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Documentos ocultos de la Historia: Exposición de Alejandro Foxley contra el modelo neoliberal en 1984, a nombre del PDC

El PDC, a través de una labor de años que culminó en dos seminarios de centenares de profesionales y dirigentes sociales efectuados en 1983 y 1984, generó un voluminoso conjunto de diagnósticos muy críticos de la obra de la dictadura, y de detalladas propuestas de sustitución de aquella (“Proyecto Alternativo”) que “se olvidaron” completamente a partir de 1990. El expositor principal de la síntesis de todas las propuestas fue Alejandro Foxley. Aquí se transcriben extractos de ella, de la publicación de cuatro tomos que totalizaron más de mil páginas.

 

 

TEXTO

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“El proyecto de transformación económica y social (de la dictadura) se inspira en ideas extranjeras que buscan convertir al hombre en un consumidor y a la sociedad en un gran mercado. Se trata de un proyecto neoliberal. De acuerdo a este modelo de sociedad, las relaciones entre los individuos estarán reguladas a través de su intercambio mercantil. El anonimato del mercado diluirá los conflictos. El ‘dulce comercio’ temperará las pasiones. La ‘mano invisible’ administrará con generosa equidad los recursos escasos. Se nos dice: en este mundo todo tiene su precio. Incluso los derechos individuales son transables en un mercado (…)

El proyecto concibe un conjunto de ´modernizaciones’, a través de las cuales se asegurará el imperio del mercado y de los ‘precios’ en la educación, en la salud, en la previsión y hasta en la justicia. Se abre la economía abruptamente al exterior, como definitiva e ingenua prueba de nuestra seriedad libre-mercadista. Se entregan los bienes del Estado a unos pocos privilegiados a bajo precio. Se les concede a éstos el derecho a endeudarse sin límites, hasta que terminan hipotecando el futuro del país por una década. En suma, se da libre uso al libertinaje económico, mientras se suprimen al mismo tiempo todas las otras libertades.

Todo esto se hace en nombre del mayor beneficio para el consumidor. Este, luego de breve disfrute de bienes importados, termina convertido en un cesante o en un trabajador aterrado de perder su trabajo y lleno de temores hacia el futuro. Se crea una pequeña casta de privilegiados. Estos concentran en sus manos el patrimonio como nunca antes en el país. Se impone un estilo de desarrollo excluyente y concentrador (…)

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La gente termina hastiada, vejada, desconfiando de todo y con poca esperanza. Se desconfía de las nuevas medidas que rectifican errores anteriores. De las autoridades que las proponen y del régimen que sustenta tan fracasado orden de cosas (…)

Ha llegado la hora de mirar hacia adelante y con un nuevo ánimo (…) Se trata de detenerse y de situarse en la perspectiva de la superación de los enormes problemas que afectan a los chilenos hoy día. A esta reflexión de futuro invitamos. Lo hacemos desde nuestra perspectiva, que es la del humanismo cristiano. En él nos inspiramos, en cuánto imagen de la sociedad futura y como guía de nuestra acción política hoy. Lo dijo Frei: ‘Construir el camino hacia una nueva forma de sociedad de auténtico sentido humanista, en la que el hombre tenga una verdadera participación, es la única alternativa para América Latina’. Proponemos, con Frei, crear ‘una organización política y social que haga del hombre un ser íntegramente libre. Que se cree una sociedad en que los valores humanos sean respetados en todas sus formas de expresión, y en que el hombre alcanzará su máxima libertad y bienestar en la medida de su cada vez mayor participación en el destino social’. Es desde esta perspectiva que hoy reafirmamos nuestras convicciones y los valores que impregnan nuestra propuesta programática (…)

Defendemos la dignidad superior del ser humano y la profunda e intransable dignidad de nuestro pueblo. Su derecho a una vida más digna y menos precaria. A vivir en una sociedad más justa y menos arbitraria (…) Pensamos que una vida digna no depende tanto del acceso al consumo sofisticado, como de las posibilidades de satisfacer necesidades básicas, de tener acceso a la educación y la salud, de disfrutar de un entorno físico que permita desarrollar la vida en comunidad, de la capacidad de las personas de convivir en paz.

 

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Porque somos humanistas y cristianos, reivindicamos la solidaridad como una fuerza motivadora de los hombres y de la sociedad que deseamos. No creemos posible basar la vida de un país como el nuestro, con su insuficiente desarrollo, con su heterogeneidad y pobreza, con sus lacras sociales, en el lucro como único motor de su historia y de su futuro.

