El progresivo debilitamiento del sistema parlamentarista oligárquico, dado su parálisis y estancamiento económico, frente a una emergente clase media que lo cuestionaba, se acentuó especialmente con las elecciones parlamentarias de 1918, que le dieron un resonante triunfo a la Alianza Liberal, combinación de los partidos Radical, Demócrata y de los liberales de izquierda