Crónicas de un país anormal Latinoamérica

¿Quién es Francisco Sagasti, el cuarto Presidente de Perú en menos de cuatro años?

Vivimos en un mundo azaroso y que se mueve con gran rapidez: los jóvenes, que se informan por las redes sociales, son las personas más capacitadas para dar cuenta de este cambio vertiginoso. El ahora ex Presidente, Manuel Merino, apenas duró seis días en el poder, y la nueva presidenta del Congreso, Rocío Silva Santisteban, duró un día, pues los congresales pactantes desistieron en su apoyo por el hecho de ser de izquierda. Perú estuvo casi dos días sin Presidente de la República y del Congreso, pero el pueblo no extrañó su ausencia.

A última hora del 16 de noviembre las bancadas decidieron lo único que parecía cuerdo: elegir una Mesa unicolor, perteneciente al Partido Morado, cuyos miembros en el Congreso habían votado en contra de la vacancia de Martín Vizcarra, además, por ser un Partido nuevo, no tenían ninguno de los sesenta y seis miembros que fueran acusados de delitos.

El Partido Morado es una colectividad que pretende ser centrista, que incluye algunos postulados progresistas, entre ellos, mostrarse a favor del matrimonio igualitario; su programa económico es obvio: apoya el reforzamiento de la demanda una vez terminada la pandemia.

El nominado Presidente, Francisco Sagasti, aunque no había militado en ningún partido político, tiene a su haber la fama de ser un estudioso de la realidad peruana y, además, colaborado con entidades internacionales, así como con gobiernos peruanos, pero sin perder su calidad de independiente.

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Una vez elegido presidente del Congreso salió a la calle tratando de dialogar con los manifestantes, tarea muy difícil dada la masiva concurrencia, y agravado por el desconocimiento, por parte de los manifestantes, de lo que venía de ocurrir en el Congreso: la nominación de la Mesa Morada, por 97 votos contra 26. Por su parte, Sagasti marcó un punto a su favor al identificarse con el pueblo, (diferenciarse de Merino, que se mantuvo en la sede del Congreso, y rechazado por la gente).

El Tribunal Constitucional, que se había reunido en las primeras horas de este lunes a fin de pretender dar solución a la caótica situación, sólo se limitó a informar que era válida la reclamación de revisión de la vacancia, presentada por el ex Presidente Vizcarra, por incapacidad moral permanente, contenida en el inciso 2 del artículo 113 de la Constitución dictatorial de Alberto Fujimori.

Las manifestaciones populares ya han cobrado 2 muertos, más de 100 heridos y un número indeterminado de desaparecidos. Los jóvenes Inti Sotelo y Brian Pintado Santos, asesinados por la brutalidad policial, se han convertido en héroes en el imaginario popular: el movimiento juvenil no se conforma con cambios superficiales, sino que exigen la convocatoria a una Asamblea Constituyente que refunde la República, (en este plano, la rebelión peruana se ha convertido en una réplica del 18-0 chileno).

Las policías colombiana, ecuatoriana, peruana y chilena, han demostrado su incapacidad para asegurar el orden público, proteger a la ciudadanía y aplicar la ley, ceñida en forma irrestricta al respeto de los derechos humanos. A su vez, la autoridad política de estos países no responde a la acusación de su culpabilidad respecto a la violación de los derechos humanos, al contrario, siempre protegen a sus policías, convertidas en guardias pretorianas, y que se sienten libres de cegar vidas humanas o de mutilar, violar o torturar, especialmente a los jóvenes.

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En Chile, más de dos mil querellas duermen el sueño de los justos, y la mitad de las causas aún no han sido resueltas por la fiscalía. La acusación constitucional contra las autoridades de gobierno no es lo mismo que la responsabilidad penal y, aun así, por ejemplo, el ex ministro del Interior, Víctor Pérez Varela, se libró de la acusación al ser absuelto en el Senado. (Al menos, los juicios de residencia coloniales eran más severos con los gobernadores, ´véase el caso Meneses´).

En Perú parece que la fiscalía está decidida a iniciar investigaciones en contra del ex Presidente, Manuel Merino, del Primer Ministro, Antero Flórez Aráoz y del ministro del Interior, y de algunos oficiales de la policía, acusados de graves delitos de atropellos a los derechos humanos. En Colombia, el Presidente, Iván Duque, y el ministro del Interior, Carlos Holmes Trujillo, al preguntárseles por las acusaciones de aleves asesinatos de líderes sociales y de derechos humanos, responden que el gobierno no tiene nada que ver en estos asuntos, pues los “atribuyen a mafias” que se destruyen entre ellas mismas, (como dirían Pinochet y sus secuaces al ser interrogados por la Prensa). En Bolivia, el ex ministro de Gobernación, Arturo Murillo, se ha fugado a Panamá ante la inminente orden de arresto por parte de la justicia boliviana.

Hoy asume el nuevo Presidente peruano, Francisco Sagasti, y como el problema de la corrupción no es sólo individual, sino generalizado y estructural, vendrán muchos días grises en Perú antes de ver el resurgir la democracia.

Rafael Luis Gumucio Rivas (El Viejo)

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17/11/2020

 

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