Debate Política

Levantar listas de trabajadores para las elecciones bajo fuego cruzado

La iniciativa lanzada la semana pasada en Valparaíso de levantar listas de trabajadores independientes para las próximas elecciones para la Convención Constitucional, ha producido un impacto importante en los medios de trabajadores. Desde distintos lugares y organizaciones ha habido acercamientos y discusiones referidos a la pertinencia de un proyecto de esta naturaleza. También ataques, un verdadero fuego cruzado sobre una iniciativa cuyo único propósito es poner en pie los intereses de la clase trabajadora en el proceso constituyente.

El terreno electoral que se abre ante nuestros pies, por un año completo, es un terreno deformado, pero terreno al fin de la lucha de clases. Intervenimos en él no porque hayamos buscado ese espacio, simplemente se nos presenta porque la mayoría trabajadora aún tiene puestas sus expectativas en el juego democrático burgués. Planteado en términos militares, quienes planteamos una salida revolucionaria, socialista, a la crisis planteamos que la clase trabajadora sólo puede confiar en sus propias fuerzas, en la movilización y en la acción directa para liberarse de la explotación. Pero si el enemigo de clase, el régimen burgués, nos empuja —con la ayuda de reformistas, democratistas liberales y frentepopulistas— al terreno de las elecciones, no podemos sustraernos de dar la pelea en ese espacio, a pretexto de que lo impiden nuestros principios y nuestra moral.

Desde sus orígenes las corrientes obreras revolucionarias, aquellas que se reclaman del programa marxista, han observado la participación electoral como una cuestión táctica. Nosotros hacemos lo propio. No es de principios participar o no en las elecciones, lo que sí lo es, es que tal intervención debe estar dominada por la estrategia de poder de los explotados, debe ayudar a los trabajadores a romper sus ilusiones en la democracia patronal, afirmar la identidad de clase y contribuir al fortalecimiento y estructuración de una dirección política de la clase trabajadora.

Si el movimiento ha sido empujado al plebiscito, como ocurre en la realidad, la respuesta hay que darla en ese terreno de lo contrario es una mera expresión ultimatista y escéptica que conduce a la parálisis. ¿Necesitan los trabajadores votar nulo o abstenerse en el plebiscito para seguir luchando?, ¿Es posible echar abajo el régimen pasando sobre la trampa plebiscitaria y el proceso constituyente?. La respuesta a ambas preguntas es muy clara: NO.

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Compañeros con los que compartimos un diagnóstico común respecto del carácter de clase del proceso constituyente y al fraude envuelto en el Acuerdo por la Paz —en tanto persigue fortalecer el régimen capitalista contra el que se han alzado las masas populares— nos reclaman airados nuestra orientación a dar respuestas en la arena electoral. Estos compañeros nos dicen que con nuestro proceder legitimamos el fraude constitucional y alimentamos la expectativas democráticas de los trabajadores. Al respecto debemos ser tajantes: no sólo esta, todo acto eleccionario bajo la dominación capitalista es un fraude, en tanto persigue encubrir la dictadura que bajo ella despliegan la minoría explotadora sobre la mayoría explotada. Quienes califican este proceso constituyente como fraudulento, deben detenerse a analizar la naturaleza de clase de la democracia representativa burguesa, que siempre es un fraude a los intereses de los trabajadores.

La verdadera pregunta que deben hacerse quienes plantean la abstención o el voto nulo en el 25 de octubre, es la tarea que le plantean a la vanguardia y a la clase trabajadora, un abstracto «organizarse y seguir luchando». Tal respuesta satisface las exigencias de la lógica formal, pero no la de la lucha de clases. Si el movimiento ha sido empujado al plebiscito, como ocurre en la realidad, la respuesta hay que darla en ese terreno de lo contrario es una mera expresión ultimatista y escéptica que conduce a la parálisis. ¿Necesitan los trabajadores votar nulo o abstenerse en el plebiscito para seguir luchando?, ¿Es posible echar abajo el régimen pasando sobre la trampa plebiscitaria y el proceso constituyente?. La respuesta a ambas preguntas es muy clara: NO. Y ello por tanto si bien es cierto la crisis política del régimen no se ha cerrado y las masas no han sido derrotadas, lo concreto, lo real —no las fantasías ultimatistas— es que las asambleas populares se han retirado de escena, los trabajadores no colman las alamedas y la Primera Línea no se bate en las calles con la represión. Esto es un hecho indesmentible.

