
Que esta controversia lingüística suceda en medio de la lluvia, temporales e inundaciones, es síntoma de inquietud. Ponen otra vez a prueba, la fragilidad de nuestra infraestructura, aunque las desgracias, vienen a despercudir el ámbito alicaído de la vida doméstica. Hasta la fecha, a nadie le han dicho infeliz. Qué felicidad.














