
Al renunciar el gobierno a la movilización social como acicate fundamental de los cambios, La Moneda se ha visto envuelta por la política cupular y una batahola de negociaciones dentro de un Poder Legislativo en que los sectores retardatarios son mayoría, así como las frecuentes deserciones partidarias de diputados y senadores con que la derecha ha ganado aún más terreno.