Para pasar por sobre el proceso eleccionario sería necesario que estuviese planteada la caída del régimen, de forma que el proceso electoral sea un simple distractor del accionar de las masas y, esta perspectiva, no está planteada hoy. De octubre a diciembre del año pasado cualquier convocatoria a elecciones debía ser desestimada en el acto, porque las masas en las calles habrían barrido con cualquier maniobra, pero esa no es la situación que vivimos hoy. Al contrario, si lo que queremos es organizar a la vanguardia, ser escuchados por los trabajadores e incidir en la formación de una nueva dirección política de la clase, es imprescindible hacerlo desde la opción Apruebo en el Plebiscito del próximo 25 de octubre.

Desde esta ubicación, desde las bases y no desde afuera perorando, podremos tender un puente al reclamo popular de una verdadera Asamblea Constituyente, libre y soberana, desde las bases. Porque el reclamo constituyente que estalló hace casi ya un año el pasado 18 de Octubre formó parte esencial del levantamiento popular, no la asamblea Constituyente de los manuales de Derecho Constitucional, en tanto máxima expresión democrática bajo un régimen burgués. No la Constituyente rusa de 1917, no el llamado a Cortes Generales en España. Ninguna de esas expresiones, porque la Asamblea Constituyente que levantamos los insurrectos a partir del 18 de Octubre fue algo muy distinto: una Asamblea Constituyente para acabar con el régimen, una Asamblea expresiva de las asambleas y cabildos populares de base, en definitiva la antesala de un Gobierno de Trabajadores.

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Pero hay fuego sobre el planteamiento de listas de trabajadores independientes, no sólo desde la «izquierda». También desde la «derecha» se dispara en contra de este planteamiento. ¿Qué se nos dice?, pues muchas cosas. Lo primero que no es posible y que lo único racional es ir en los cupos independientes de los partidos de la izquierda del régimen: «Chile Digno» o Frente Amplio. Luego, que en este contexto nuestra postura es divisionista de la izquierda ya que lo importante —igual que desde 1990— es derrotar a la Derecha pinochetista. Finalmente, que lo único realmente independiente es levantar una lista «apolítica» sin partidos.

Algunos de estos ataques, entendemos, proceden igualmente de compañeros que creen contribuir al desarrollo del proceso revolucionario, aunque cueste entenderlos. En efecto, levantar listas de candidatos obreros independientes en las elecciones de la próxima Convención Constitucional, es un esfuerzo político que lo que persigue es en lo central reivindicar la independencia de clase, la independencia de los trabajadores frente a los patrones, su Estado, Gobierno y los partidos representados en el Congreso Nacional.

Cuando hablamos de «independencia» no estamos señalando apoliticismo como les gusta a algún tipo posmodernos e incluso al pinochetismo. No, la independencia que reivindicamos es de clase, no es apoliticismo, porque los trabajadores reivindicamos nuestro derecho y nuestra necesidad de organizarnos políticamente para luchar. Cuando decimos sin partidos y sin sus dirigentes, nos referimos directamente a los partidos del régimen que son quienes suscribieron el infame Acuerdo por la Paz el 15 de noviembre y quienes se han subordinado a este Acuerdo como el Partido Comunista y las cabezas de la burocracia sindical, desde la CUT para abajo.

La «unidad» que reivindicamos no es la vieja cantinela concertacionista de unirse contra la Derecha. Tal razonamiento ha sido la base que explica la parálisis de la izquierda en al menos los últimos 30 años, porque en aras de tal unidad con la burguesía progresista (DC, PPD) se impide objetivamente la recomposición y la unificación de las filas de los trabajadores. En realidad quienes conspiran en contra de la unidad de los trabajadores, quienes dividen a la clase explotada, son quienes plantean como único itinerario posible ponernos como vagón de cola de la ex Concertación.

