Debate Política

El engaño detrás del plebiscito

Una de las más relevantes consecuencias del Estallido Social fue que la clase política se abrió a la posibilidad de redactar una nueva Constitución. En virtud de ello -y en un nefasto espectáculo que buscó disfrazar los verdaderos intereses de los partidos políticos- la mayoría de la clase política alcanzó el denominado “Acuerdo por la Paz” y por el cual se estableció la necesidad de implementar un plebiscito que determinará si la ciudadanía quiere o no una nueva Constitución.

Sin embargo, y en una clara muestra de egoísmo y ambición por perpetuarse en el poder, los partidos acordaron las formas en la que esto se llevaría a cabo ante el potencial triunfo del Apruebo. Así entonces, se determinó que el 50% no parlamentario que participaría de una Convención Mixta o el 100% de los elegidos en la opción Convención Constituyente serán electos a través del método D`Hont; mecanismo que -desde el punto de vista de la técnica electoral- se utiliza para garantizar la representación de la mayor cantidad de conglomerados y partidos políticos del país, lo que -en consecuencia- implica postergar las posibilidades que tiene cualquier candidato verdaderamente independiente a salir electo.

Así entonces, y ante esta innegable realidad, el Acuerdo Por la Paz se presenta como un instrumento que protege el poder y los intereses de los partidos políticos, invisibilizándose de facto el sentir de aquella ciudadanía que levantó en las calles la reivindicación constitucional.

Desgraciadamente, y a la luz de los hechos, buena parte de la ciudadanía se encuentra “secuestrada” entre el Apruebo y el Rechazo, y no ahonda en un análisis riguroso respecto a las condiciones del proceso.

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Ante esto, es esperable que las instrumentales “consecuencias” del plebiscito -y que en general se traduce en una escasa participación de verdaderos independientes a la hora de discutir y redactar una nueva Constitución- queden en evidencia en forma tardía, generándose las condiciones para que se reactive la molestia ciudadana y se potencie la desconfianza que hoy existe hacia la clase política.

 

 

Pedro Díaz Polanco

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Director de la Escuela de Administración Pública Universidad Austral de Chile

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  1. Lo que importa es que al APROBAR, se eligira una Asamblea constituyente elegida por el Pueblo de Chile. ESTO ES LO QUE DEBE QUEDAR MUY CLARO, y en esa futura Asamblea Constituyente , devbera contar con igual porcentaje de genero, las minorias representando los pueblos originarios tendrian un numero de representantes que seria igual al porcentaje que representa en la poblacion general.
    Y esa Asamblea Constituyente estudiara las ideas y contribuciones de muchos.
    NO ME VENGAN CON QUE LA CLASE POLITICA ESTO Y LO OTRO.
    NO ESCRIBAN ARTICULOS QUE LLEVAN A LA DUDA Y A LA DIVISION DE UN MOVIMIENTO POLITICO SOCIAL PURO.
    Viva Chile
    Viva el Pueblo Chileno.

    • Boris Iturriaga says:

      Juan Cordova: ¿De donde la vio?. Lo que usted comenta no es efectivo.
      Sin perjuicio de lo anterior, este diario amarillento, nunca se preocupó de informar sino que le siguió el juego a la corruptela política.

  2. Felipe Portales says:

    El “pequeño” problema que usted omite, señor Córdova, es el ANTIDEMOCRATICO E INMODIFICABLE QUORUM ESTABLECIDO DE DOS TERCIOS para que cualquiera sea la modalidad de Convención que se apruebe (ya es un hecho de que el Apruebo va a ganar, ya que cuenta con el apoyo de la ex Concertación, del FA, del PC y de la mayoría de la derecha) el “nuevo” texto constitucional que se apruebe tendrá que contar con el visto bueno de la derecha, que desde 1990 ha obtenido lejos más de un tercio de los congresales electos, con o sin sistema binominal. Es aquí donde está predeterminado el fraude.

  3. Bastante desacuerdo con el compa Juan .La apreciación de esta nota o comentario es desde un angulo muy personal, casi un juicio de valor subjetivo. Sin embargo Nos guste como haya acordado, es lo que tenemos y con eso hay que seguir trabajando. Quizás no tendríamos nada. El hecho es que estamos en un hito histórico, donde podemos y vamos dejar a tras la constitución del 80 y el “legado que dejo Jaime Guzmán” pero tampoco la nueva constitución va arreglar todo, debemos seguir manifestándonos, dentro de lo posible en las calles, debemos elegir bien a los constituyentes que escribirán la carta magna, no nos debe nunca mas dar lo mismo quien sea nuestro o nuestra representantes, La Nueva constitución no es un punto de llegada, sera un punto de partida. Ya se logro la paridad , se sigue trabajando para que sea plurinacional. Lo que mas me preocupa en este momento , incluso mas allá de quienes están llamando a marcar AC en el voto (ni siquiera marca tu voto lo hará) que quedaran nulos, es que mientras mas listas tenga el apruebo, menos incidencia tendremos. Para esto tenemos que articularnos de una vez por todas y confiar entre nosotros. Saludos.

  4. Me gusto tu comentario, entonces se debe aplicar una pregunta antigua pero notable: Que hacer? y la respuesta es: Todo revolucionario debe convencer a los socialdemocratas para que actuen revolucionariamente (V. I. Lenin de su libro “Que hacer?”).

  5. Felipe Portales says:

    Creo que lo ético es actuar siempre con la verdad; y, por tanto, debemos esclarecer los contenidos del fraude constitucional diseñado. Y esto incidirá en disminuir el gigantesco desánimo que se generaría en la mayoría que desea cambios profundos cuando se den cuenta de que la “nueva” Constitución no podrá ser tal, dado el poder de veto de la derecha, y crean que de todos modos sería “legítima”. Desde ya debiesen comprender que nada de lo que surja de allí será legítimo, como tampoco lo es la actual Constitución suscrita por Lagos y todos sus ministros.

  6. No crear desconcierto en los electores, El seudo análisis es muy pobre parece salido de la derecha, con esa asamblea Constitucional Chile sera otro Chile.

  7. Germán Westphal says:

    La trampa del proceso constitucional que montó a su amaño la clase política chilena es doble. Por una parte está (1) el quorum de los 2/3; (2) el sistema electoral D’Hont que privilegia a los partidos políticos por sobre los independientes; (3) el sistema de distritos electorales que impide la elección proporcional de Delegados Constitucionales respecto al número de habitantes; (4) la imposibilidad legal de que los dirigentes sindicales puedan ser candidatos a Delegados Constitucionales; (5) la intangibilidad de los Tratados Internacionales, incluidos los TLC —piedras angulares del tinglado neoliberal vigente. Todo esto es bien conocido y ha sido discutido en una multiplicidad de artículos de opinión publicados en distintos medios. Por otra parte, está la voluntariedad del derecho a sufragio que amarra a quienes lo ejerzan a las mencionadas condiciones e inhibe toda disensión posterior. Ni a Jaime Guzmán se le habría ocurrido una trampa cazabobos tan bien montada como ésta!

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