
El Milei que llegó prometiendo dinamitar la política tradicional se enfrenta hoy a la paradoja de verse cercado por ella. Sus enemigos no son solo “los orcos” de la oposición, sino también los gobernadores que se sintieron traicionados, los legisladores que ya no lo obedecen, los empresarios que pierden dinero y los ciudadanos que se hartaron de esperar milagros.