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Desde los organismos de base que se han ido desarrollando a partir del levantamiento, desde las asambleas, desde las ollas comunes y comités de cesantes, desde los sindicatos de base, desde estos espacios ha de forjarse la unidad y tal unidad es la independencia política de los trabajadores y esa su perspectiva de poder.

Hoy día prepararse para intervenir en el proceso eleccionario constituyente —elecciones de Convención Constitucional el próximo 11 de abril— significa reivindicar el programa político de quienes se levantaron en el octubre pasado. Significa hacer nuestras las reivindicaciones políticas y sociales que hicieron temblar el andamiaje institucional del gran empresariado, las multinacionales y el capital financiero. No+AFP, pleno empleo, sueldo mínimo de $500.000.-, juicio y castigo a Piñera y su Gobierno asesino, la libertad de los presos políticos y el gran reclamo de una Asamblea Constituyente desde las bases, son las banderas que levantamos para poner en pie listas de trabajadores, listas contra el régimen y su Acuerdo por la Paz y por un Gobierno de Trabajadores, sustentado en las asambleas de base, en democracia directa.

Llamamos a todos los compañeros a unirse a esta tarea titánica. Los llamamos a debatir sin sectarismos, porque todos serán bienvenidos, todos los que tengan disposición a luchar y tomar el camino revolucionario que se iluminara con el levantamiento popular. El proceso electoral no nos debe dividir. No nos puede dividir si es que somos capaces de formularlo no como una simple recolección de nombres y aparatos. La Convención Constitucional y sus 2/3 para aprobar las normas es una trampa creada que la hace totalmente inviable, esa convención debe ser echada abajo con movilización y lucha por una Asamblea Constituyente de verdad.

Compañeras, compañeros. Estas listas han de expresar un profundo proceso de discusión y de organización, un proceso que no terminará el día de las elecciones, sino que se activará con ellas, de forma de dar vida a un nuevo movimiento, a una nueva dirección política para nuestra clase. Ese es el desafío: la independencia y la unidad para la liberación de los explotados.

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Por Daniel Logotetti y Gustavo Burgos

 

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  1. Excelente idea organizar las fuerzas sociales para empezar a conocer nombres posibles para constituyentes y listas de personas disponibles para presentar esas listas donde corresponda.Debe pedirse al SERVEL ó autoridades que simplifiquen la manera de inscribir candidatos independientes
    como el disponer aceptación notarial “virtual” pagada por el Estado : son muchos los documentos que se pueden obtener con precisión por ese método.
    Si necesario , el parlamento ó “poder legislativo” puede emitir una ley que ayude a simplificar el proceso.

  2. Felipe Portales says:

    Creo que se equivocan rotundamente los autores del artículo al considerar que “toda elección en una sociedad capitalista es un fraude”. ¡Significa olvidar hasta nuestra propia historia! Las elecciones que tuvimos entre 1958 y 1973, sin cohecho ni acarreo de inquilinos y sin ninguna proscripción ideológica no fueron para nada un fraude. Concretamente las elecciones de Alessandri, Frei y Allende respondieron plenamente a la voluntad popular de los chilenos. ¡No tienen nada que ver con este grotesco fraude en que, dado el antidemocrático quórum de dos tercios, se establece en la práctica que 34 es lo mismo que 66. Y no será gratis entusiasmar a los trabajadores a participar en este fraude que ni siquiera lo conocen porque TODOS LOS GRANDES MEDIOS LO OCULTAN. De este modo, la inmensa mayoría ni sabe que la Convención constituyente será una pantomima de Asamblea Constituyente. Al entusiasmar IRRESPONSABLEMENTE a los trabajadores a creer en el fraude sólo estarán pavimentando un gigantesco desánimo colectivo que sobrevendrá al final del proceso cuando quede en evidencia que, dado el poder de veto de la derecha, saldrá una “nueva” Constitución al gusto de ella.

