Crónicas de un país anormal

El virus en las cárceles sudamericanas

La mayoría de las cárceles de los países del área están sobrepobladas: albergan a 97.000 personas, por ejemplo, en Perú, y su capacidad máxima sería de 50.000 reos; en Chile, país con la mitad de la población, hay 50.000 presos en todo el país.

Las prisiones sobrepobladas, por cierto, son lugares expuestas para la propagación de los virus, especialmente del Covid-19 por la sencilla razón de que es imposible cumplir las reglas propias de la cuarentena; se da el caso de que en una celda, con más de 15 o 20 personas en su interior, ¿cómo se pretender acatar la norma de distanciamiento de un metro entre uno y otro, factor sumado a las condiciones insalubres en la totalidad de las cárceles?, (se exceptúa la cárcel-hotel de Punta Peuco, en Chile, que aloja a los criminales de delitos de lesa humanidad, donde los espacios y comodidades abundan).

En Chile, Perú, Argentina y Colombia, los respectivos gobiernos han aprobado decretos de amnistía a los autores de delitos leves, como también de adultos mayores y mujeres con niños menores de dos años, pero estos indultos no logran superar el problema de fondo, que es el de la superpoblación en las cárceles.

La ultraderecha chilena se opuso al proyecto ley de indulto, enviado por su propio gobierno, aduciendo que no podía dejar fuera de la amnistía a los criminales de Punta Peuco. La UDI y RN presentaron su queja ante el Tribunal Constitucional, pero esta vez dicho Tribunal se pronunció en contra de la apelación. El Veto aditivo del Presidente de la República fue aprobado en ambas Cámaras.

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El Presidente de Argentina, Alberto Fernández, que había logrado la unión de la sociedad argentina frente al peligro de la pandemia, hoy afronta el “caceroleo” en los barrios más ricos de Buenos Aires a causa de un decreto de amnistía, aprobado por los tribunales de justicia, pues la derecha argentina sigue siendo partidaria de que los se pudran en las cárceles.

La prisión es sólo una condena a la pérdida a la libertad de las personas concernidas y, en ningún caso, supone la pena de muerte, mucho menos el atropello a los derechos humanos.

En Perú, varias cárceles se han amotinado: en la Cárcel Castro Castro murieron cinco presos, y caso similar ocurrió en la cárcel de Trujillo. Los motines en protesta por las pésimas condiciones en que viven, se han extendido hasta la cárcel de mujeres Santa Mónica, como también a Challapalta, (ubicada a 5.000 metros de altura sobre el nivel del mar). La famosa cárcel de Lurigancho, donde se alojan los criminales más peligrosos de Perú, también se ha amotinado.

 

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Las cárceles en América Latina, además de ser “escuelas del delito”, son peor que el infierno en la tierra: se violan los derechos humanos y, a la vez, se condena a muerte en vida a personas que, en ocasiones, no han recibido su sentencia

 

En Chile, en Puente Alto, a raíz de la declaración del Covid-19, los presos se han amotinado y, los familiares desesperados, han apedreado en la calle a los carros de gendarmería, que transportaban a los gendarmes antimotines.

En Argentina, en la cárcel de Villa Devoto, los presos se rebelaron ante la propagación del virus y su consecuente peligro de contagio.

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En Colombia, en las cárceles de la Picota y la Modelo también se han dado sendos motines, y quizás el caso más grave es el de la prisión de Villavicencio, donde se da cuenta de un alto número de contagiados, entre gendarmes y población penal.

Las cárceles en América Latina, además de ser “escuelas del delito”, son peor que el infierno en la tierra: se violan los derechos humanos y, a la vez, se condena a muerte en vida a personas que, en ocasiones, no han recibido su sentencia, por consiguiente, se les presume inocentes. En muchos casos, los jueces dictan la prisión preventiva sin que haya méritos para este acto.

En general, se condena a la cárcel a familias enteras, pues los pobres no tienen otra posibilidad que estar entre rejas o morir. Las familias de los reos padecen también la condena, pues están sometidos al hambre, la miseria y abandono.

En las prisiones se manifiesta y se reproduce la estratificación social existente en el país: en Colona II, por ejemplo, se descubrieron celdas de narcotraficantes tan elegantes como un hotel cinco estrellas; otro tanto ocurre en Perú, en la cárcel de Lurigancho, así como en Colombia, en la cárcel Modelo.

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La ex candidata del Fuerza Popular, hija del dictador Alberto Fujimori, ha aprovechado la situación de propagación del virus para lograr la libertad, concedida por el poder judicial peruano, hecho que se dio en una estrecha votación de 4 contra 3 magistrados.

Las cárceles sudamericanas hoy por hoy, son verdaderos focos de contagio, destinadas sólo a los pobres, que son condenados a la pérdida de su dignidad y, muchas veces a la de la vida.

 

Rafael Luis Gumucio Rivas (El Viejo)

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03/05/2020

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