Vamos a enfrentar una nueva elección. Por supuesto. Pero esta vez lo haremos premunidos de un instrumento de análisis, de esa nueva arma que es el pensamiento crítico.

El mapa político del presente siglo, en Chile y en el mundo, muestra una evidencia difícil de ignorar: el avance sostenido de las fuerzas conservadoras.

El estudio de la base económica de la sociedad es, pues, crucial para esos efectos: la rotación del capital nos lleva a determinar la tipología de los sectores dominantes y, por ende, la de los sectores dominados

Los empresarios ya no se sienten necesitados de representantes. Han descubierto que sus negocios pueden funcionar solos. Lo que ha sucedido en Estados Unidos es un preludio de lo que puede suceder en el resto del planeta. Los adelantos tecnológicos han permitido todo ello.

Hoy la presenciamos en las declaraciones de no pocos políticos, fundamentalmente, de las alianzas opositoras pues se manifiestan sin tapujos en sus añoranzas pinochetistas, en la defensa de los violadores de los derechos humanos —recluidos en Punta Peuco—, en las manifiestas ansias de provocar temor por la inseguridad, por el comunismo, en fin.

Las trasgresiones al Derecho Internacional que hoy se hacen —y que la ONU prometiera sancionarlas como crímenes en contra de la humanidad— no son sancionadas. Y es probable que jamás lo sean. Tampoco son nuevas dichas transgresiones. Han estado presentes desde la dictación misma de la carta fundacional de las Naciones Unidas.

Mientras la escena pública se consume en disputas superficiales y escándalos mediáticos, este ensayo propone recuperar las herramientas teóricas legadas por pensadores como Aristóteles, Althusser y Marx para comprender —y transformar— las estructuras profundas que rigen la sociedad.

Condenar de antemano y, luego, buscar las pruebas para corroborar lo enunciado no es una profecía autocumplida. Es la demolición de la lógica. El imperio de la arbitrariedad. El reinado de las suposiciones y la ignorancia.

No criticamos el frenesí eleccionario que se ha desatado. De ninguna manera. Por el contrario. Nos sorprende, únicamente, no haber encontrado, en esa lista, los nombres de algunas personas —como los de Fabiola Campillay, Elisa Loncón, Gustavo Gatica o Cristina Dorador, entre otros, igualmente meritorios— por las que sí, gustosos, concurriríamos a las urnas a depositar

Muchas de las innovaciones, que introdujo la dictadura pinochetista, durante su período, a la institucionalidad chilena, no solamente se mantuvieron durante los gobiernos que la sucedieron sino, en no pocos casos, las profundizaron. El caso de la generación y distribución de la energía eléctrica fue (y es, en la actualidad) una de aquellas. Tal fue el rol político