  3. Lo que más molesta de todo esto es la vuelta de chaqueta de Gustavo Burgos. Recuerdo con claridad cuando a fines de noviembre del anho pasado analizaban el Acuerdo con Cynthia Burgos y José Miguel Bonilla en un round de radio; el primero y la segunda enfatizaron varias veces que era una trampa, que no había que votar, mientras Bonilla hablaba de que “la gente quiere calma”, “el cuento no está tan avanzado”, etc. En el contexto de ese debate Gustavo Burgos recordó no haber votado en 1988, mientras Cynthia Burgos clarificaba que ella sí había votado “no” en esa oportunidad, pero que lo del 15 de nov de 2020 era distinto…7 meses después leemos a Gustavo Burgos calificando la no participación en el plebsicito de 1988 como “funcional a la derecha”, “alternativa legitimadora del régimen”, en artículos donde reclamaba que hoy existían “amplias ilusiones democráticas en las masas” para legitimar el Apruebo actual. Con el tiempo, y al enfrentarse al instinto de clase del activismo y la vanguardia que rechaza el plebiscito, la opción de no votar pasa a ser “táctica”, pero aún se sigue inventando eso de “amplias ilusiones democráticas en las masas”. Qué pasó en esos 7 meses con Gustavo Burgos? Rechazó su pasado clasista? Es que el PS Bonilla tira la línea en el portenho? Esto último es muy posible porque Iban de Rementería sigue firmando sus artículos como militante del PS en el portenho, y escribiendo artículos que legitiman al al cuestionado INDH de Micco, desde una tribuna que comparte con el ex estudiante de la universidad católica, excolumnista de Punto Final y actual rector de la Academia de Humanismo Cristiano, Álvaro Ramis.

    Y eso de “amplias ilusiones democráticas de las masas” es una vil mentira: a) la abstención ha sido muy alta desde hace décadas; b) el voto del plebiscito ciudadano que convocó el PC a hacia fines de anho tuvo menos votación que Pinhera en la ultima elección presidencial; c) el proceso de movilización estuvo en un reflujo desde el verano pasado, no porque la gente quisiera ir a votar y planteara una AC, sino por la pandemia, así de simple; d) eso dárselas de “auscultador del sentir de las masas”, en un contexto donde no existen partidos de clase ni organizaciones de base fuertes, es enervante. Se confía en las encuestas electorales que vienen fallando en sus pronósticos desde hace ya casi un lustro a lo largo de todo el mundo? No será más bien que se desea cultivar estas ilusiones democráticas en las masas, evitando hacer propaganda contra el acuerdo tramposo durante 10 meses, mismo acuerdo que se criticó en un comienzo? No será más bien que se desea cultivar estas ilusiones democráticas en las masas convirtiendo la máxima expresión de la democracia burguesa (una AC, motejada como “desde las bases” por no ser menos) en un soviet, confundiendo de manera chocante “democracia obrera” con “democracia burguesa”? No será más bien que se desea cultivar estas ilusiones democráticas en las masas evitando consignar al PS dentro de la burguesía progresista (solo a la DC y el PPD)? El PS es fue y sera la columna vertebral de la concertación, partido reaccionario anti-obrero, de variante neolibreal y además plagado de narcotraficantes (recuérdese La Pintana). Mientras Iban de Rementería siga tirando línea en el portenho, esta organización no podrá plantear una línea clasista, para lo cual es necesaria la destrucción política del PS patronal.

    Atte
    R.V.

  4. Marcos Guzman says:

    Bueno creo que si hay convención constituyente también es deber nuestro estar informados y opinar en todo ámbito ya sea en las redes sociales o en la calle para que se legisle de acuerdo a la expresión popular soberana.

  5. Felipe Portales says:

    Marcos: El gran problema será precisamente ese: No se va a poder hacer una nueva Constitución de acuerdo a la expresión popular soberana, porque con el antidemocrático e inmodificable quórum de los dos tercios -en los que 34 va a valer lo mismo que 66- va a primar el poder de veto de la derecha que de todas formas sacará lejos más de un tercio de los convencionales, como lo ha hecho siempre con los congresales desde 1990, con o sin sistema electoral binominal. Por tanto, todo el proceso constituye un gran engaño. Y lo peor será que si la gente se auto-engaña entusiasmándose con él, al final del proceso -cuando se den cuenta de que el “modelo chileno” seguirá igual- el desánimo será gigantesco y quizá durará por muchos años.

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