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Cambio en la política antiminas estadounidense: un peligroso paso atrás

El anuncio hecho por Estados Unidos, (el cual no había utilizado minas antipersonal durante casi tres décadas), que permite hoy “planear, y hacer uso” de estas armas en futuros conflictos “es un paso en la dirección equivocada”, dijo Osman Abufatima Adam Mohammed, Presidente de la Convención sobre la Prohibición del Uso, Almacenamiento, Producción y Transferencia de Minas Antipersonal, conocida informalmente como la Convención de Ottawa o Tratado Antiminas.

 

“La declaración según la cual las minas antipersona ‘siguen siendo una herramienta vital en la guerra convencional a la que el ejército de los Estados Unidos no puede renunciar responsablemente’ es extraña teniendo en cuenta que desde antes de que la Convención entrara en vigor hace 20 años, los Estados Unidos, bajo liderazgos republicanos y demócratas, habían descontinuad el uso, producción y transferencia de estas armas”, dijo el Director de la Secretaría de la Convención Juan Carlos Ruan.

 

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“El revés en su política antiminas es una seña preocupante ya que podría alentar a aquellos estados que no hacen parte del tratado a que también eludan la norma global contra estas armas, y pone a los Estados Unidos peligrosamente cerca a aquellos pocos en el mundo que han usado esta arma en los últimos tiempos. La Convención ha profesado durante mucho tiempo que cualquier utilidad militar percibida o limitada de las minas antipersonal es desmesurada en comparación a las devastadoras consecuencias humanitarias que acarrean su uso. No existe tal cosa como ‘el uso responsable de minas antipersonal’”, agregó el Director de la Secretaría de la Convención.

 

Un informe de 2019 de la sociedad civil realizado por el Monitor de Minas Terrestres indica que el 71% de las más de 6,000 víctimas registradas de minas y otros restos explosivos de guerra eran civiles.

 

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Con el 54%, los niños representan un desproporcionado porcentaje de esta cifra.

 

La mayoría de los Estados que aún no se han adherido a la Convención respetan sus normas; en cuanto a los Estados Parte, estos han destruido con éxito casi 53 millones de minas en arsenales. La descontaminación de minas también ha sido exitosa, 30 países han declarado estar libres de minas. Varios de ellos lo lograron gracias al apoyo de la comunidad internacional, incluidos los Estados Unidos de América.

 

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¿Qué es una mina antipersonal?

 

Las minas antipersonales son dispositivos explosivos pequeños que se colocan debajo o cerca del suelo. Detonan cuando la víctima (así sea un soldado, un hombre, una mujer o un niño) los pisa, los toma con la mano o se acerca a ellos. Sus efectos son horrendos, los mismos cirujanos de guerra consideran que las heridas que dejan esas armas son las más difíciles de tratar.

Cuando una persona se para sobre una mina antipersonal enterrada, por lo general la detonación le amputa una o ambas piernas y le deja en los músculos y en las partes inferiores del cuerpo restos de tierra, césped, gravilla y fragmentos de plástico del revestimiento de la mina, trozos de zapatos y astillas de hueso. Si explotan cuando alguien las tiene entre las manos, las minas pueden llegar a amputar dedos, brazos y partes del rostro. También pueden causar ceguera o heridas en el abdomen, el pecho y la médula.

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La víctima que sobrevive a la explosión de una mina antipersonal por lo general debe ser sometida a una amputación, a múltiples operaciones y a un tratamiento prolongado de rehabilitación física.

 

Los sobrevivientes en general quedan discapacitados de por vida, lo que tiene graves consecuencias sociales, psicológicas y económicas. Además de los efectos directos en las personas que resultan muertas o heridas, sufren los familiares de las víctimas, sobre todo si dependen económicamente de ella.

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Una decisión muy alarmante entonces la de Estados Unidos.

 

“El cambio de política estadounidense es lamentable. Si bien los Estados Unidos no son Parte de este histórico tratado de desarme humanitario, la desviación de su política de facto y oficial durante casi treinta años solo puede alejarlos del 80% de los países del mundo que se han comprometido a proteger a los civiles de estas traicioneras armas”, denuncia Osman Abufatima Adam Mohammed.

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“Con la excepción de dos, todos los aliados de los Acuerdos de los Estados Unidos de Defensa Colectiva hacen parte de la Convención sobre la Prohibición de Minas Antipersonal; por lo tanto, se ven jurídicamente vinculados a ‘nunca, bajo ninguna circunstancia, usar, transferir a nadie, directa o indirectamente, minas antipersonal; ayudar, alentar o inducir, de cualquier manera, a cualquier persona a participar en cualquier actividad prohibida a un Estado Parte en virtud de esta Convención.’ Entre estos se encuentran todos los aliados de Estados Unidos en el Tratado del Atlántico Norte (OTAN), el Tratado del Sudeste Asiático, Tratados de Japón y Filipinas, el Acuerdo con Australia y Nueva Zelanda, y todos los aliados en el Tratado de Río con la excepción de Cuba. Este cambio en la política antiminas de los Estados Unidos va en contra de su compromiso y esfuerzos de larga data, de erradicar el sufrimiento causado por las minas antipersonal”, sigue Osman Abufatima Adam Mohammed.

 

La Convención sobre la prohibición del empleo, almacenamiento, producción y transferencia de minas antipersonal y sobre su destrucción.

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La Convención establece una prohibición total de esas armas, pues prohíbe su empleo, almacenamiento, producción, transferencia y adquisición. Además, exige la destrucción de todas las minas antipersonal, ya sea las minas enterradas o las minas almacenadas, dentro de plazos determinados.

 

“A pesar del anuncio de Estados Unidos, realmente el trabajo de la Convención seguirá tal y como ha ocurrido hasta ahora. Los Estados Partes siempre han entendido la necesidad de  seguir en su firme convicción de promover la prohibición al empleo, producción y transfer de estas armas con voz más alta para que la norma internacional siga primando sobre cualquier idea de que el uso de estas armas es ‘responsable’, o ‘aceptable’”, declara Juan Carlos Ruan.

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Por Elena Rusca

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