Crónicas de un país anormal

Se complica el caso Juan Carlos de Borbón y Borbón

Nada más letal para la política que es su mezcla con la religión y la judicatura. El historiador Manuel Vicuña tituló su libro sobre Benjamín Vicuña Mackenna, El juez de los infiernos; para mi entender, el historiador no debe convertirse en juez al valorar los aspectos positivos y negativos de una personalidad histórica, (como tampoco un notario, que recopila fuentes sin antes valorarlas por la crítica); podríamos afirmar que el fundador de la historia científica, Tucídides, fue un agudo periodista que relataba, en forma brillante el presente del cual era testigo.

Cuando la política de desvía hacia la hegemonía de la religión termina convirtiéndose en una potente inquisidora, y más cuando es dominada por los jueces, pues se torna en un juicio fatal para la democracia, (es lo que está ocurriendo con la democracia representativa en América Latina y en el resto del mundo: nada más nocivo que los profetas armados y desarmados, pues la política no guardan relación alguna con la salvación, por ejemplo un buen político no tiene por qué poseer las cualidades de un padre de familia, pues sólo debe vivir conforme a la ética de la convicción y de la responsabilidad).

Retornando al caso de Juan Carlos de Borbón, parece evidente que tuvo algunas épocas de gloria y de lucidez política para lograr siendo heredero del dictador Francisco Franco y pasar de la cruenta y feroz dictadura a la democracia sin pagar el costo de una nueva guerra civil.

Como toda transición política, la española tuvo muchos defectos y errores, (tal como la chilena) y, hasta ahora, por ejemplo, los criminales del franquismo pasean por las calles y sus crímenes no han sido juzgados. La operación “memoria histórica”, iniciada por Rodríguez Zapatero, ha sido bastante inútil y, como en el caso chileno, hay más “olvido” que justicia.

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La actuación del rey Juan Carlos en el golpe de Estado, (del 26 de febrero), continúa siendo discutida, pues algunos datos muestran que se trató más de un autogolpe que de una valiente defensa de la democracia.

El rey Juan Carlos I, nombrado por Franco su heredero, juró lealtad al Movimiento, y a lo mejor, si hubo perjurio, no podemos sino felicitarlo. (Su abuelo, Alfonso XIII, traicionó su juramento a la Constitución al aliar la corona con la dictadura de Miguel Primo de Rivera, el padre del falangista, José Antonio).

Es innegable que el haber legalizado en un Viernes Santo al Partido Comunista, liderado por Santiago Carrillo, y logrado que este Partido aceptara la bandera española y, por consiguiente, la monarquía, fue un acto valiente considerando que se atrevió a enfrentar a la mayoría ciudadana, que aún conservaba en su memoria y en sus vivencias los 30 años de dictadura.

Los debates suscitados durante el período del cénit de la fama del rey han recrudecido en la actualidad al acercarse el otoño de la época de los Acuerdos de La Moncloa. En período de la transición, (al igual que en Chile), está puesto ahora en cuestión; por ejemplo, el PSOE y Felipe González han sido considerados como los “pilares” de la monarquía borbónica, traicionando así, sus ideales republicanos.

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Ahora reaparece en el gobierno de Pedro Sánchez el debate sobre el actuar del rey emérito: en el caso del Presidente del gobierno español lo ha defendido con uñas y dientes, por el contrario, el Partido Podemos, del Vicepresidente Pablo Iglesias, pide que el rey se presente ante una Comisión investigadora del Parlamento. Si se sumaran el Frente Amplio y los partidos soberanistas catalanes y vascos, ya habría un número suficiente de diputados para la formación de dicha Comisión, que se encargaría, entre otras materias, las presuntas acciones delictuales del rey Juan Carlos.

Las historias de asuntos sexuales de los borbones, sumadas a las traiciones y cobardías de esa familia real, forman parte de la “petite histoire”, (Alfonso XIII, por ejemplo, llega a duplicar en amantes a su nieto, Juan Carlos I, pero al menos, el abuelo reconoció legalmente a su hijo, Leandro engendrado fuera del matrimonio). Hoy ha reaparecido un caso muy antiguo, como el de Albert Solá, que hoy trabaja como mozo en un café de un pueblo de Cataluña, y su historia es digna de una novela de Corín de Tellado: su madre era una mujer de la aristocracia catalana, perteneciente a una familia de banqueros.

Albert Solá fue entregado primero a una familia, luego pasó al Patronato de la Infancia y, finalmente, fue adoptado por una familia humilde, de Cataluña. Ahora, Albert se ha transformado en un personaje mediático y da entrevistas al troche y moche. Cuenta que, desde niño, recibía regalos costosos, entre ellos motos, que no podían pagar sus padres pobres. Cuando quiso averiguar su origen, entre sus contactos estaba el CNI que, al parecer, tenía como función la protección de los hijos naturales del rey, Albert siempre llevaba consigo un maletín donde están archivadas las cartas que le enviaba su padre, el ahora rey emérito, y afirma no querer aspirar al trono, al cual tendría derecho, según la Constitución, pues es el hijo varón mayor del rey, (15 años más que el actual rey Felipe VI), tampoco aspira a una indemnización.

Ha habido varios reyes que han salido forzados de España: Carlos IV se autoexilió en Francia, luego de haber sido prisionero “invitado” de Napoleón Bonaparte; Isabel II, después del triunfo de la gloriosa revolución; Alfonso XIII, que se escapó a Francia luego del triunfo electoral en las Municipales, en1931; al duque Juan de Borbón, a quien le correspondía la sucesión, (que le fue robada por Francisco Franco en favor de su hijo, Juan Carlos, quien muy arrepentido de haber traicionado a su padre, le dio un entierro de rey. Juan de Borbón tenía como asesores, cuando vivía en Portugal, a José María Gil Robles, ex líder de la Ceda, (Derechas Autónomas españolas) que, para los que acusan a la Falange chilena de ser una “sucursal” de la española, la verdad es que Eduardo Frei Montalva visitó a Gil Robles, pero no tuvo que ver, en absoluto, con José Antonio Primo de Rivera. Gil Robles escribió el libro “No fue posible la paz”, sobre la guerra civil española.

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Dejando atrás toda la temática, más bien anecdótica, el problema central del caso Juan Carlos I de Borbón, es la definición de la justicia respecto de la inmunidad der rey, probando que los delitos imputados tuvieron lugar antes de 2004, fecha de la abdicación del trono en favor de su hijo, Felipe VI, o bien, que tuvieran reincidencia o continuidad de la acción delictual. En fin, la historia continuará.

 

Rafael Luis Gumucio Rivas (el Viejo)

11/08/2020

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  1. Gino Vallega says:

    Todas las realezas así como los que se considertan con un destino manifiesto de dios (USA) deben desaparecer de la faz política de la tierra.

  2. Don Rafa, ¿puede haber “democracia” en un pas en que la realeza está enquistada en la constitución de un país? Le agradecería esta aclaración, ya que mis conocimientos sociales y politicos de la historia de los pueblos es infinitamente menor que los suyos. Gracias.

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