 

El lucro como principio absoluto nos es ajeno (…) La solidaridad constituye una fuerza liberadora del hombre y forjadora de un destino común (…) Planteamos la primacía del trabajo productivo, por sobre el mercantilismo y la especulación financiera, como factor fundamental en la creación económica, social y cultural del país. El trabajo constituye el núcleo de nuestro proyecto de desarrollo. Trabajo y solidaridad son los valores fundamentales que quisiéramos regularan la vida económica del país en su difícil futuro (…)

Igualmente afirmamos que es nuestra convicción que sin una conducción del proceso de desarrollo por parte del Estado, no será posible movilizar y coordinar las energías creadoras del país en torno a las tareas prioritarias. La experiencia devastadoramente negativa (…) de laissez-faire es suficientemente elocuente como para ser ignorada. Se trata, pues, de que el Estado provea una visión del desarrollo posible para el país, de su perfil productivo, de su modo de inserción internacional, del potencial de sus regiones, de sus necesidades más urgentes. Se trata también de que el Estado movilice energías y talento creativo nacional, encuéntrese donde se encuentre, y coordine los varios esfuerzos en pos del logro de las metas que la propia comunidad nacional democráticamente se proponga. Ese Estado tiene también que cautelar permanentemente los intereses de la comunidad nacional, impidiendo los abusos, las arbitrariedades, las ganancias ilícitas y el uso abusivo del poder (…)

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No puede tampoco el Estado renunciar a su papel de garante de la soberanía nacional efectiva, no sólo cuidando las fronteras, pero tomando un papel activo en la defensa de nuestros recursos naturales, en la obtención de condiciones equitativas en nuestro intercambio económico con el exterior, y en la reafirmación de nuestra voluntad soberana ante los intentos de dictarnos cómo conducir nuestra economía por parte de organismos que vocean las mismas recetas que ya han fracasado estrepitosamente en este país y en otros países vecinos.

El Estado debe, finalmente, comprometer solidariamente al país en la tarea de eliminar las lacras de la miseria que aflige a una enorme masa de chilenos. El Estado debe motivar a la población, educarla en la solidaridad. Darle tareas a la gente que contribuya desde su trabajo o desde su situación de vida a resolver los problemas que más nos avergüenzan como nación: la pobreza extrema, la cesantía crónica, la inseguridad en la satisfacción de las necesidades básicas de educación, de cuidado de la salud, de un techo bajo el cual vivir. Chile tendrá que ser profundamente solidario en los años que vienen o difícilmente tendrá viabilidad como nación (…)

El papel del Estado deberá ser el de activar la vida del país, liberando sus energías creadoras. Animando sus regiones, sus comunidades locales, los grupos de base, las libres asociaciones de productores, consumidores o de simples ciudadanos que comparten intereses o fines en común. El rol del Estado será promover la libre expresión de las energías sociales y de los cuerpos intermedios, creando una verdadera red de organizaciones y agrupaciones civiles que den sustento real a una convivencia democrática pluralista (…) Se descentralizará y difundirá el poder, los recursos y las decisiones a los planos más cercanos al individuo posibles, a sus problemas concretos, a sus necesidades (…) La acción del Estado tendrá, por tanto, un profundo sentido democratizador de la sociedad. Procurará convertir a todo el territorio de la nación en una expresión de las iniciativas creadoras que para la resolución de sus problemas cada comunidad u organización quiera darse. Se trata de erradicar de raíz el estatismo centralizador que asfixia a un país, así como de evitar el resurgimiento del anarquismo individualista y utilitario del neoliberalismo (…)

El desarrollo que proponemos garantiza una pluralidad de formas de propiedad. Considera la propiedad privada como una forma legítima y necesaria que afianza la seguridad de las personas en cuanto a su capacidad de satisfacer sus necesidades, y que estimula la creatividad y la innovación empresarial, ayudando así a promover el mayor desarrollo del país. Estas energías creadoras deben ser estimuladas. El país las necesita.

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No buscaremos, por lo tanto, reemplazar a la propiedad privada sino a garantizarla. Reservamos sí un espacio para la propiedad pública, las empresas mixtas, las asociaciones cooperativas de productores y las empresas de trabajadores, en la medida que estas otras formas de propiedad sean necesarias para un desarrollo nacional más dinámico y más democrático.

Por otra parte, no nos parece que concentraciones abusivas de propiedad como las observadas en el pasado reciente de Chile sean compatibles con la reconstrucción democrática. No es posible aceptar que el poder de (…) grupos económicos llegue a amagar al poder del Estado en áreas críticas de la política económica, así como a influir tan significativamente en otras esferas de la vida pública, como en el plano cultural y de los medios de comunicación. La abusiva concentración de poder económico (…) no la consideramos compatible con una democracia sana y estable.

Finalmente, nuestra concepción descansa en una visión ética del desarrollo. Nos interesa educar en una ética del trabajo, del ahorro, valorar el esfuerzo de la comunidad nacional. Deseamos desarrollar una ética de austeridad en el consumo. Nos parece escandaloso el despilfarro y el lujo agresivo en una sociedad tan desigual como la nuestra. El exhibicionismo consumista debilita a la sociedad, la hace menos cohesionada, convierte la solidaridad en una palabra hueca. Quisiéramos ver una ética de hacer las cosas bien, de valorar lo que se crea como fruto de la inteligencia y de la creatividad nacional. Se hace necesaria una respuesta en el plano ético a todas las deformaciones extranjerizantes que se le han impuesto al país en años recientes”.

 

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