El paquete de medidas económicas que ha presentado el Ejecutivo contempla una serie de medidas encaminadas a darle mayor liquidez a las empresas chicas, medianas y también a muchas de las grandes. La columna vertebral de todas esas ayudas es la prórroga o postergación de impuestos. No se trata de condonación, sino de chutear hacia adelante determinados pagos. No se pagarán ahora, pero se pagarán dentro de tres meses.

A los trabajadores del sector formal, que se vean obligados a dejar de trabajar, se les ofrece que pacten con sus empleadores alguna forma de teletrabajo domiciliario y/o que hagan uso de sus fondos de cesantía para obtener la asignación correspondiente. En cualquier caso, el trabador recibirá un ingreso menor que el que recibe en forma habitual y, en el caso de los cesantes,  lo recibirá de sus propios fondos acumulados.

A los trabajadores informales y a los desocupados propiamente tales, que son más de tres millones de ciudadanos, se les ofrece un bono simbólico de 50 mil pesos, por una sola vez, que obviamente no alcanza para nada – aun en las condiciones más normales de funcionamiento de la economía y de la sociedad – y que alcanza menos aun cuando se le recomienda a toda la población que se quede en sus casas.

No está claro que las pymes logren sobrevivir con las medidas de postergación de impuestos que ofrece el gobierno. Para su desempeño económico habitual las pymes necesitan mercado, es decir, contacto fluido con los consumidores que puedan eventualmente comprar sus productos, y eso se reducirá en un porcentaje importante, tanto por la pérdida de movilidad de sus compradores habituales, como por la pérdida de ingresos de estos últimos.

Necesitan también un contacto fluido con sus proveedores, que es posible que en las condiciones actuales reduzcan sus actividades comerciales. Es necesario también, para las pymes, el tener liquidez para poder seguir pagando a sus trabajadores y a sus proveedores – aun cuando sea en un contexto de una jornada reducida – lo cual se debería optener por la vía del crédito – que es poco- y por la vía de sus propias ventas, que todo parece indicar que se verán reducidas.

Las grandes empresas, en cambio, tienen caja. Tienen en Chile o en el extranjero los depósitos que se corresponden con las ganancias – más elevadas que en cualquier otra parte del mundo – que han obtenido en los años de vacas gordas. Tienen grasa suficiente como para resistir. Es una absoluta frescura que corran hoy en día a solicitar apoyos gubernamentales.

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¿Y que pasará con las familias de los miles de informales, desempleados y trabajadores que quedarán laborando a tiempo parcial?  Esa empresa – la familia – es la base de la sociedad. Por razones éticas y por la valoración que se tenga de la persona humana, hay que centrar en ellas el grueso de las medidas de salvataje económico que se lleven adelante en la actual situación de emergencia sanitaria. Los sectores informales y desempleados son los sectores más desprotegidos de la sociedad y con menor capacidad de presión política y social. Pero no por ello se les puede considerar como una masa humana prescindente.

Si esas familias no reciben ingresos pasan dos cosas: en primer lugar, esa familia no come y sus miembros se mueren o se enferman, y en segundo lugar, esa familia deja de demandar y de comprar en los mercados, lo cual genera un reducción obligada de la producción en parte del aparato productivo nacional, con la consiguiente cuota de nueva cesantía, y con una revitalización del ciclo recesivo.

Por ello, es de la más alta importancia que el Gobierno subsidie a los sectores más desposeídos de la sociedad y que no los deje librados a su propia suerte. Ese apoyo puede asumir la forma de subsidios directos en dinero, de un monto más elevado que el subsidio simbólico que ha ofrecido actualmente el gobierno y/o puedes asumir la forma del reparto de canastas de productos básicos por la vía de los municipios. En cualquier caso, es en este tipo de políticas donde se refleja el carácter solidario de la sociedad que queremos, y no en discursos de ocasión.

 

Por Sergio Arancibia

sergio-arancibia.blogspot.com

 

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