
Se hace patente una paradoja: la misma voz que glorifica e idealiza a los araucanos advierte en ellos una condición paupérrima y miserable que requiere apoyarlos y civilizarlos. Se instala así un contexto en que opera un doble discurso, por una parte, glorificación idealizada que tiene su fundamento en la obra de Ercilla, imaginario que fue utilizado para acentuar una














