Para los dueños de Chile el dinero vale mucho más que Dios y que su madre y su padre, y perfectamente podrían vender al progenitor si estuviera de por medio la mantención de la rentabilidad del negocio. El padre del “partido del orden” – la derecha – Diego Portales, decía que “si su padre conspirara no dudaría en fusilarlo”.

Cuando está en juego la propiedad de Chile que, según ellos, les pertenece, hay que jugar todas las cartas: el negocio de las AFPs, por ejemplo, es la viga maestra del neoliberalismo chileno, impuesto por Augusto Pinochet y administrado por los gobiernos de la transición a la democracia. Mientras a las AFPs se le hagan “reformitas” y tal cual “enchulado” no importa, pues “aunque la mona se vista de seda, mona se queda” – incluso, la reforma durante el gobierno de Michelle Bachelet, que incluyó Pensión Solidaria, la derecha, con el ropaje de buenos católicos, la encontró aceptable, pues evitaba que los “viejos y viejas pobres” se murieran de hambre.

Los ricos, a través de la historia, han tenido rasgos de ser caritativos: doña Juana Ross, millonaria, cedía parte de su dinero para cubrir necesidades de los pobres, (incluso, vestía como pobre); Federico Santamaría, (que casi arruinó la Bolsa de París), como filántropo legó a un Fundación la Universidad que hoy lleva su nombre, y que educa a jóvenes, especialmente en la especialidad de técnicos e ingenieros; (el único magnate avaro es el actual Presidente de Chile que, ni siquiera, ha donado su abultado sueldo para ayudar a los “atorrantes” de Chile).

Los asomos de caridad permiten a los ricos el dormir bien, mientras los niños pobres de Chile mueren de hambre, (incluso, el filósofo y escritor Jean Paul Sartre prometió no seguir escribiendo mientras hubiera un niño en la extrema pobreza; el escritor Gabriel García Márquez intentó hacer otro tanto hasta tanto no terminara la estadía de Pinochet en el poder; afortunadamente, para la literatura y sus lectores, no cumplió su promesa).

Cuando la plutocracia considera en peligro su poder recurre a medios lícitos e ilícitos: llena las páginas, por ejemplo, del “pasquín” – El Mercurio – y su hija, La Segunda, de declaraciones de empresarios y de economistas – incluso, de la antigua Concertación de Partidos por la Democracia – caracterizando la propuesta de retiro del 10% de los fondos de las AFPs, propiedad de los cotizantes.

Los dueños de Chile tienen la misión, (según ellos, por mandato de Dios), de proteger a sus hermanos más pobres, y siguiendo esta consigna, se ven obligados a advertirles que, si retiran el 10% de sus magros ahorros, cuando lleguen a viejos se van a morir de hambre.

Antiguamente existían los patronatos, y las dueñas de casa se encargaban de proteger a las empleadas domésticas, (las “chinas”), tratando de evitar que fueran violadas por sus maridos, sus hijos adolescentes o algún carabinero de la esquina. (A veces, se enterraba a la empleada en la tumba familiar).

Parece que hoy Chile despertó y los ciudadanos no se dejan robar como antaño: para qué les sirve mantener sus fondos en las AFPs a aquellas personas que ni siquiera alcanzan al millón de pesos, suma que en sus manos les permitiría, apenas, llegar a la base mínima del proyecto de retiro. Es evidente que es mucho más útil para una persona que ha ahorrado $800 mil pesos el poder gastarlos en comida pues, al menos, le permitiría, por ejemplo, adquirir un buen número de canastas de alimentos, (con las actuales que el gobierno distribuye, cohecha a los ciudadanos).

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Nada más impredecible que el futuro, y cualquiera de nosotros puede morir mañana, pues lo único que existe es el pasado y el presente. ¿Para qué quiero la plata del futuro, si las AFPs se la van a comer, antes prestándola a los amigotes de las empresas y los bancos?

La derecha siempre ha tenido la mala suerte de que en su seno aparecen algunos hijos díscolos: en los años de la República estaban los falangistas y los democratacristianos y, luego, los del MAPU y la Izquierda Cristiana, que por medio de la CORA e INDAP eran los funcionarios los que se apoderaban de los fundos de sus abuelos y de sus progenitores. Esta guerra familiar devino, en cierto grado, en la reforma agraria que, algunas veces, llevó a la muerte de jóvenes de familias encopetadas que tenían, como funcionarios que eran, la misión de expropiación de las haciendas de sus padres o demás familiares. (El joven Fuenzalida, (entre otros), fue asesinado en Linares cuando le anunciaba al hacendado, Víctor Carmine, que su fundo iba a ser expropiado.

En la histórica votación del ayer, 15 de julio se repitió, en cierto grado, lo acaecido en el pasado: 13 diputados díscolos, (8 diputados de RN y 5 de la UDI), permitieron que se aprobara en particular la reforma constitucional que permite a los cotizantes de las AFPs el retiro el 10% de sus ahorros. Ahora, el proyecto será discutido en el senado, que sería aprobado con el voto de dos “díscolos” de la derecha.

En todos los grandes cambios, las guerras civiles al interior de los partidos políticos han sido decisivas para dar un vuelco a la historia: el triunfo del candidato de la derecha radical, en la Convención del Frente Popular, por ejemplo, posibilitó la candidatura de Pedro Aguirre Cerda, que resultó ser el mejor Presidente de Chile, junto a Salvador Allende.

El quiebre del Partido Conservador, en el 38, y el de la Democracia Cristiana en los años 65, posibilitaron, en el primer caso naciera La Falange, que dio lugar a la Democracia Cristiana en el año 57, Partido que propició el inicio a la reforma agraria y, en última instancia, la radicalizaran el MAPU y la IC.

A lo mejor, este último quiebre de la derecha pueda inaugurar el fin de las AFPs.

 

Rafael Luis Gumucio Rivas (El Viejo)

16/07/2020

 

 

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