
La resistencia, la autogestión, la soberanía alimentaria, energética y económica, pueden ser pasos hacia la emancipación de la periferia. Pero eso requiere algo más que buenas intenciones. Requiere voluntad política, organización social, y sobre todo, una visión clara de un futuro en el que la periferia no esté condenada a ser siempre la que paga los platos rotos.









