira el barro”, exclamabas y acariciabas el adobe, “mira las baldosas”, y tirabas un beso al aire mientras Arturo pulía y pulía para que los restos de la casa renacieran de las llamas.

Cuando este año nosotros sufrimos un incendio pensé en ti y en tu casa porteña quemada y en la ternura con que la adoptaste y le diste nueva vida. Así debía cuidar yo ahora mi librería, curarle sus heridas. Una vez más diste el ejemplo.

Tu amor animista, por lo vivo y lo que no, siempre ampliaba posibilidades en vez de restarlas. Debo decirte que aprendí a querer a Valpo más por ti que por mi padre, porque a los padres siempre se les lleva la contraria, pero a los amigos no. Contigo aprendí a respetar la luces y sombras de esta ciudad, sobre todo la luz de la mañana. El trabajo, los oficios paralelos y traspuestos que construyen el habitar de una ciudad. El comercio como intercambio de favores, las frutas y verduras a granel en el Cardonal, desayunos en La Paloma, un alboroto vital y análogo de ese Valpo de cambio de siglo que algunos alcanzamos a conocer.

En estos     días me he dado cuenta de lo chica que era cuando te conocí y de que tú tenías mi edad, y me sorprendo de tu cariño y tu don de establecer relaciones transversales y justas entre generaciones tan distintas. Ese es tu legado. El desafío de pensar en el diálogo intergeneracional como una posibilidad cierta de un mundo mejor.

Hoy hablar de ti también es recordar a mi padre, así como hablar de mi padre es recordarte a ti. Seguro él te espera tras el mesón de la nueva librería allá en el nometru lafken y ya te dio un paseo por la parte porteña del barrio.

Ahora nuestra librería está a punto de cumplir 35 años, ordeno el archivo desperdigado que salvamos del incendio y te encuentro en todas partes: notas, dibujos, cartas y ahí me quedó con un trocito de la carta dibujada que escribiste en febrero del 98, mientras navegabas rumbo a Valparaíso…”

El homenaje concluyó con unas palabras de Luz, esposa de Loro Coirón, quien muy emocionada agradeció “este maravilloso y hermoso homenaje, todo el amor que Loro les tenía, que tenía hacia Valparaíso, les tiene, porque prefiero hablar en tiempo presente, es el amor que estamos viendo en este momento. Es una maravilla, Loro está con nosotros y nosotros estamos con él de todas maneras. Viva la vida, lo más importante, la vida va a durar para siempre. Cuando recién conocí al Loro, a él le encantaba la música y, además de todas sus bondades, era un gran romántico. En un momento estábamos escuchando una canción de Pablo Milanés, “Yolanda”, y él me dijo “Luz, el día que yo desaparezca, que yo me muera, quiero que esta canción me acompañe en el momento final, si te toca a ti antes, yo lo haré también”, fue como un pacto. Eso quería compartir con ustedes y poder ahora poder escuchar “Yolanda” y eso me emociona tremendamente. Compartamos esta emoción…”

Con la voz de Pablo Milanés interpretando la canción “Yolanda” a través de los altoparlantes finalizó la actividad en homenaje al artista porteño “Loro Coirón”.

 

Guillermo Correa Camiroaga

Valparaíso 31 octubre 2026

 

 

Autor



Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Memoria, documentos y archivos históricos de la Fundación Presidente Allende

Historia y litigio por la confiscación de El Clarín

 Proceso judicial y antecedentes del caso Pinochet

Proceso en España a los crímenes de la dictadura

 Entrevistas, escritos y discursos de Salvador Allende

 Fondos recuperados del caso Riggs destinados a víctimas de la dictadura

El Clarín de Chile · Aviso legal Privacidad Política de cookies
Danzai Software