Opinión política

Piñera presidente de Chile: A desmontar una falacia

“Cuando el usurero quiere legitimar su actividad, funda un banco”.

Dionisio Albarrán  

 

Infinidad de cronistas y columnistas de medios de prensa, aseguran que Sebastián Piñera es el peor presidente que ha tenido Chile. A la opinión casi generalizada, se une ahora, la mayoría de los chilenos. ¿Puede ser llamado presidente, si nunca lo ha sido? Quienes lo apoyan, aseguran que fue elegido en votaciones libres, informadas, transparentes y observadas por organismos internacionales. Todo en regla y así se garantiza su actual designación. Sin embargo, asumió el mando y el mismo día, empezó a gobernar para sí mismo. Lo cual se puede denominar desenfrenada egolatría, vanidad, amor al poder o ansias de inmortalidad.

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En su primera administración (2010-2014) tuvo al menos el decoro de incorporar en el saqueo a sus amigos y adláteres, encargados de adularlo. Un círculo de hierro, ávido de enriquecerse al amparo de la especulación. Ahí, surgió una cofradía a la usanza de los corsarios, encargados de dominar los océanos y mares de la tierra. Los corsarios de antaño, al menos tenían patente y trabajaban para la monarquía de sus países. ¿Existe actividad más digna, segura y lucrativa que servir a su Majestad Imperial?

Sebastián Piñera, tiene sabiduría especulativa, pasión por enriquecerse y el olfato donde poner los huevos. En su oportunidad, supo escabullirse de la justicia, lo cual es meritorio y le permitió ascender en la escala social. Premio a quien sabe guarecerse, cuando llueve a chuzos. Meses después de ser electo presidente por primera vez, al recibir críticas del círculo íntimo que lo apoyaba y se sentía abandonado, decidió incorporarlos a la desenfrenada rapiña, donde los comensales son los mismos de siempre. Conocidas langostas apátridas, descendientes de las siete plagas de Egipto, exigían prebendas. Ahora, Piñera, por razones financieras en la actual administración, marcada por la pandemia, redujo su generosidad empresaria. Desea ascender en solitario. Y no pocos seguidores que lo adulaban y apoyaban su causa engullidora de termitas, le dieron las espaldas.

Visto a la distancia, se transforma en un presidente obsesionado por enriquecerse. Día a día, en solitario se ceba en el comedero oficial. Ha sido un mandatario ausente, alejado de la realidad, ególatra, centrado en hacer engordar su patrimonio. Y lo ha conseguido, utilizando engañifas, convirtiéndose junto a su familia, en la segunda o tercera fortuna del país. Desde luego, burlando las reglas del mercado —frágiles y permisivas por lo demás— y así alcanzar un sitio de privilegio. Bien puede conseguir el primer puesto entre los magnates del país, aun cuando el tiempo puede fallarle. Luego de analizarse las variables, no es presidente en ningún caso, sino empresario. En nuestra historia, hubo otros mandatarios que poseían fortuna y supieron acrecentarla al amparo de la presidencia. Utilizaban el decoro, aquella mesura de caballero proveniente de familias patricias. Nada de robar sin control a la luz del día, lo cual ahora se estila.

De insistir que Sebastián Piñera es el actual presidente de Chile, lo es en realidad por ley, aunque la ley la escribieron sus amigotes, vinculados a las elites empresariales. Quienes, durante la dictadura cívico-militar, en un rifa de beneficencia que se realizó entre camaradas pinochetistas, se apropiaron de las empresas del Estado. Ellos y ahora su ilustre mentor y promotor de sí mismo, jamás satisfechos, acostumbrados a enriquecerse en las crisis, sean guerras, catástrofes o pandemias, saben que es la época por excelencia, donde más se especula.

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Este mes en la Patagonia chilena, se hallaron restos fósiles de un nuevo mamífero de la era de los dinosaurios. Datan entre 74 a 72 millones de años. Se trata de una mandíbula con 5 dientes y un diente molar del maxilar, capaz de engullir un cordero de una sola dentellada. Serían los antepasados directos de nuestra prestigiosa oligarquía depredadora. Nunca los imperios se han construido y enriquecido, mientras reina la paz.

 

Por Walter Garib

 

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Escritor

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