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Hasta la orquesta de este Titanic desafina

“El capitán del Titanic” es un desastre, ya lo tenemos claro, pero hace muy poco tiempo nos quedaba de la esperanza de que en este naufragio la orquesta, al menos, tocara una bella melodía, sin embargo, los violinistas resultaron más desastrosos que el mismo capitán.

La nuevas caras más jóvenes y empáticas reemplazaban a los megaterios y desagradables amigotes de Sebastián Piñera, incluso, el ministro del Interior y el de Hacienda, Blumel y Briones, pertenecían al más pequeño y nuevo partido de la derecha, Evópoli.

En el Comité político del gobierno había mayoría de ministros de Evópoli e independientes; algunos ingenuos ciudadanos llegaron a creer que “escoba nueva barre mejor que la vieja”, pero la ilusión duró muy poco, (no cabe duda de que Ignacio Briones se mostraba más simpático que el anterior ministro de esa cartera, Felipe Larraín, pero hoy nos damos cuenta de que ambos están apestados por el neoliberalismo).

El Presidente Piñera, sabemos, es un ególatra y sólo dialoga consigo mismo, y creía, en consecuencia, que sus ministros serían vasallos fieles y dispuestos a cumplir hasta el más mínimo de sus antojos.

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En dos gobiernos,( en la última década), el “señor Presidente” ha probado ser incapaz de gobernar con una coalición: la derecha siempre ha tenido Presidentes narcisistas: Jorge Alessandri, (según su papá, don Arturo, estudiaba para ser Dios), fue incapaz de gobernar armónicamente con liberales, conservadores y radicales, y Augusto Pinochet se conformaba con dar órdenes a sus ministros, y peleándose sólo con el único que le hacía el peso, Sergio Onofre Jarpa, fundador del Partido Renovación Nacional, (recientemente fallecido). En su primer gobierno, Piñera funcionó bien con su obsecuente primo, Andrés Chadwick, que recibía órdenes de familia y no de Partido, y los demás ministros eran exalumnos de colegios católicos y de la Universidad Católica, es decir, amigos personales.

La derecha, por su parte, tiene mucha dificultad para formar alianzas: el viejo individualismo neoliberal la somete. En la época actual, dominada por la anomia y el nihilismo, es casi imposible que la democracia se independice del poder del dinero y de los bancos, por consiguiente, los partidos políticos de la coalición de gobierno ya no son mediadores entre el poder político y la ciudadanía y, faltos de la ética de la convicción y de la responsabilidad, sólo pueden representar los intereses de los bancos, de las grandes empresas y de la Bolsa de Comercio.

El proyecto de reforma constitucional, mediante el cual se permite a los cotizantes de las AFP retirar el 10% de sus fondos, entre un límite de un millón y máximo 4 millones, era tocar directamente el ethos del gobierno de Piñera, así como el sentido de su esencia y existencia.

El sistema de las AFP no tiene otro sentido que dar créditos baratos a los bancos y a las empresas cotizadas de la Bolsa de Comercio, y como bien lo dijo el diputado Renato Garín, directamente al Estado por medio de la compra de Bonos, por consiguiente, también son dueñas de la deuda del fisco.

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Para capitalizar a las empresas y a los bancos se hacía necesario imponer a los ciudadanos trabajadores un sistema de ahorro forzoso, es decir, obligarlos a cotizar en las AFP e impedirles, bajo “un tono protector” de que retiren sus fondos antes de llegada la fecha de su jubilación, lapso en el cual seguirían administrando las Aseguradoras.

El cotizante, “feliz de haber pasado de proletario a propietario”, (como decía ´mi general Pinochet´), podía jactarse ante sus amigos de contar con unos pocos millones, así fuera un “patipelao”, y llegaría el día luminoso en que podría gozar de la ansiada jubilación del 100% de su último sueldo o, en el peor de los casos, llegar al 75%.

Los ciudadanos pobres nunca llegan a imaginarse el grado en que los ricos se han burlado de ellos: finalmente, cuando llegó el momento de la jubilación, (que viene de “júbilo”, según el Presidente), apenas recibió un 35% de tasas de reemplazo, en el caso de los hombres, y 32% para las mujeres, un promedio muy cercano a línea de pobreza.

Es muy fácil para la derecha el culpar a los pobres de su situación, pues llega a convertirse en un castigo de Dios a causa de sus vicios, ignorancia y desidia. Los “atorrantes” deberían estar muy agradecidos de las ayudas que el Estado protector les dispensa, es decir, el “ogro filantrópico, (así lo llama el escritor y Premio Nobel de Literatura, Octavio Paz).

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El Presidente Piñera, un conservador compasivo, un católico que hace la caridad con el dinero que aportan los mismos ciudadanos, y que luego les regala canastas de mercadería, que incluyen, incluso, preservativos y toallas higiénicas, para convencer a los “rotitos” que les está dando de comer e, incluso, promueve hacer el amor en forma segura, persigue ser querido y aceptado por sus “hombrecitos”.

El gobierno de Piñera y los partidos de Chile Vamos saben muy bien que, si el parlamento logra tocar el pilar del sistema neoliberal, va a comenzar el camino de cuesta abajo en la rodada segura para derecha.

Y la orquesta seguirá desafinando hasta que les llegue a los músicos el agua al cuello.

 

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Rafael Luis Gumucio Rivas (El Viejo)

13/07/2020

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